México: escenario de impulso para la asesoría financiera
La conversación financiera en México ha girado en torno a la inclusión, el acceso al crédito y la bancarización. Sin embargo, existe un eslabón clave que sigue siendo insuficiente frente a los retos económicos actuales: la asesoría financiera profesional.
Nuestro país enfrenta un déficit de asesores financieros en un entorno donde personas, familias y empresas demandan cada vez más acompañamiento en la toma de decisiones patrimoniales. Esta brecha no solo plantea un reto estructural, sino que también abre una oportunidad clara para quienes buscan desarrollar una carrera en la asesoría financiera con impacto real y proyección de largo plazo.
Para entender hacia dónde vamos como país en este tema y vislumbrar oportunidades, basta con observar lo que han hecho otros mercados. En Estados Unidos, la figura del asesor financiero se ha consolidado como un pilar del sistema económico, con una presencia extendida entre las familias y empresas. Brasil, por su parte, ha transformado su mercado interno mediante una profesionalización masiva de asesores autónomos que han bancarizado y sofisticado el patrimonio de millones de personas. Se estima que México cuenta con cerca de 10 mil asesores certificados por la AMIB —no todos en ejercicio—, frente a los más de 70 mil que operan en Brasil, lo que evidencia cuánto camino queda por recorrer.
La experiencia internacional ofrece señales claras sobre la evolución de esta profesión. En Estados Unidos, la asesoría financiera se ha consolidado como una carrera estratégica dentro del ecosistema económico. Los asesores no solo gestionan inversiones, sino que actúan como arquitectos del bienestar financiero de sus clientes, integrando planeación fiscal, sucesoria y patrimonial.
Brasil ha vivido en los últimos años una expansión acelerada del sector, impulsada por mayor educación financiera, programas de capacitación y certificación, y un marco regulatorio que profesionalizó la actividad. El resultado ha sido una creciente demanda de asesores bien formados y con visión de largo plazo.
En México, la baja penetración de la asesoría financiera formal contrasta con un mercado potencialmente enorme: millones de personas con capacidad de ahorro. Las cifras de la AMIB y del Banco de México, al cierre de diciembre de 2025, lo confirman: existen 5.3 billones de pesos en depósitos a la vista y cerca de 4.7 billones adicionales en depósitos a plazo. En conjunto, el monto supera los 10 billones de pesos invertidos en instrumentos bancarios tradicionales, en lugar de contar con una asignación de capital más eficiente acompañada por asesoría profesional.
El entorno económico del país, aun con sus desafíos, puede convertirse en un terreno fértil para generar valor cuando existe orientación financiera adecuada.
Desde una perspectiva profesional, la asesoría financiera se perfila además como una de las carreras con mayor proyección en México. Combina estabilidad con potencial de crecimiento, ingresos vinculados al desempeño y la posibilidad de construir relaciones de largo plazo basadas en la confianza. Pero, sobre todo, ofrece un propósito claro: ayudar a las personas a alcanzar sus metas mediante decisiones financieras mejor informadas.
Frente a este panorama, el desafío es doble: formar a más asesores con altos estándares éticos y técnicos, y construir confianza en una población que históricamente ha sido cautelosa frente a los servicios financieros. Si México avanza en ambos frentes, la asesoría financiera puede consolidarse como un verdadero motor de desarrollo económico y bienestar social.
En un país que necesita planear mejor su futuro financiero, el asesor tiene un papel protagónico cada vez más reconocido. Quienes decidan profesionalizarse hoy, bajo altos estándares éticos y de certificación, no solo estarán ocupando un espacio disponible: estarán contribuyendo a construir los cimientos del México patrimonial del mañana.