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¿Trabajo es trabajo? El empleo formal e informal explicado

¿Qué diferencias hay entre el sector formal y el informal?

10 FEB 26

5 MIN DE LECTURA

  • No todas las personas que trabajan viven el empleo de la misma forma. Conoce las diferencias entre trabajar en la formalidad y en la informalidad.
  • El empleo formal e informal no solo determinan cuánto ganas y las obligaciones que debes cumplir, sino también los derechos laborales y las oportunidades que tienes.
  • La formalidad y la informalidad no solo conviven: juntas moldean el mercado laboral y el desempeño de la economía.

Nueve de la mañana, un martes, y estás atorado en el tráfico. Tú, y millones de personas más, han salido a trabajar. Pero, aunque muchos trabajamos, no todos lo hacemos en las mismas condiciones. Cuando hablamos del mercado laboral, solemos pensar en personas que intercambian su tiempo por un ingreso y, aunque eso es cierto, ese mercado tiene muchos más matices de los que crees.

Uno de esos matices es la diferencia entre el empleo formal e informal. Este último no se refiere a hacer un trabajo casual o sin horario. Si bien el empleo informal incluye actividades económicas reales, se trata de trabajos que no están registrados ante las autoridades. Por lo tanto, no operan como empresas formales ni siguen prácticas contables convencionales.

Los trabajadores y las empresas informales no pagan impuestos ni llevan registros administrativos. Por ejemplo, piensa en una persona que vende comida desde su casa, alguien que lava coches y cobra en efectivo todos los días, o quien ofrece servicios de transporte o reparación sin emitir facturas ni estar registrado ante el gobierno. A pesar de que estas personas generan ingresos y sostienen a millones de hogares, no están protegidos por la ley ni cuentan con prestaciones como el salario mínimo, seguro social, ahorro para el retiro o acceso a vivienda.

La informalidad en México se ha convertido en una pieza central del mercado laboral. De hecho, más del 56% de los trabajadores en México se desempeñan en este sector, por encima del promedio de Latinoamérica, que se acerca a 54%.

También es importante aclarar que lo informal no es lo mismo que lo ilegal. La economía informal implica incumplir reglas administrativas o fiscales, pero no es criminal en sí misma. Dar clases particulares sin facturar o vender productos caseros sin estar registrado son ejemplos claros de informalidad. En cambio, la economía ilegal gira alrededor de actividades que ya son delito por definición, como el contrabando o el tráfico de bienes prohibidos. Esta diferencia no es menor, porque mientras la ilegalidad es un problema de seguridad pública, la informalidad es un reto de política económica que puede atenderse con mejores reglas, incentivos y ajustes fiscales.

Ahora bien, que la informalidad no sea ilegal no significa que esté exenta de problemas. Además de que los trabajadores informales no tienen acceso al sistema de seguridad social, medir el tamaño real de estas actividades económicas es difícil, lo que complica darles seguimiento y diseñar políticas públicas para atenderlas. Por otro lado, al no estar registradas, estas actividades suelen enfrentar obstáculos para crecer, acceder a crédito o invertir, lo que limita su productividad y sus ingresos en el largo plazo. Estas limitaciones ayudan a entender por qué existe el otro lado de la ecuación: el empleo formal.

Como seguramente ya te habrás dado cuenta, el empleo formal es aquel que está registrado y cumple con las reglas laborales, fiscales y administrativas. El trabajador formal, al cumplir con estas obligaciones, obtiene derechos laborales, incluido el acceso a un sistema de seguridad social. Esto se traduce en servicios de salud, ahorro para el retiro y, en muchos casos, la posibilidad de acceder a un crédito para vivienda.

En términos simples, este sistema se financia a partir de tres componentes: una parte sale de lo que aportan los propios trabajadores a través de impuestos y cuotas, otra parte la pone el Estado y una tercera la cubren los empleadores. Es un esquema compartido que busca garantizar protección a lo largo de la vida laboral, incluso en momentos en los que no se está generando un ingreso.

La formalidad no solo ofrece un ingreso recurrente, sino mayor certeza sobre el presente y el futuro laboral. Esa certeza se refleja en la posibilidad de atender una enfermedad, planear el retiro o enfrentar periodos de menor ingreso con mayor respaldo. Con el tiempo, también se traduce en mayores niveles de productividad, tanto para los trabajadores como para las empresas.

Entender la diferencia entre el empleo formal e informal es relevante porque el trabajo no solo define cuánto ganas hoy, sino qué tan protegido estás frente a los imprevistos y qué oportunidades tienes a largo plazo. Promover la formalidad no es ignorar la realidad de millones de personas que hoy trabajan en la informalidad, sino reconocer que avanzar hacia empleos con derechos, protección y certidumbre beneficia tanto a los trabajadores como a la economía en su conjunto.

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