18 de junio
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Subió el precio, pero… ¿sigues comprando? La elasticidad de la demanda
- Sube el precio del pan, de la gasolina o de tus suscripciones… pero ¿por qué a veces cambias lo que compras y a veces no? Conoce aquí qué es la elasticidad de la demanda y cómo funciona.
- La elasticidad de la demanda explica cómo reaccionan los consumidores ante cambios en precios, ingresos y productos relacionados, y por qué no todos los bienes y servicios se comportan igual.
- Entender la elasticidad te ayuda a anticipar cambios en tu consumo y a tomar decisiones más estratégicas con tu dinero.
Dos letreros cambian el mismo día: uno en la gasolinera, otro en la panadería. Ambos anuncian precios más altos. Tal vez decides no comprar pan ese día… pero cargar gasolina no es opción.
La elasticidad de la demanda sirve justamente para entender esas decisiones: mide qué tan sensible es la cantidad demandada de un bien o servicio ante cambios en variables como el precio, el ingreso, o incluso el precio de otros bienes relacionados.
Empecemos con la más intuitiva: la elasticidad precio de la demanda. Aquí la pregunta es: si sube o baja el precio de un producto, ¿qué tanto cambia la cantidad que la gente compra? Hay productos donde la respuesta es “muchísimo” y otros donde es “casi nada”.
Cuando un pequeño aumento en el precio hace que la gente deje de comprar de forma importante, decimos que la demanda es elástica. Piensa en plataformas de streaming o ropa de moda: si suben de precio, fácilmente buscas alternativas o dejas de consumirlas.
En cambio, cuando el precio cambia y la gente sigue consumiendo casi la misma cantidad, hablamos de demanda inelástica. La gasolina, ciertos medicamentos o la electricidad entran aquí. Y, aunque tu cartera resienta ese aumento, simplemente no hay muchas opciones inmediatas para dejar de consumirlos.
Pero ¿de qué depende que la demanda sea elástica o inelástica? Principalmente de tres factores. Primero, qué tan fácil es encontrar sustitutos: si hay muchas opciones o marcas similares, los consumidores cambian sin problema. Segundo, qué tan necesario es el producto: no es lo mismo un reloj que pasta de dientes. Y tercero, el horizonte de tiempo: en el corto plazo, nuestros hábitos de consumo permanecen relativamente estables, pero conforme encontramos alternativas (como cambiar de coche o ajustar hábitos), estos van cambiando.
Ahora, pasemos a la elasticidad cruzada de la demanda. Aquí ya no miramos un solo producto, sino la relación entre dos. La pregunta es: ¿qué pasa con la demanda de un bien cuando cambia el precio de otro?
Esto nos permite distinguir entre bienes sustitutos y complementarios. Por ejemplo, si sube el precio de la carne y baja su demanda, pero aumenta la del pollo, estamos ante bienes sustitutos. En cambio, si sube el precio de las impresoras y cae la demanda de cartuchos de tinta, hablamos de bienes complementarios: productos que suelen consumirse juntos.
Finalmente, está la elasticidad ingreso de la demanda. En este caso, lo que cambia no es el precio sino el ingreso del consumidor. ¿Cómo responde la demanda ante un aumento o disminución en el poder adquisitivo?
Los bienes normales son aquellos cuya demanda aumenta cuando crece el ingreso. Dentro de estos, algunos responden de forma más que proporcional —como boletos de avión o bienes de lujo—, mientras que otros lo hacen de forma más moderada, como los bienes de consumo básico. Por otro lado, los bienes inferiores presentan una relación inversa: cuando el ingreso aumenta, su demanda disminuye, ya que los consumidores los sustituyen por opciones de mayor calidad.
Entender la elasticidad de la demanda es como tener un mapa de nuestras propias decisiones como consumidores. No solo explica por qué cambias de pan, pero no de gasolina, sino que también te permite anticipar cómo distintos cambios —en precios, ingresos o mercados relacionados— afectan tu comportamiento y, con eso, tomar mejores decisiones con tu dinero.