El auge y la caída de los negocios: lo que los datos nos enseñan sobre cómo invertir
Cuando un emprendedor abre un negocio, está convencido de que será el suyo el que sobreviva. Cuando un inversionista compra una acción, está convencido de que será esa la que multiplique su patrimonio. Ambos comparten una creencia profundamente humana —y profundamente equivocada— acerca de su propia capacidad para predecir el futuro. Los datos, observados con frialdad durante un siglo de mercados, cuentan una historia muy distinta. Y esa historia tiene implicaciones directas para usted.
Los negocios mueren mucho más de lo que creemos
Empecemos por las cifras. En Estados Unidos, la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) lleva más de tres décadas siguiendo la suerte de cada negocio nuevo. Sus resultados son consistentes año tras año: cerca del 20% de los negocios nuevos cierran en su primer año, alrededor del 50% no llegan a los cinco años, y aproximadamente dos terceras partes han desaparecido al cumplir diez años.
En México el panorama no es más alentador. Según los estudios de demografía de los negocios del INEGI, la esperanza de vida promedio de un establecimiento al momento de su nacimiento es de apenas 7.7 años. Dependiendo del sector, entre el 60% y el 70% de los negocios mexicanos cierran sus puertas antes de cumplir cinco años.
Y esto no es sólo un fenómeno de pequeños negocios. De las 500 empresas más grandes que componían el índice Fortune 500 en 1955, menos de 60 siguen existiendo hoy. Según las proyecciones de Innosight, la vida promedio de una empresa dentro del S&P 500 ha caído de aproximadamente 61 años en la década de los cincuenta a menos de 20 años en la actualidad.
Sears dominó el comercio minorista estadounidense durante casi un siglo. Kodak inventó la cámara digital y, paradójicamente, fue destruida por la fotografía digital. Blockbuster tuvo la oportunidad de comprar Netflix por 50 millones de dólares en el año 2000 y la rechazó. Pan Am, en algún momento la aerolínea más prestigiada del mundo, ya no existe. La lista es interminable.
La competencia es el motor —y nadie sabe quién ganará
Thomas Sowell, en Basic Economics, dedica un capítulo entero a explicar por qué las empresas suben y caen. Su conclusión es directa: no caen por mala suerte ni por la incompetencia de sus directivos. Caen porque otras empresas, frecuentemente recién nacidas o ignoradas, encuentran formas mejores, más baratas o convenientes de servir al mismo cliente. La competencia es el motor implacable que reordena constantemente la economía.
Y aquí está el punto incómodo: la competencia no sólo decide quién cae. Decide quién sube. Y esa decisión es, por su propia naturaleza, imposible de anticipar con plena confianza.
Si fuera posible predecir, en 1997, que una pequeña librería en línea llamada Amazon valdría más de un billón de dólares dos décadas después, alguien lo habría hecho. Si fuera posible predecir, en ese mismo 1997, que Apple —al borde de la quiebra— se convertiría en la empresa más valiosa del planeta, alguien lo habría hecho. Nadie lo hizo. Ni los mejores analistas de Wall Street, ni los gestores estrella, ni los visionarios. La razón es simple: si todos pudieran anticiparlo, los precios ya reflejarían esa información y la oportunidad desaparecería.
La matemática silenciosa de las ganadoras
Hendrik Bessembinder, profesor de finanzas en Arizona State University, publicó en 2018 uno de los estudios más reveladores de las últimas décadas sobre la bolsa estadounidense. Analizó el rendimiento de todas las acciones cotizadas en Estados Unidos desde 1926. Su hallazgo central es perturbador: apenas el 4% de las acciones generó la totalidad del crecimiento neto de riqueza de la bolsa durante casi un siglo. Más del 58% de las acciones, medidas a lo largo de su vida útil, rindieron menos que las letras del Tesoro estadounidense.
Léalo otra vez. La mayoría de las acciones, individualmente, fueron una peor inversión que bonos prácticamente sin riesgo. Un puñado pequeño concentró toda la riqueza que creó la bolsa.
