Por qué la mayoría de las acciones nunca gana
Cada cierto tiempo reaparece una idea tan intuitiva como peligrosa: “Si compro buenas empresas y espero lo suficiente, tarde o temprano regresan a su máximo histórico”. Suena prudente. Suena paciente. Pero como regla general de inversión, suele fallar.
Los mercados nos recuerdan con regularidad que el tiempo, por sí solo, no garantiza la recuperación de una acción. Hay empresas emblemáticas que tardaron casi dos décadas en volver a niveles previos a una gran crisis; otras necesitaron más de veinte años para superar máximos alcanzados en periodos de euforia; y hay mercados completos que pasaron décadas antes de marcar récords. Mientras tanto, los índices en conjunto avanzaron con fuerza.
¿Cómo puede ser cierto que el mercado “gane” y, aun así, tantas acciones individuales no lo hagan? La respuesta es incómoda, pero fundamental para invertir bien: los rendimientos accionarios están extraordinariamente concentrados en pocas empresas.
El dato incómodo detrás de los índices
Cuando vemos un índice en máximos, tendemos a pensar que “la mayoría” de las acciones va bien. En realidad, ocurre lo contrario. Debajo del promedio hay una distribución muy desigual: un grupo pequeño de empresas explica una fracción desproporcionada del rendimiento total, mientras que una gran cantidad se queda rezagada durante años, o nunca recupera su antigua relevancia.
Un recuento reciente ilustra esta realidad: entre miles de compañías que ya existían antes de la crisis financiera global, una proporción sorprendentemente alta sigue cotizando por debajo de los precios que tenía antes de 2007. Y esto es una estimación conservadora, porque no incluye a las empresas que desaparecieron, se fusionaron en condiciones desfavorables a quedaron fuera del radar del mercado.
Incluso en mercados desarrollados y profundos, una fracción importante de acciones permanece por debajo de sus antiguos máximos después de casi dos décadas. No se trata únicamente de empresas pequeñas o mal administradas; hay nombres grandes, conocidos y alguna vez dominantes que nunca volvieron a “su gloria”.
La conclusión no es que invertir en acciones sea mala idea. Es algo más preciso: invertir en una acción típica es muy distinto a invertir en el mercado como conjunto.
Retornos concentrados: el verdadero motor del mercado
La intuición popular dice: “Si compro suficientes acciones, la mayoría debería subir”. La evidencia histórica dice otra cosa: la mayoría de las acciones individuales no genera rendimientos extraordinarios; muchas producen resultados modestos y un número no trivial genera pérdidas. El rendimiento agregado del mercado proviene, una y otra vez, de una minoría de ganadores extremos.
Dicho de forma simple: pocas acciones hacen casi todo el trabajo.
Este patrón no es exclusivo de un ciclo reciente ni de una burbuja particular. Se observa a lo largo de décadas y atraviesa sectores, tecnologías y países. El mercado avanza porque algunos modelos de negocio escalan de forma excepcional, no porque todas las empresas mejoren de manera uniforme.
Esto cambia por completo la pregunta relevante para el inversionista. La pregunta no es “¿qué acción volverá a su máximo?”, sino “¿cómo me aseguro de estar expuesto a esos pocos ganadores inevitables, sin saber de antemano quiénes serán?”
Por qué tantas empresas quedan atrás
Desde una perspectiva económica, no hay misterio. Hay competencia, incentivos y cambio tecnológico.
Las empresas no tienen derecho adquirido a mantener márgenes ni liderazgo. La competencia erosiona rentas; la innovación vuelve obsoletos modelos de negocio; la regulación cambia reglas; el ciclo financiero castiga excesos. Muchas compañías quedan rezagadas por razones estructurales:
- Endeudamiento excesivo en el auge, que obliga a años de ajuste.
- Disrupción tecnológica que reduce ingresos o márgenes de forma permanente.
- Mala asignación de capital, como adquisiciones caras o inversiones sin retorno.
- Cambios regulatorios que alteran el perfil de riesgo de sectores completos.
- Competencia global que presiona precios y reduce rentabilidad.
En este contexto, el máximo histórico es una referencia psicológica, no económica. Que una acción “ya haya estado más alta” no implica que deba volver ahí. El mercado reevalúa continuamente flujos esperados y riesgos; cuando estos cambian, el precio cambia con ellos.
