11 de agosto
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A FONDO-Ventas de combustible de EEUU a empresas privadas cubanas ofrecen un vistazo al capitalismo en La Habana
Por Laura Gottesdiener, Ayose Naranjo y Stefanie Eschenbacher
La gasolina a 38 dólares el galón se vende desde pequeños apartamentos. El diésel se promociona en Instagram por una modelo famosa al ritmo de reguetón. Seis décadas después de la revolución de Fidel Castro, están empezando a aparecer grietas capitalistas en el sector energético comunista de Cuba.
Bajo el asfixiante embargo petrolero impuesto por Washington a Cuba, una excepción poco conocida que permite a empresas estadounidenses exportar combustible a negocios privados cubanos ha puesto en marcha un caótico mercado negro y ha destapado un sector energético estrechamente controlado por el Estado desde que Dwight Eisenhower ocupaba la Casa Blanca.
Los envíos de petróleo de los proveedores tradicionales de Cuba, Venezuela y México, terminaron abruptamente después de que Estados Unidos derrocara al presidente venezolano Nicolás Maduro en enero. Buques de la Guardia Costera estadounidense patrullan las aguas cercanas a Cuba, mientras que las sanciones y amenazas han disuadido a tanqueros incluso de zarpar.
El embargo ha lastrado servicios estatales esenciales como el sistema de salud, el transporte público y las escuelas. Pero gracias a esta excepción, un goteo de gasolina y diésel está llegando a restaurantes, comercios y taxis privados, constituyendo las primeras llegadas significativas de combustible estadounidense a la isla caribeña desde que Castro nacionalizó las refinerías tras la revolución de 1959.
Reuters no pudo determinar qué empresas estadounidenses están enviando combustible a Cuba, pero no hay indicios de que participen las grandes comercializadoras petroleras.
Aunque proporciona cierto alivio, el nuevo sistema está profundizando las desigualdades económicas. Una tarde reciente de julio en La Habana, Amarilis Sánchez, de 53 años, esperaba desde hacía horas en una parada de autobús. Había ido a celebrar el cumpleaños de su hija, pero ya tenía poca fe en que llegara alguna vez el autobús para regresar a casa, que normalmente cuesta dos pesos cubanos (equivalentes a unos 0.30 dólares).
Al otro lado de la calle, decenas de taxistas se apoyaban en autos antiguos. Ismael Coutiño, uno de ellos, dijo que podía llevar a Sánchez, pero que el viaje costaría 1,000 pesos, es decir, 500 veces más que el autobús, debido al precio de la gasolina y el diésel en el mercado negro, combustibles con los que funcionan muchos vehículos cubanos.
Para Sánchez, que no tiene empleo remunerado, esa opción era inalcanzable. Dijo que pensaba quedarse allí hasta que oscureciera y, si el autobús nunca llegaba, dormir en casa de su hija y volver a intentarlo al día siguiente.
NEGOCIOS EN LA SOMBRA Y ANUNCIOS EN REDES SOCIALES
Aunque suficiente apenas para cubrir las necesidades energéticas del país durante unos nueve días, los 900,000 barriles de combustible estadounidense importados entre febrero y mayo han abierto la puerta a cambios importantes.
Cuando la red eléctrica nacional colapsó poco antes de las 11 de la noche de un domingo de este mes, La Habana quedó sumida en la oscuridad. Pero algunos restaurantes y tiendas permanecieron iluminados gracias a generadores alimentados con combustible importado. A plena vista ha florecido un dinámico mercado de reventa.
Otro día, en una tienda de conveniencia del centro de La Habana abastecida con refrescos, cerveza y galletas, los clientes jugaban billar en una mesa situada junto a la entrada. En el amplio almacén trasero, la propietaria guardaba otro producto: una docena de bidones de 20 litros de gasolina, que vende a cinco dólares por litro (19 dólares por galón).
En un edificio cercano, un hombre que anuncia gasolina en Facebook la almacena en su pequeño apartamento pese a los riesgos de incendio, explosiones y gases tóxicos. También se han multiplicado los grupos de WhatsApp dedicados a la venta ilegal de combustible.
Los precios del mercado negro alcanzaron esta primavera los 10 dólares por litro (38 dólares por galón), antes de moderarse a medida que crecían las importaciones.
Con el objetivo de evitar la parálisis provocada por el bloqueo petrolero, el Gobierno autorizó por primera vez en febrero que empresas privadas importaran combustible para uso propio.
En junio, los legisladores cubanos aprobaron un amplio paquete de reformas económicas destinado a abrir el sector energético a inversionistas privados y extranjeros. Aunque el paquete aún no se ha implementado en su totalidad, a finales de julio casi 200 empresas cubanas habían recibido autorización para distribuir combustible al por mayor a otras compañías privadas.
En un anuncio viral en redes sociales de una de estas empresas, una modelo conocida por haber sido pareja de un famoso artista cubano de reguetón desfila por un almacén lleno de contenedores industriales de diésel mientras suena de fondo el éxito "Gasolina" de Daddy Yankee.
