Cuando el refugio seguro tiembla: lo que realmente implica un dólar más débil

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Durante décadas, los inversionistas de todo el mundo han tratado al dólar estadounidense como el refugio definitivo. En momentos de tensión global, el capital fluía hacia los bonos del Tesoro; cuando aumentaba la incertidumbre, el dólar se fortalecía. Este patrón fue tan consistente que muchos llegaron a considerarlo una ley de la naturaleza, y no el resultado de incentivos, instituciones y credibilidad en la política económica.

Pero los mercados no se rigen por tradición ni por narrativa. Se rigen por expectativas, rendimientos relativos y confianza institucional. Y cuando esas variables cambian, los precios se ajustan —a veces de manera abrupta.

Los acontecimientos recientes sugieren que el estatus privilegiado del dólar podría estar entrando en una fase mayor fragilidad. El problema no es que exista otra moneda lista para reemplazarlo. El verdadero punto es que los fundamentos que sostienen la demanda global de dólares —desempeño superior de los activos estadounidenses, estabilidad institucional y previsibilidad en la política económica— muestran señales de presión. Para el inversionista mexicano, esto no es un debate geopolítico abstracto. Es una cuestión de asignación estratégica de portafolio.

 

La fortaleza del dólar no es un derecho adquirido

El papel global del dólar descansa sobre tres pilares:

  1. Mercados de capital profundos y líquidos
  2. Instituciones monetarias creíbles
  3. Rendimientos ajustados por riesgo superiores en los activos estadounidenses

Nada de esto es automático. Cada uno de estos elementos debe sostenerse mediante disciplina fiscal, independencia monetaria y desempeño económico.

Históricamente, cuando los mercados globales enfrentaban turbulencia, los inversionistas compraban bonos del Tesoro estadounidense. Ese flujo fortalecía al dólar. Sin embargo, este comportamiento de “refugio seguro” depende de una condición crucial: que la fuente de inestabilidad se origine fuera de Estados Unidos.

Cuando la incertidumbre política, los desequilibrios fiscales o la interferencia institucional se originan dentro del propio país, los bonos del Tesoro pierden parte de su capacidad de aislar al inversionista del shock. En ese contexto, las tasas de interés pueden subir incluso cuando las bolsas caen. Ese cambio altera la dinámica tradicional de los flujos de capital internacionales.

Los mercados son anticipatorios. No valoran únicamente la situación actual, sino las expectativas sobre el régimen futuro de política económica. Si los inversionistas comienzan a asignar una probabilidad, aunque sea modesta, a escenarios de menor disciplina monetaria o fiscal, ese riesgo se incorpora de forma inmediata en el tipo de cambio.

 

Lo que ha cambiado en los flujos globales de capital

Existe además un cambio estructural relevante.

Hace veinte años, la demanda extranjera por activos denominados en dólares provenía en gran medida de reservas internacionales y tenencias oficiales. Los bancos centrales acumulaban bonos del Tesoro como mecanismo de protección. Esa demanda era relativamente estable.

Hoy la composición es distinta.

La mayor parte de los activos estadounidenses en manos extranjeras corresponde a acciones, no a deuda soberana. Los inversionistas internacionales han invertido en acciones estadounidenses por sus altos rendimientos, particularmente en el sector tecnológico. La motivación pasó de la seguridad a la rentabilidad.

Esto tiene implicaciones profundas.

El capital que busca protección es relativamente estable.
El capital que busca rendimiento es inherentemente móvil.

Si las acciones estadounidenses dejan de liderar el desempeño global de manera sostenida, los portafolios se reequilibrarán. Y dado que los índices globales están ponderados por capitalización de mercado, una depreciación del dólar reduce de manera mecánica el peso de Estados Unidos en dichos índices, obligando a los inversionistas que siguen benchmarks a vender más activos estadounidenses.

No es psicología. Es aritmética.

Entre 2002 y 2008, tras el colapso de las empresas “puntocom”, las bolsas estadounidenses tuvieron un desempeño inferior al de Europa y varios mercados emergentes. Durante ese periodo, el dólar se depreció cerca de 40%. Y ese episodio ocurrió cuando los bancos centrales aún acumulaban reservas en dólares. Hoy ese soporte estructural es considerablemente menor.

Si se repite un ciclo similar, el ajuste podría ser más pronunciado.

 

La cobertura cambiaria como señal temprana

Un fenómeno menos visible, pero relevante, es el aumento en las coberturas cambiarias.

Muchos inversionistas extranjeros que antes mantenían activos en dólares sin cubrir riesgo cambiario ahora están cubriendo su exposición. Este proceso implica vender dólares en los mercados de derivados. Aunque no se vendan los activos subyacentes, el efecto mecánico es una presión bajista sobre la moneda.