Lejos de ser una falla, este proceso es una característica central del sistema: el capital se desplaza hacia donde es más productivo y se aleja de donde deja de serlo. La desigualdad de resultados entre empresas es la huella visible de esa reasignación.
Un matiz técnico importante
Muchas comparaciones se hacen con base en “precio actual vs. máximo histórico”. Eso es ilustrativo, pero incompleto. El rendimiento total incluye dividendos reinvertidos, recompras, escisiones y otros eventos corporativos. En sectores maduros, los dividendos pueden compensar parte del rezago del precio; en sectores de crecimiento, el patrón suele ser distinto.
Aun considerando el rendimiento total, la conclusión central no cambia: los retornos siguen concentrándose en una minoría de empresas. Esperar no es suficiente; importa en qué y cómo se espera.
Implicaciones prácticas para el inversionista mexicano
Para un inversionista en México, la concentración de retornos tiene implicaciones adicionales.
Primero, el mercado local es relativamente concentrado por naturaleza. Unas cuantas emisoras grandes tienden a explicar una parte importante del comportamiento del índice. Esto no es una crítica, es una realidad estructural. Una cartera “México-céntrica” puede estar asumiendo más riesgo específico del que aparenta.
Segundo, hoy es perfectamente viable diversificar internacionalmente desde México. A través de vehículos listados y del mercado global, un inversionista puede ampliar su exposición a regiones, sectores y modelos de negocio que no existen localmente. Dado que los grandes ganadores no respetan fronteras, la cartera tampoco debería hacerlo.
Tercero, está el tema del tipo de cambio. El inversionista vive y consume principalmente en pesos, pero su patrimonio puede beneficiarse de no depender exclusivamente de una sola economía y moneda. La diversificación internacional introduce volatilidad cambiaria, pero también puede reducir el riesgo patrimonial en escenarios locales adversos.
Lo que sí está bajo su control
El inversionista no controla qué empresa será la próxima superestrella ni cuándo ocurrirá el siguiente giro del mercado. Pero sí controla las decisiones que más influyen en el resultado de largo plazo:
- Diversificación real: por región, sector y tipo de empresa, no solo por número de acciones.
- Costos totales: comisiones, spreads e impuestos importan más de lo que suele admitirse.
- Disciplina de aportaciones y rebalanceo: comprar y vender por reglas, no por narrativas.
- Evitar el anclaje a máximos históricos: el pasado no es un objetivo de precio.
- Coherencia entre objetivos y estructura: el portafolio debe reflejar su vida financiera real.
Pensamiento final
La idea central es sobria, no pesimista: muchas acciones nunca vuelven a su antigua grandeza, mientras que el rendimiento del mercado se explica por un grupo pequeño de ganadores. Apostar a identificarlos de forma consistente —después de costos, impuestos y errores inevitables— es difícil.
Por eso, la evidencia favorece al inversionista que diversifica ampliamente. La diversificación no es una renuncia al rendimiento; es el mecanismo que aumenta la probabilidad de capturar a esos pocos ganadores que hacen el trabajo pesado, sin exigir que usted los adivine de antemano.
Aunque el principio es simple, ejecutarlo bien no siempre lo es. Definir una política de inversión coherente con objetivos reales, administrar riesgos (incluido el cambiario), elegir vehículos adecuados y mantener la disciplina cuando el mercado presiona emocionalmente son tareas donde un asesor financiero profesional puede agregar valor tangible. No por prometer rendimientos extraordinarios, sino por mejorar el proceso, reducir errores conductuales y sostener la consistencia en el tiempo.
Brinde, entonces, no por la acción que “va a regresar a su máximo”, sino por un método diversificado y disciplinado —idealmente con guía profesional— que haga innecesario depender de la suerte.
- The Economist. “This Christmas, raise a glass to concentrated market returns: A surprisingly large share of companies lag far behind their former greatness”.
- Bessembinder, Hendrik. “Do Stocks Outperform Treasury Bills?”. Journal of Financial Economics.
- Bessembinder, Hendrik. “Shareholder Wealth Enhancement, 1926 to 2022”.
- S&P Dow Jones Indices. SPIVA (S&P Indices Versus Active) Scorecard.
- S&P Dow Jones Indices / S&P BMV Indices. Metodología del índice S&P/BMV IPC.
- Grupo BMV. Documentación del Sistema Internacional de Cotizaciones (SIC).
- Fama, Eugene F. “Efficient Capital Markets: A Review of Theory and Empirical Work”.
- Friedman, Milton. Capitalism and Freedom.