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La tecnología inteligente ayuda a garantizar la seguridad de personas mayores de Roma

Por Alvise Armellini y Veronica Altimari ROMA, 28 jun (Reuters) - Dina Gazzella, una viuda romana de ‌85 años, ya no tiene compañía en casa desde que perdió a su marido en 2023...

Publicado el 28 de junio de 2026 a las 11:11

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Por Alvise Armellini y Veronica Altimari

ROMA, 28 jun (Reuters) - Dina Gazzella, una viuda romana de ‌85 años, ya no tiene compañía en casa desde que perdió a su marido en 2023 y a su gato un año después.

Pero, gracias a la ​tecnología inteligente, no está sola.

Un equipo de trabajadores sociales la supervisa a distancia mediante una pulsera electrónica que controla su frecuencia cardíaca y sus patrones de sueño, y le permite pedir ayuda en caso de emergencia.

El dispositivo forma parte de un plan de apoyo a las personas mayores de 400 millones de ​euros (456 millones de dólares), puesto en marcha el año pasado por el Ayuntamiento de Roma con fondos de la UE para la recuperación tras el COVID-19, que actualmente da cobertura a unas 700 personas.

Las ​autoridades locales elogian el dispositivo como una herramienta clave de prevención sanitaria, especialmente ⁠en medio de la mortífera ola de calor que azota Europa, y que ha hecho que las temperaturas en Roma alcancen los 30 ‌grados.

"La pulsera es fundamental para las personas mayores en este periodo de calor, sobre todo porque les baja la presión arterial, su frecuencia cardíaca es ligeramente inferior a la normal y realmente lo pasan mal", explicó la psicóloga clínica Piera Pomente.

La ​pulsera de plástico negro, que se lleva como un reloj, ‌incluye sensores de movimiento capaces de detectar caídas accidentales al tiempo que realiza un seguimiento constante de ⁠los movimientos de Gazzella, tanto dentro como fuera de su casa, situada en las afueras del este de la capital italiana.

"Si me encuentro mal, esto me salva la vida", dijo Gazzella a Reuters.

TRANQUILIDAD

La octogenaria parecía llena de energía mientras se entretenía en su departamento, mostrando fotos de sus nietos, preparando café espresso ⁠y hablando con entusiasmo de la ‌visita que había hecho el día anterior a un búnker de la Segunda Guerra Mundial con un grupo de la ⁠comunidad local.

Afirmó que la pulsera le daba tranquilidad.

"Me convencieron (para que me la pusiera) porque me dijeron que era necesario, ya que estoy sola en casa y, ‌si ocurre algo, si me caigo, nadie vendrá a ayudarme; en cambio, esto emite un pitido y alguien vendrá".

La psicóloga Pomente coordina ⁠un servicio de atención para el programa de pulseras en la farmacia local, donde ella y su equipo ⁠tramitan las solicitudes de inscripción y ‌supervisan los datos de los suscriptores a través de una pantalla de computador.

La pulsera es gratuita, pero algunas personas tienen reservas debido a cuestiones de privacidad. ​De las 70 personas que se inscribieron inicialmente en la farmacia, solo unas ‌45 siguen en el programa, señaló Pomente, quien añadió que esperaba recuperarlas.

"No es como si espiáramos el interior de sus casas con cámaras", dijo.

Su equipo trabaja de lunes a viernes, de ​8.30 a 19.00, mientras que los fines de semana y por la noche las notificaciones de las pulseras se envían a los familiares a través de una aplicación móvil.

Durante el último año, Pomente se ha enfrentado a dos emergencias —un hombre que se cayó en la calle y otro que se ⁠resbaló de su silla de ruedas en casa— y ambas se resolvieron avisando a los familiares, que acudieron al rescate.

En los días normales, se trata más bien de charlar un rato.

Como parte del servicio que ofrece el ayuntamiento, los trabajadores sociales llaman a diario para comprobar que las personas han tomado sus medicamentos, para preguntarles si están soportando bien el calor o, simplemente, para ofrecerles alguien con quien hablar si se sienten aburridos o solos.

"Se trata de ayudarles a compartir su día a día, sus emociones y el calor excesivo", explicó Pomente.

(1 dólar = 0,8770 euros)

(Reporte de Alvise Armellini y Veronica Altimari; edición de ​Ros Russell; Editado en Español por Ricardo Figueroa)

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