9 de abril
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De la ‘AAA’ a la ‘D’: ¿qué evalúan las agencias calificadoras?
- ¿Qué tan buena calificación es una ‘AA’ o ‘BBB-’? Conoce más sobre las agencias calificadoras y cómo analizan la deuda de un emisor.
- Un cambio en la calificación soberana puede ser la diferencia entre que un gobierno se endeude a tasas accesibles… o que tenga que pagar mucho más por pedir prestado.
- Entender cómo se mide el riesgo de un país te permitirá interpretar mejor las noticias económicas y tomar decisiones financieras más informadas.
¿Te acuerdas cuando en la primaria esperabas tus calificaciones con nervios, esperando llevar una buena noticia a tus papás? Ahora imagina algo parecido, pero en vez de evaluar a un estudiante, se evalúa la deuda de un país y su capacidad para pagarla. Así funcionan, en esencia, las agencias calificadoras.
Las agencias calificadoras son empresas privadas que se dedican a ponerle “nota” a la deuda. Porque sí, entre las deudas hay de todo tipo. Cuando los gobiernos, empresas y bancos piden prestado a través de instrumentos como bonos, reciben dinero hoy con la promesa de pagarlo después, con intereses. Las calificadoras analizan precisamente qué tan probable es que cumplan con esa promesa.
En el mundo destacan tres agencias conocidas como “the big three”: Moody’s, Standard & Poor’s (S&P) y Fitch. Y aunque estas son las que más peso tienen en los mercados internacionales, también existen otras, como HR Ratings.
Estas agencias evalúan todo tipo de deuda, pero cuando se habla de la salud financiera de un país, la atención se centra en las calificaciones soberanas, que corresponden a la calidad de la deuda de largo plazo emitida en dólares por el gobierno federal.
Pero, ¿para qué evaluarlas? Cada calificación soberana sirve para enviar una señal clara a los inversionistas sobre el riesgo que asumen al prestarle dinero a un país. Una calificación alta indica una buena capacidad de cumplir con sus obligaciones financieras, mientras que una más baja sugiere mayor riesgo. En el peor de los casos, cuando un emisor deja de pagar, se habla de “default”, es decir, incumplimiento de pago.
La escala de calificaciones suele ir de ‘AAA’ a ‘D’. La ‘AAA’ es el equivalente al 10 perfecto: capacidad extremadamente fuerte de pago y riesgo prácticamente inexistente. Países como Alemania, Canadá o Australia han tenido esa nota. En el otro extremo, la ‘D’ significa que ya hubo incumplimiento. Y entre ambos puntos hay varios escalones que reflejan distintos grados de solidez.
Y entre esos escalones aparece un concepto clave: el grado de inversión. La línea que lo separa del llamado grado especulativo —que se refiere a deuda con mayor riesgo y, por lo tanto, mayor probabilidad de imapgo— suele ubicarse entre BBB- y BB+. Esta distinción es relevante porque muchos fondos de inversión, por reglas internas o incluso por ley, solo pueden comprar deuda con grado de inversión. Si un país pierde ese estatus, se reduce el número de inversionistas dispuestos o autorizados a prestarle, lo que normalmente obliga a ofrecer tasas de interés más altas para compensar el mayor riesgo.
Ahora, seguramente te estarás preguntando: ¿cuál es la rúbrica para calificar? Cada agencia tiene su propia metodología, pero en esencia evalúan la capacidad y la voluntad de pago. Analizan el nivel de deuda, el crecimiento económico, la estabilidad política, los ingresos del gobierno y la fortaleza institucional de cada emisor.
Dado que estos factores son de carácter estructural, las calificaciones soberanas no suelen cambiar por cualquier sobresalto del momento. Como su enfoque es de largo plazo, ya consideran la capacidad del país para enfrentar crisis o choques externos.
Por lo mismo, antes de modificar la calificación, las agencias suelen cambiar su perspectiva: a negativa, estable o positiva. Es como un aviso que comunica a los mercados que un cambio podría ocurrir. Cuando la perspectiva es negativa, significa que podría venir una baja; estable, que no se anticipan cambios; y positiva, que existe la posibilidad de mejora.
Las agencias calificadoras no solo asignan letras. Sus decisiones influyen en cuánto le cuesta a un país endeudarse y, por lo tanto, en su margen para invertir o enfrentar crisis. Entender cómo funcionan es entender una pieza clave de la economía… y del entorno en el que tomas tus propias decisiones financieras.