15 de febrero
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Reserva Federal: la voz que escuchan los mercados
- ¿Qué hace la Reserva Federal y por qué importa tanto? Conoce aquí al banco central más influyente del mundo.
- Desde su doble mandato hasta su estructura única, la Reserva Federal combina funciones y poderes que no tiene ningún otro banco central.
- Conocer cómo opera la Fed es clave para entender el contexto económico y los mercados alrededor del mundo.
¿Alguna vez has notado cómo una decisión tomada en un rincón del mundo puede sentirse a miles de kilómetros de distancia? Ese es, en buena medida, el caso de la Reserva Federal de Estados Unidos, una institución que nació hace más de un siglo para resolver un problema específico y que terminó convirtiéndose en una pieza central de la economía global.
Cuando se creó en 1913, el objetivo era simple: diseñar un sistema monetario y financiero más seguro y flexible para Estados Unidos, después de décadas de inestabilidad económica. Con el tiempo, el rol de la Reserva Federal creció tanto que hoy sus decisiones pueden mover divisas, sacudir bolsas y alterar las expectativas económicas de muchos otros países.
La Reserva Federal —o Fed— es el banco central de Estados Unidos. Es la institución encargada de dirigir la política monetaria en ese país y, por lo tanto, de decidir el nivel de las tasas de interés de la economía más grande e influyente del mundo. Cada vez que la Fed mueve su tasa de referencia, el impacto no se queda solo en Estados Unidos: afecta el costo del crédito, los mercados financieros y las decisiones de inversión a nivel global. Cuando la tasa de la Fed se mueve, inversionistas de todo el mundo ajustan portafolios y evaluaciones de riesgo en cuestión de minutos, lo que mueve rendimientos, flujos de capital y apetitos de inversión.
Pero ¿cómo opera realmente la Fed y qué la guía?
El Sistema de la Reserva Federal desempeña cinco funciones clave que benefician a la población estadounidense y sostienen la salud y estabilidad de su economía. Además de conducir la política monetaria, la Fed se encarga de promover la estabilidad financiera, supervisar y regular a las instituciones financieras, fomentar la seguridad y eficiencia de los sistemas de pago y liquidación, y promover la protección al consumidor y el desarrollo comunitario.
Y hablando de política monetaria, la de la Fed tiene una característica especial: un doble mandato.
A diferencia de otros bancos centrales, como el Banco de México, cuyo objetivo principal es mantener la inflación baja y estable, la ley estadounidense establece que la Reserva Federal debe buscar tanto el máximo empleo como la estabilidad de precios. Es decir, asegurarse de que la economía no se enfríe al punto de destruir empleos, pero tampoco se caliente al punto de generar una inflación insostenible. Ese equilibrio, tan simple en papel, se vuelve complejo cuando se traduce en decisiones concretas sobre tasas de interés.
Otro distintivo del banco central estadounidense es su estructura. La Fed no funciona como una sola institución concentrada en un solo edificio, sino como un sistema amplio que combina una autoridad central con bancos regionales distribuidos por todo el país. A la cabeza se encuentra su Junta de Gobierno, compuesta por siete miembros nominados por el presidente de Estados Unidos y ratificados por el Senado. Sus periodos —de catorce años y escalonados— buscan dar continuidad y evitar que la política monetaria cambie al ritmo de los ciclos políticos.
Además, para facilitar la supervisión y el alcance del trabajo de la Reserva Federal, el país fue dividido en doce regiones distintas, cada una representada por un banco.
Los doce bancos de la Reserva Federal, ubicados en ciudades como Nueva York, Chicago, San Francisco o Dallas, son, en esencia, los brazos que ejecutan el trabajo cotidiano del banco central: supervisan bancos dentro de su distrito, otorgan liquidez a instituciones financieras cuando es necesario, distribuyen billetes y monedas y operan sistemas de pago, entre muchas otras funciones críticas. También recopilan información económica que resulta crucial para entender lo que está ocurriendo en cada rincón del país. Esta arquitectura—que combina supervisión central y conocimiento regional—es la base de la capacidad de la Fed para reaccionar de forma oportuna y creíble ante cambios económicos.
Y en el corazón de todo está el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), el órgano que define la postura de política monetaria. Éste se integra por los siete gobernadores, el presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y cuatro presidentes regionales adicionales que se rotan cada año. Y aunque todos los presidentes y gobernadores están presentes en cada reunión del Comité, solo estos doce miembros tienen voto a la vez.
En conjunto, todo este sistema —sus funciones, su mandato y su estructura— hace que la Reserva Federal sea mucho más que el banco central de una sola economía. Es una institución cuya voz se amplifica en mercados, gobiernos y bancos centrales alrededor del mundo. Comprenderlo permite ver con claridad por qué lo que se decide en Washington termina moviendo mercados desde Londres hasta Tokio y, por supuesto, la Ciudad de México.