15 de febrero
Actualizado: hoy a las 4:00 pm
GBM Academy
The Academy
Las encuestas de expectativas… ¿son una bola de cristal?
- ¿A qué nos referimos cuando hablamos del “consenso”? Descubre qué son y cómo funcionan las encuestas de expectativas.
- Los pronósticos de especialistas marcan la conversación en los mercados y ayudan a anticipar posibles escenarios.
- Más que una bola de cristal, las encuestas de expectativas son una brújula que te permite tomar mejores decisiones.
Cuenta un viejo chiste que los economistas pasamos la primera mitad del año haciendo proyecciones y la segunda mitad explicando por qué no se cumplieron. Aunque debatible, sin duda refleja una verdad: anticipar el futuro de la economía es sumamente difícil. Aun así, se intenta una y otra vez porque, aunque no tengamos una bola de cristal, las proyecciones son herramientas indispensables para la toma de decisiones de empresas, instituciones y, por supuesto, personas.
Supongamos que eres dueño de una empresa que importa maquinaria. Si crees que el tipo de cambio subirá, quizá decidas adelantar compras para evitar que se encarezcan. O piensa en un banco central que debe decidir si ajustar las tasas de interés: no puede esperar a ver qué pasa, necesita tener un mapa, aunque sea imperfecto, de hacia dónde va la inflación. Y para ello, se apoyan en las encuestas de expectativas económicas.
En palabras simples, estas encuestas son un sondeo entre especialistas —economistas, analistas de instituciones financieras, consultoras, traders, académicos— sobre lo que creen que pasará con indicadores clave: desde la inflación y el crecimiento del PIB, hasta el tipo de cambio, las tasas de interés y el empleo, entre otros. No se trata de adivinanzas, sino de estimaciones basadas en modelos, datos y experiencia. Lo interesante es que no hay una sola manera de hacer esos cálculos. Cada analista puede usar métodos distintos y llegar a conclusiones muy diferentes.
Para lidiar con esa diversidad, se recurre a lo que se llama “consenso”. Imagina que preguntas a varias personas cuánto creen que costará una comida: quizá uno diga $200, otro $500, otro $300. Si solo te quedas con una cifra, probablemente estarás lejos de la realidad. Pero si tomas el promedio (media) o el punto medio (mediana) entre todas las respuestas, tendrás una idea más realista. Así funcionan estas encuestas: combinan las distintas proyecciones para obtener una estimación colectiva, que muchas veces resulta ser más acertada que las individuales.
Además del consenso, las encuestas incluyen otras métricas, como la proyección más alta y más baja, para tener una idea de las expectativas más optimistas o pesimistas, así como qué tan dispersas son las respuestas. Aunque cada encuesta tiene lo suyo, lo importante no es el tecnicismo, sino saber si los expertos están relativamente de acuerdo… o si cada uno ve un panorama distinto.
¿Y dónde encontramos estas encuestas? A nivel global existen varias, pero en México hay dos que se llevan los reflectores. La más importante es la que publica cada mes el Banco de México. Además de ser la única encuesta divulgada por una institución pública, es la más influyente porque sirve de insumo directo para que el banco central decida su estrategia de política monetaria. Es como si Banxico le preguntara a un grupo de expertos: “¿Cómo ven la cosa?” y, tomando en cuenta esas respuestas, afinara su estrategia.
Otra muy seguida es la Encuesta de Citi, publicada cada quince días, que también marca la conversación en los mercados. Y no faltan las que hacen agencias internacionales como Bloomberg o Reuters, que son referencia obligada para inversionistas.
Las encuestas de expectativas económicas no son un oráculo, pero sí una brújula. No dicen exactamente qué va a pasar, pero ayudan a trazar posibles rutas. Y ahí está lo fascinante: pronosticar la economía nunca será como medir la distancia entre dos ciudades. La economía se mueve todo el tiempo, responde tanto a variables que podemos medir como a factores imprevisibles, y detrás de todo hay algo todavía más complejo: decisiones humanas. Y los humanos, como bien sabes, no siempre somos predecibles.