Los ajustes cambiarios suelen comenzar así:
no con pánico,
sino con prudencia.

Los grandes fondos de pensiones y fondos soberanos se mueven lentamente. Pero cuando modifican sus lineamientos estratégicos, los flujos se desarrollan de forma persistente durante años.

Una erosión gradual puede ser más poderosa que una crisis súbita.

 

Tasas de interés y atractivo relativo

También se observa un cambio en los mercados de deuda.

Los rendimientos de bonos gubernamentales en otros países del G7 han aumentado en relación con los bonos del Tesoro estadounidense. La diferencia de tasas que antes favorecía ampliamente a Estados Unidos se ha reducido de forma significativa.

En mercados financieros integrados, los inversionistas comparan rendimientos esperados ajustados por riesgo cambiario. Si el diferencial se estrecha y los costos de cobertura aumentan, los bonos del Tesoro se vuelven relativamente menos atractivos.

El soporte del dólar depende cada vez más del desempeño superior de los activos estadounidenses, no de una demanda estructural de reservas.

Esa es una base frágil.

 

Credibilidad institucional e independencia monetaria

El tipo de cambio refleja expectativas sobre la estabilidad monetaria.

Un banco central percibido como políticamente influenciado o menos comprometido con la estabilidad de precios verá su moneda descontada por el mercado.

La credibilidad tarda años en construirse y puede deteriorarse con rapidez.

Los episodios inflacionarios en la historia no comenzaron con un colapso abrupto, sino con dudas graduales sobre la disciplina institucional.

El dinero estable no es producto de buenas intenciones, sino de reglas claras, incentivos correctos y restricciones institucionales efectivas.

Si los déficits fiscales crecen persistentemente y la autoridad monetaria es presionada para acomodarlos, los mercados ajustarán las expectativas de inflación y el valor de la moneda.

 

Reflexión final: disciplina, diversificación y asesoría profesional

Un periodo de debilidad del dólar no implica una crisis inevitable. Es una señal. Refleja cambios en expectativas de crecimiento, inflación y credibilidad institucional.

Para el inversionista disciplinado, estos ajustes generan oportunidades, pero solo si el portafolio está estructurado bajo principios sólidos de riesgo y rendimiento de largo plazo.

Hay un principio fundamental: la diversificación no es una recomendación retórica; es una necesidad técnica. Ningún país, sector o moneda domina de manera permanente. Una concentración excesiva —ya sea en acciones tecnológicas estadounidenses o en una sola divisa— amplifica la vulnerabilidad ante cambios de régimen.

Sin embargo, diversificar no significa simplemente repartir activos sin criterio. Requiere análisis riguroso de rendimientos esperados, volatilidad, correlaciones y exposición cambiaria. Exige disciplina cuando el mercado premia la concentración y prudencia cuando el entusiasmo se vuelve excesivo.

Para la mayoría de los inversionistas, implementar una estrategia verdaderamente robusta demanda experiencia, estructura y gobierno de inversión. Un asesor financiero profesional agrega valor no por predecir el tipo de cambio, sino por construir portafolios resilientes, gestionar riesgos y preservar la coherencia estratégica cuando el entorno mediático induce reacciones impulsivas.

El dólar puede mantenerse dominante. Puede debilitarse más. Ambos escenarios son posibles.

Lo relevante no es anticipar cada movimiento cambiario, sino diseñar un portafolio capaz de resistir múltiples escenarios.

Las monedas se ajustan. Los mercados se revalúan. Los incentivos cambian.

Los inversionistas que diversifican de manera disciplinada y cuentan con asesoría profesional estarán mejor posicionados para navegar esos ajustes —y para capitalizar las oportunidades que inevitablemente surgen en el proceso.

  • Fama, Eugene F. (1970). “Efficient Capital Markets: A Review of Theory and Empirical Work.” Journal of Finance.
  • Fama, Eugene F., y Kenneth French (1992). “The Cross-Section of Expected Stock Returns.” Journal of Finance.
  • Friedman, Milton (1953). “The Case for Flexible Exchange Rates.” Essays in Positive Economics.
  • Friedman, Milton y Anna Schwartz (1963). A Monetary History of the United States.
  • Obstfeld, Maurice y Kenneth Rogoff (1996). Foundations of International Macroeconomics.

[1]  The Economist (2026). “Why the dollar may have much further to fall.” Febrero 5.

Autor

Julio Cacho

Autor

Julio Cacho

Miembro de la Facultad de Economía en Rice University, especialista en inversiones cuantitativas y gestión de riesgos con más de 20 años de experiencia. Ha publicado diversos artículos en revistas académicas. Actuario y Economista (ITAM) con Doctorado en Economía y Finanzas por Princeton University.
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