22 de octubre
Actualizado: hoy a las 10:26 am
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Mantarrayas gigantes jóvenes se quedan cerca de su lugar de origen, adultas se desplazan más: estudio
Por Marta Serafinko
22 oct (Reuters) - Cualquiera que haya visto a una mantarraya deslizarse sobre un arrecife sabe lo tranquilos que pueden parecer estos animales.
Sin embargo, un grupo de investigadores que trabaja en las costas de Costa Rica ha descubierto que sus movimientos son variados: los ejemplares jóvenes permanecen cerca de la costa, mientras que los adultos se aventuran a recorrer cientos de kilómetros.
Las mantarrayas se encuentran entre los peces más grandes del océano, con aletas en forma de alas que pueden alcanzar una envergadura de hasta unos 8 metros y el cerebro más grande de todos los peces.
Los investigadores realizaron entre 2018 y 2025 un seguimiento de las mantarrayas oceánicas, una especie en peligro de extinción, equipando a 59 de ellas con transmisores acústicos y rastreando a 12 con marcadores satelitales, además de realizar una identificación fotográfica.
"Al combinar diferentes tecnologías (...) pudimos elaborar un mapa muy detallado de sus movimientos y de su uso de las estaciones de limpieza", explicó Jeffry Madrigal-Mesén, director del grupo de investigación Mantas Costa Rica y autor principal del estudio publicado en la revista Frontiers in Fish Science.
Una estación de limpieza costera es un arrecife rocoso donde los peces pequeños eliminan los parásitos de la piel de las mantas, en un ejemplo de comportamiento simbiótico.
Los investigadores descubrieron que las mantas más pequeñas e inmaduras permanecían dentro de las aguas costeras de Costa Rica, denominadas "zona económica exclusiva". Los ejemplares más grandes y maduros emprendían viajes de larga distancia, con algunos llegando incluso hasta las aguas frente a las costas de Guatemala.
"Esto nos lleva a creer que las mantas más pequeñas no se arriesgan a emprender estas largas migraciones, probablemente debido a la amenaza de grandes depredadores como las orcas y los tiburones tigre", afirmó Madrigal-Mesén.
Los ejemplares más pequeños del estudio medían entre 3 y 3,5 metros, frente a los 4 a 4,5 metros de los que realizaban los viajes más largos.
Madrigal-Mesén señaló que el enorme tamaño de las mantas "es uno de sus principales mecanismos de defensa. Es bastante habitual ver ejemplares a los que les faltan partes del cuerpo y, en muchos casos, la forma de las heridas sugiere que se trata de mordeduras de otros grandes depredadores marinos".
Aún no está claro qué impulsa a las mantas a unirse a la población migratoria, aunque los investigadores sospechan que el hecho de llegar a zonas de alimentación y reproducción en aguas altamente productivas de América Central podría influir.
Las mantas también regresan repetidamente a las mismas estaciones de limpieza costeras. Las observaciones de alimentación, cortejo y apareamiento reciente sugieren que estos lugares también pueden funcionar como centros sociales, pero los científicos aún no saben cómo las mantas orientan su regreso a lugares concretos.
"Debe existir una relación con las formaciones rocosas. Los seres humanos tenemos lugares favoritos a los que nos gusta ir", afirmó Madrigal-Mesén. "¿Por qué no podrían las mantas tener preferencia por una estación de limpieza frente a otra?"
Los hallazgos también sugieren que las mantas podrían no desplazarse tan lejos como se pensaba. Inicialmente, los investigadores sospechaban que los ejemplares avistados en Costa Rica podrían migrar desde poblaciones de Ecuador o México.
Sin embargo, los datos de seguimiento plantean la posibilidad de que Centroamérica cuente con su propia población diferenciada, algo que el equipo está investigando mediante análisis genéticos.
Las mantas son especialmente vulnerables porque, al igual que otras rayas y tiburones, se reproducen lentamente y tardan años en alcanzar la madurez sexual.
Madrigal-Mesén señaló que, una vez que los animales abandonaban la isla del Coco —una isla volcánica situada en el océano Pacífico— y la mayoría de los lugares costeros supervisados, se adentraban en aguas sin protección, lo que los exponía a amenazas como la pesca y el tráfico marítimo.
"Estudios como este nos ayudan a reconocer que estos refugios costeros solo las protegen durante una época concreta del año (...) Por eso es tan fundamental proteger los corredores marinos por los que viajan estas especies migratorias".
(Reporte de Marta Serafinko en Gdansk; Editado en español por Javier Leira)