15 de diciembre
Actualizado: hoy a las 3:42 pm
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Remesas: de la frontera a la familia
- Las remesas no son solo depósitos desde el extranjero: son apoyo directo para la vida cotidiana de millones de familias. Aquí te explico lo que tienes que saber para entenderlas.
- Además de ser una fuente de divisas, impulsan el consumo en los hogares y dinamizan la economía local.
- Detrás de cada envío hay esfuerzo, cariño y compromiso. Entender cómo funcionan las remesas es reconocer que en cada transferencia viaja mucho más que dinero.
El comercio internacional y la inversión no son los únicos fenómenos económicos que recorren océanos y cruzan fronteras. Día con día, millones de familias participan en transacciones internacionales que también mueven economías enteras.
Las remesas son las transferencias de dinero que hacen los migrantes que reciben un ingreso en el extranjero a sus familiares en el país de origen. Y aunque en apariencia son simples depósitos, en realidad representan mucho más: son un soporte clave para el consumo de millones de hogares en el mundo.
Cada envío de dinero desde el extranjero tiene la capacidad de traducirse en necesidades resueltas y gastos inmediatos: alimentos, renta, servicios, medicinas o educación. Es dinero que rara vez se guarda; circula de inmediato y mantiene vivas las economías locales. En otras palabras, las remesas son una vía directa para que parte de los ingresos generados en un país se transformen en bienestar cotidiano en otro.
En el caso de México, además de ser un apoyo directo al consumo familiar, particularmente entre los hogares de menores ingresos, las remesas han adquirido una gran importancia en la economía nacional. Con el paso del tiempo y conforme ha crecido el flujo de transacciones, se han convertido en la principal fuente de divisas que recibe el país, incluso por encima del turismo y del petróleo. De hecho, más del 95% del total de remesas que ingresan a nuestro país provienen de Estados Unidos, lo que refleja la fuerte conexión económica y social entre ambas naciones.
Y, hablando de divisas, un aspecto fundamental para entender el impacto de las remesas es su relación con el tipo de cambio. Imagina que una persona en el extranjero envía 300 dólares al mes a su familia en México. Si el dólar en ese momento vale 16 pesos, esa familia recibe 4,800 pesos. En cambio, si el tipo de cambio peso-dólar sube a 18, el mismo envío se convierte en 5,400 pesos. Aunque esa diferencia no parece tan grande, puede significar el gas para cocinar, el pago de la luz o los útiles escolares.
Además del tipo de cambio, hay otro factor que determina cuánto impacto tienen las remesas en la vida de las familias: la época del año en que se envían. Típicamente, el monto más alto llega en mayo, justo para el Día de las Madres. Así, es entre mayo y septiembre cuando se concentran los mayores flujos de remesas, coincidiendo también con las vacaciones de verano y gastos escolares. Este calendario de envíos revela una dimensión profundamente humana: más allá de ser transacciones financieras, las remesas son también una forma de estar presente en los momentos importantes aun cuando la distancia lo impide.
A estos elementos se suman factores externos que no dependen directamente de las familias, como las políticas migratorias en los países donde residen los migrantes. Cambios en estas reglas —incluyendo operativos más estrictos o incrementos en las deportaciones— pueden influir en los flujos de remesas. En este contexto, los envíos llegan a interrumpirse porque algunos migrantes son deportados, otros dejan de trabajar, algunos prefieren guardar el dinero por precaución y muchos más reducen sus movimientos para no exponerse, lo que termina afectando el apoyo que reciben sus familias en México.
Las remesas no son solo flujos financieros: son historias de trabajo, distancia y apoyo. Para muchas familias, representan tranquilidad y oportunidades; para el país, un ingreso que juega un papel clave en el consumo. Pero, sobre todo, son un recordatorio de que millones de migrantes, con su esfuerzo diario, mantienen vivos los lazos familiares y aportan estabilidad a comunidades enteras. Entenderlas es reconocer que detrás de cada depósito hay mucho más que dinero: hay sacrificio, amor y futuro.