8 de mayo
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Petróleo, café y oro: el mundo de los commodities explicado
- ¿Qué tienen en común el café, el huevo, el oro y el gas? Conoce aquí qué son los commodities y cómo se mueve este mercado.
- Los precios de los commodities se determinan a nivel global y tienden a ser sumamente volátiles.
- Desde el clima hasta las guerras: descubre qué factores influyen en sus precios y cómo eso se refleja en tu bolsillo.
El petróleo que termina como gasolina en tu coche, el café que tomas cada mañana y hasta el pan que compras, determinan buena parte de su precio mucho antes de llegar a tus manos. De hecho, parte de su valor se define en un mercado global donde se negocian cosas que casi nunca vemos directamente: las materias primas.
Las materias primas, o commodities, son bienes básicos estandarizados que se utilizan como insumos en la producción de otros bienes. Estos se caracterizan por tener muy poca diferenciación entre sí, como ese plátano que proviene de México… ¿o acaso era de Ecuador? Sin importar quién los produzca, mientras cumplan con ciertos estándares de calidad, los commodities suelen ser muy parecidos entre sí.
Ahora, no todos los commodities son iguales. Por un lado están las materias primas “duras” o hard commodities, que son las que se extraen de la tierra, como el petróleo, el oro o el cobre. Y, por el otro, están las “suaves” o soft commodities, que provienen de actividades agrícolas o pecuarias, como el café, el maíz o el ganado.
Es decir, mientras algunos commodities se extraen, otros se producen. De esta forma, podemos pensar en cuatro grandes grupos: agrícolas, pecuarios, minerales y energéticos. Y, a pesar de sus diferencias, todos sus precios se definen en un mismo mercado. ¿Cómo es esto?
Los commodities suelen negociarse en bolsas especializadas donde se compran y venden contratos sobre estos productos todos los días, como Chicago, Londres o Nueva York. Esto significa que su precio no lo fija una sola empresa o país, sino que se determina a partir de la oferta y demanda en estos mercados.
Por lo mismo, los precios de los commodities tienden a ser vólatiles: pueden cambiar constantemente en poco tiempo conforme cambia la información disponible, desde el clima hasta eventos económicos o políticos.
Y lo verdaderamente interesante es que, según el tipo de commodity, esa oferta y demanda se ve influida por factores muy distintos.
Por ejemplo, los productos agrícolas, como el algodón o el trigo, dependen muchísimo del clima. Una sequía puede reducir la cosecha del año, limitar su oferta y hacer que su precio suba. En cambio, un año con buenas lluvias puede generar abundancia y precios más bajos.
Los pecuarios, como el puerco o el pollo, pueden verse afectados por enfermedades. Por eso, cuando escuchas sobre un brote de influenza aviar y ves que el cartón de huevo cuesta el doble, no es casualidad.
Por su parte, los metales, como el oro, la plata y el cobre, suelen moverse con la economía global. Cuando hay crecimiento, se construye más, aumenta la demanda por estos materiales y sus precios tienden a subir. Cuando la economía se desacelera, ocurre lo contrario.
Finalmente, están los energéticos, como el petróleo y el gas. Estos son especialmente sensibles a temas geopolíticos. Dado que existe un número relativamente limitado de grandes productores, un conflicto o problema en uno de estos países puede disparar los precios a nivel mundial.
Ahora, otra pregunta importante es: ¿quiénes compran y venden estos contratos (llamados futuros) de commodities? Por lo general, hay dos tipos de participantes. Por un lado, están los productores y compradores que utilizan estos futuros para protegerse de cambios en los precios. Imagina a un agricultor que siembra trigo: no sabe a qué precio lo venderá en unos meses, así que puede fijar un precio desde hoy para evitar una sorpresa.
Pero también están los especuladores, que no buscan recibir el producto físico, sino obtener ganancias a partir de los cambios en los precios. En pocas palabras, compran contratos esperando que suban de valor para venderlos después.
Y aunque estas dinámicas ocurren a miles de kilómetros de distancia, no se trata de un juego aislado. Los commodities tienen un peso enorme en la economía de los países.
Un aumento fuerte en el precio del petróleo, por ejemplo, puede encarecer la gasolina, el transporte, la electricidad y, como un dominó, muchos productos más. Eso golpea a consumidores y a países importadores. Pero al mismo tiempo, puede beneficiar a los países que lo exportan, porque reciben más ingresos por cada barril.
Y lo contrario también ocurre: cuando los precios caen, quienes antes ganaban pueden verse en aprietos. Economías enteras que dependen de exportar materias primas pueden enfrentar recortes, menor crecimiento o incluso crisis.
Así que la próxima vez que escuches sobre una guerra, un desastre natural o una plaga que afecta cultivos o animales, piensa en esto: no son eventos aislados. Todos tienen el poder de mover los precios de los commodities. Y en esos movimientos siempre hay ganadores y perdedores. A veces el impacto es evidente; otras, es más silencioso… pero tarde o temprano termina reflejándose en lo que pagamos todos los días.