Esto cambia por completo la forma de pensar la inversión. Si usted elige una acción al azar, lo más probable matemáticamente es que pierda frente a un instrumento seguro. La única manera de asegurarse de tener en su cartera a las pocas grandes ganadoras —cuyo nombre nadie conoce de antemano— es tenerlas todas.
La conclusión práctica
De aquí se desprende un argumento simple y poderoso a favor de la diversificación, y específicamente a favor de un fondo indexado global de acciones.
Un índice global le entrega, a un costo prácticamente nulo, miles de empresas en docenas de países. Usted no necesita saber cuál será la próxima Amazon, ni la próxima Kodak, ni la próxima Blockbuster. Las ganadoras estarán dentro de su cartera. Las perdedoras también, pero su impacto estará limitado, mientras que las ganadoras —ese 4% que mueve todo— compensarán a las demás con creces.
Diversificar no elimina todos los riesgos. Cuando cae el mercado entero, cae también su cartera; eso es inevitable y es, de hecho, la razón por la que las acciones rinden más que los bonos en el largo plazo. Pero sí elimina el riesgo más costoso y evitable: el de haber apostado a la empresa equivocada.
Compare ahora las dos rutas. El emprendedor mexicano promedio invierte capital, tiempo y reputación en un negocio que estadísticamente tiene cerca de dos terceras partes de probabilidad de cerrar en cinco años. El inversionista que coloca su capital en un índice global de acciones ha obtenido, históricamente, un rendimiento real cercano al 6% o 7% anual, con liquidez diaria y sin tener que administrar nada.
Esto no es un argumento contra emprender. Emprender tiene valor mucho más allá del retorno financiero: vocación, propósito, autonomía, impacto. Pero si su objetivo es estrictamente financiero, la matemática y la historia favorecen abrumadoramente al inversionista diversificado.
Lo que el mercado realmente premia
El mercado no premia a quien adivina ganadores. Premia a quien acepta que la incertidumbre es la regla, no la excepción, y se posiciona para beneficiarse del progreso económico sin importar qué empresas específicas suban o caigan. La evidencia es contundente: el inversionista diversificado obtiene, con mayor consistencia y menor esfuerzo, mejores resultados financieros que quien apuesta a empresas individuales o intenta adivinar al próximo ganador.
Pero saberlo y vivirlo son cosas distintas. La mayor parte del rendimiento que el inversionista promedio deja sobre la mesa no se pierde por una mala estrategia, sino por un mal comportamiento en momentos críticos: vender cuando los mercados caen, comprar cuando los titulares entusiasman, abandonar el plan cuando el vecino presume una ganancia extraordinaria en una acción específica. Por esa razón, contar con un asesor financiero profesional —uno que respete la evidencia, que no le prometa adivinar el futuro, que le ayude a construir una cartera diversificada acorde a sus objetivos, su horizonte y su tolerancia al riesgo, y que esté presente cuando los mercados se vuelvan incómodos— suele ser uno de los mejores aliados que un inversionista puede tener. No para vencer al mercado, sino para no vencerse a sí mismo.
La humildad ante el futuro es una virtud poco celebrada en las finanzas. También es, según un siglo de datos, la más rentable.
- Bessembinder, H. (2018). “Do Stocks Outperform Treasury Bills?” Journal of Financial Economics, 129(3), 440–457.
- Fama, E. F. (1970). “Efficient Capital Markets: A Review of Theory and Empirical Work.” Journal of Finance, 25(2), 383–417.
- Fama, E. F., & French, K. R. (1992). “The Cross-Section of Expected Stock Returns.” Journal of Finance, 47(2), 427–465.
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Esperanza de vida de los negocios en México. Estudios sobre demografía de los negocios.
- Innosight — Anthony, S. D., Viguerie, S. P., Schwartz, E. I., & Van Landeghem, J. Corporate Longevity Forecast: Creative Destruction is Accelerating. Innosight Executive Briefing.
- Schumpeter, J. A. (1942). Capitalism, Socialism and Democracy. Harper & Brothers.
- Sowell, T. (2014). Basic Economics: A Common Sense Guide to the Economy (5th ed.). Basic Books. Capítulo: “The Rise and Fall of Businesses.”
- U.S. Bureau of Labor Statistics. Business Employment Dynamics: Entrepreneurship and the U.S. Economy.