10 de abril
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La economía devastada de Irán hace que cualquier éxito en la guerra pueda ser efímero
Por Parisa Hafezi y Angus McDowall
DUBÁI, 8 abr (Reuters) - Las autoridades iraníes consideran la tregua con Estados Unidos e Israel como una victoria estratégica, pero salen de ella maltrechas y aisladas, con una economía en ruinas, pocas perspectivas de una rápida recuperación y una población empobrecida y amargada.
Tras semanas de ataques estadounidenses e israelíes, muchos iraníes han perdido sus empleos. Los precios se han disparado. Se han destruido fábricas, centrales eléctricas, ferrocarriles, aeropuertos y puentes. Y se ha roto la crucial relación comercial con los estados del golfo Pérsico, quizá durante décadas.
Aunque Irán parece envalentonado en la escena regional tras ejercer su control sobre suministros energéticos cruciales, se enfrenta a crecientes problemas internos que, en última instancia, podrían suponer una amenaza mayor para la república islámica que las bombas israelíes o estadounidenses.
NECESIDAD DE ALIVIO DE LAS SANCIONES
En entrevistas con expertos políticos iraníes, empresarios y analistas, Reuters ha descrito un país al borde del colapso económico, con unos líderes temerosos de un futuro más pobre e incierto.
Siempre acechando en el fondo está la amenaza de otra oleada de protestas callejeras a nivel nacional como las que estallaron en enero y que las autoridades acabaron sofocando matando a miles de personas —un número de víctimas superior al que Irán sufrió durante la guerra—.
La ansiedad de que una economía en ruinas pueda desencadenar nuevas oleadas de protestas acecha cada decisión del Gobierno, según un exfuncionario reformista, mientras que un informante político cercano a la cúpula dirigente iraní afirmó que los funcionarios consideran la economía como el talón de Aquiles del país.
Cualquier acuerdo de paz integral tendría que levantar las sanciones internacionales y liberar los fondos congelados; de lo contrario, las autoridades se enfrentarían a graves dificultades incluso para cumplir con las obligaciones salariales, por no hablar de reparar las infraestructuras dañadas, señaló la fuente. Esto acabaría poniendo en duda la capacidad de los dirigentes para gobernar un país de 90 millones de personas, añadió.
"No podemos ver realmente el alcance de los daños y las repercusiones dentro de Irán. Pero desde cualquier punto de vista es un fiasco para Irán: no hay dinero y la infraestructura está destrozada", afirmó Ali Ansari, profesor de Historia en la Universidad de St Andrews.
"Cerrar el estrecho de Ormuz era la opción de último recurso y el hecho de que lo hayan hecho demuestra que están desesperados. Es un rendimiento decreciente porque el costo para Irán a medio y largo plazo va a ser absolutamente enorme", añadió.
Arash, propietario de una pequeña fábrica de ropa en la ciudad norteña de Tabriz, dijo que se vio obligado a detener la producción, dejando temporalmente sin trabajo a sus 12 empleados. "Ni siquiera ahora sé cuándo podré reabrir. Todo depende de cuándo termine realmente esto", señaló.
INDUSTRIAS GOLPEADAS
Un funcionario iraní señaló que la magnitud de los daños implica que las principales instalaciones industriales que impulsan la economía tardarán meses o años en repararse y que el país "se enfrentará a una catástrofe" si no se levantan las sanciones.
Los daños en fábricas y otras instalaciones industriales han provocado una reacción en cadena, obligando a decenas de otras empresas que dependen de las principales instalaciones a detener su propia actividad, lo que ha dejado sin trabajo a muchos miles de personas, añadió el funcionario.
Los ataques han tenido como objetivo las instalaciones de producción iraníes en el yacimiento de gas de South Pars, cuya construcción costó miles de millones de dólares. Otros ataques han afectado a sus principales productores petroquímicos.
Los informes de la prensa iraní han documentado paros en las gigantescas acerías de Juzestán e Isfahán, con miles de trabajadores afectados en cada planta, así como cierres en zonas industriales de la costa del golfo Pérsico afectadas por cortes en las centrales eléctricas.
Incluso si la industria iraní puede reactivarse, las relaciones críticas se han visto envenenadas por el hecho de que Teherán haya apuntado a los países vecinos durante la guerra.
Emiratos Árabes Unidos, en particular, era importante para las relaciones económicas de Irán con el mundo exterior.
Un funcionario emiratí afirmó que es posible que las relaciones entre Irán y los estados del golfo Pérsico puedan recuperarse con el tiempo, ya que seguirán siendo vecinos. Sin embargo, los ataques iraníes crearon "una enorme brecha de confianza que, en mi opinión, perdurará durante décadas", añadió el funcionario.
Un empresario iraní afincado en Dubái, el mayor centro económico internacional de la región, afirmó que iba a trasladar su negocio de importación y exportación a Omán.
AUMENTA LA FRUSTRACIÓN POPULAR
El Gobierno de Irán no ha publicado nuevos datos económicos desde que comenzó la guerra y la dificultad para informar desde el interior del país hace que sea difícil definir un balance exhaustivo de los problemas económicos.
Umud Shokri, investigador visitante sénior de la Universidad George Mason, afirmó que las sanciones, la inflación, la depreciación de la moneda, la mala gestión y la escasez de energía ya habían debilitado enormemente la economía antes de que se sumaran los daños de la guerra.
Shokri señaló que algunas estimaciones sugieren que la guerra podría provocar una contracción de la economía del 10% este año y que cualquier impacto positivo derivado de los altos precios del petróleo o de las redes de evasión de sanciones probablemente beneficiaría a las entidades vinculadas al Estado más que a la población en general.
"Aunque las cifras exactas varían, millones de personas están sufriendo pérdidas de empleo, reducciones de ingresos o cierres de negocios", dijo Shokri.
En las calles, el ruido de fondo de la economía aún no es ensordecedor. Los residentes de Teherán y otras ciudades afirmaron que no hay escasez de productos, mientras que los mercados, las tiendas, muchos negocios, los bancos y las oficinas gubernamentales funcionan con normalidad.
Sin embargo, describieron un aumento de los precios —en algunos casos de alrededor del 40% desde que comenzó la guerra— y una reticencia a comprar nada que no fuera de primera necesidad; una propietaria de una galería de arte de la capital afirmó que su negocio está "prácticamente muerto".
Otra fuente iraní de alto rango señaló que se celebraron varias reuniones de alto nivel dedicadas a mantener la economía en funcionamiento con recursos limitados y que una tregua, y la perspectiva de un alto el fuego a más largo plazo, podrían dar más margen de maniobra al gasto público.
Desde que comenzó la guerra, el Estado iraní ya ha subvencionado a las personas que se vieron obligadas a huir de sus hogares, además de destinar fondos a reparaciones urgentes de infraestructuras cruciales.
Sin embargo, el fin del conflicto también significaría que la gente empezaría a mostrarse más impaciente con las autoridades de lo que lo estaba cuando caían las bombas, añadió la fuente iraní de alto rango.
(Reporte adicional de las oficinas de Reuters; escrito por Angus McDowall; editado en español por Carlos Serrano)