Un portavoz de la empresa responsable del anuncio, A Granel, dijo que únicamente vende a otras empresas privadas registradas. Cobra 2.50 dólares por litro por un tanque de 940 litros.
¿LAS GASOLINERAS DE CUBA, EN JUEGO?
Más significativo aún, Cuba ha aprobado la primera inversión extranjera dedicada a importar y vender combustible en la isla, dijo a finales de julio el primer ministro Manuel Marrero Cruz. No identificó a la empresa involucrada.
La legislación cubana restringe la reventa de combustible importado sin autorización explícita. Pese a las reformas, que indican que las empresas privadas podrían pronto operar algunas de las características gasolineras rojas y verdes de Cupet, el Gobierno aún no ha autorizado ventas minoristas.
Algunas estaciones de servicio estatales almacenan ya combustible estadounidense que solo pueden suministrar a vehículos registrados a nombre de determinadas empresas privadas, dijo Oniel Díaz, fundador de la consultora habanera Auge.
Las autoridades cubanas no respondieron a solicitudes de comentarios. El 29 de julio, el presidente Miguel Díaz-Canel denunció lo que calificó como el "asedio genocida" de Washington contra la isla. Las reformas económicas no fueron concebidas para complacer a Estados Unidos, afirmó, prometiendo que no habrá una "privatización masiva de los activos nacionales".
En respuesta a preguntas de Reuters, el portavoz del Departamento de Estado Tommy Pigott dijo que Washington reconoce "las importantes necesidades humanitarias" de los cubanos, al tiempo que acusó a funcionarios cubanos de incompetencia y de desviar recursos, sin presentar pruebas.
Añadió que empresas privadas, organizaciones no gubernamentales y misiones diplomáticas pueden importar combustible y efectivamente lo hacen, en su mayoría desde Estados Unidos, pero no respondió a preguntas sobre si esas importaciones han influido en el mercado negro cubano y en los elevados precios.
Con un salario estatal promedio de apenas unos 10 dólares al mes (equivalentes a cerca de 6,700 pesos cubanos), el combustible importado está fuera del alcance de la inmensa mayoría de los nueve millones de habitantes de la isla.
Sin embargo, el mercado negro permite a algunos cubanos mantener combustible en sus vehículos y generadores domésticos, amortiguando el impacto del colapso del transporte público, los apagones recurrentes y, al alimentar bombas de agua domésticas, el deteriorado sistema de distribución de agua del país.
El combustible vendido abiertamente en el mercado negro viola la legislación cubana y plantea riesgos de cumplimiento bajo las normas estadounidenses de exportación, que estipulan que el combustible debe ser utilizado por el sector privado y no puede terminar en manos del gobierno cubano.
"Sobre el papel parece muy bien, pero no existe ningún monitoreo para saber si las personas cumplen realmente con esas restricciones", dijo Jorge Piñón, exejecutivo petrolero y experto en energía cubana de la Universidad de Texas en Austin.
Reuters no pudo determinar qué cantidad del combustible estadounidense termina en el mercado negro, ni encontró evidencia de que hubiera acabado en manos de funcionarios cubanos o entidades gubernamentales sancionadas.
Otros países, incluidos México y Panamá, también han exportado pequeñas cantidades de combustible al sector privado cubano en los últimos meses, añadió Díaz.
EL ESTADO CONTROLA PUERTOS Y GASOLINERAS
Actualmente, el combustible estadounidense destinado a compradores privados debe pasar por el puerto estatal y por tanques de almacenamiento controlados por entidades sancionadas por Estados Unidos.
Según Díaz, las empresas privadas cubanas firman contratos de servicios con esas entidades para utilizar la infraestructura estatal, pagando alrededor de 11 centavos de dólar por litro. Reuters no encontró evidencia de que el combustible sea desviado durante ese proceso.
Aun así, las grandes compañías estadounidenses siguen siendo reacias a involucrarse en el envío de combustible a Cuba debido a la complejidad del régimen de sanciones, afirmó Jeremy Paner, exinvestigador del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y actual asesor de empresas.
Cuba asegura que continuará flexibilizando restricciones y facilitando la inversión privada, aunque no está claro hasta dónde llegarán las reformas.
Para Mayra Espina, socióloga cubana especializada en pobreza, los pequeños volúmenes de combustible estadounidense, además de costosos, ni remotamente compensan las cantidades que dejan de llegar a Cuba como consecuencia del embargo impuesto por Donald Trump.
"Al menos ha permitido que el país no se pare completamente", dijo. Pero para la inmensa mayoría de los cubanos que dependen de los servicios públicos, este nuevo escenario "está aumentando y fortaleciendo las desigualdades", añadió.
(Reporte de Laura Gottesdiener y Ayose Naranjo en La Habana, Stefanie Eschenbacher en Ciudad de México. Editada por Adriana Barrera)