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¿Vamos bien? El pulso de las finanzas públicas

Lee aquí sobre los indicadores fiscales más relevantes.

24 MAR 26

5 MIN DE LECTURA

  • Cada año, el gobierno establece metas para las finanzas públicas. Conoce aquí cómo saber si van por buen camino.
  • Los indicadores fiscales permiten medir si el gobierno está cumpliendo sus metas y qué tan disciplinado es en el manejo de los recursos públicos.
  • A través de indicadores como el balance primario, los requerimientos de financiamiento y la deuda pública, es posible evaluar la postura fiscal y sus efectos sobre la economía.

Cuando te propones una meta, como correr un medio maratón, ahorrar para comprar ese coche o hacer el viaje de tus sueños, sabes que no basta con definir el objetivo; también necesitas un plan y, sobre todo, una forma de medir si vas avanzando o si algo se está desviando en el camino. De forma similar, el gobierno, a través de la política fiscal, planea cada año cuántos ingresos tendrá y cómo los gastará. Pero, más allá de la calidad de los servicios públicos o de las obras que vemos al salir a la calle, surge una pregunta clave: ¿cómo podemos saber si las finanzas públicas van por buen camino y si el gobierno se está acercando o alejando de sus metas?

Para responder a esa pregunta no basta con observar cuánto gasta el gobierno o si cada año recauda más o menos impuestos. Al igual que con cualquier meta, evaluar el desempeño requiere mirar más allá de un solo número o un resultado aislado. En este caso, el uso de distintos indicadores fiscales permite evaluar, de manera más precisa, cómo se están manejando los recursos públicos y qué implicaciones tiene para la economía del país. Estos indicadores no solo condensan información compleja, sino que ayudan a identificar riesgos, anticipar desviaciones respecto a lo planeado y entender la postura fiscal del gobierno.

Para que el seguimiento de estas metas fiscales no quede únicamente en buenas intenciones, existe un marco institucional que establece reglas claras sobre cómo deben manejarse los recursos públicos. En México, la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria actúa como una guía que busca fomentar la disciplina fiscal, ordenar el proceso presupuestario y dar mayor transparencia a las finanzas públicas. Y aunque existen múltiples indicadores fiscales para medir estos aspectos, hay algunos que siempre están en la mira de los expertos.

Uno de los indicadores más observados es el balance primario. Este se define como la diferencia entre los ingresos y los gastos del sector público en un periodo determinado, sin considerar los intereses que genera la deuda. En otras palabras, el balance primario permite saber si el gobierno genera los recursos suficientes para cubrir sus gastos de operación e inversión antes de hacer frente a sus obligaciones financieras.

Cuando los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos del gobierno se habla de un déficit primario. En ese caso, el pago de los intereses debe financiarse mediante más endeudamiento. Por el contrario, un superávit primario indica que el gobierno cuenta con un excedente que puede destinarse, total o parcialmente, a cubrir esos compromisos financieros. Por esta razón, un superávit primario suele interpretarse como una señal favorable, ya que reduce la necesidad de recurrir a nuevo endeudamiento y contribuye a una trayectoria más sostenible de las finanzas públicas.

Sin embargo, el balance primario no refleja todas las necesidades de financiamiento del sector público. Para tener una visión más completa de la postura fiscal de corto plazo se utilizan los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP). Este indicador captura cuánto dinero necesita realmente el gobierno en un periodo determinado, ya que incluye no solo lo que ocurre dentro del presupuesto, sino también otras operaciones que implican endeudamiento, como el apoyo financiero a empresas públicas o el uso de deuda para cubrir obligaciones previamente adquiridas. En la práctica, los RFSP muestran el monto total de recursos que el sector público debe obtener para poder operar.

La acumulación de estos requerimientos de financiamiento a lo largo del tiempo se traduce en el nivel de la deuda pública, cuya evolución es fundamental para analizar la sostenibilidad fiscal. Por ello, la deuda suele analizarse como proporción del PIB, lo que permite observarla en relación con el tamaño de la economía y facilitar comparaciones a lo largo del tiempo.

En este sentido, no solo importa el nivel de deuda, sino su comportamiento relativo: si la deuda crece más rápido que la economía, pueden surgir presiones sobre las finanzas públicas, mientras que una deuda que crece de forma proporcional al PIB, o incluso a un ritmo menor, suele interpretarse como una señal de mayor estabilidad fiscal.

En conjunto, los indicadores fiscales permiten darle seguimiento a las metas del gobierno desde distintos ángulos: la disciplina en el manejo cotidiano de los recursos, las necesidades reales de financiamiento y las implicaciones de largo plazo sobre la deuda. Conocerlos es importante para evaluar el desempeño fiscal más allá de percepciones inmediatas y para entender que las decisiones que se toman hoy pueden influir en la estabilidad económica del mañana.

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