Ya ganó el juego: por qué no necesita batear otro home run

Comparte

Si usted está leyendo esto, es probable que ya haya hecho algo que muy pocas personas logran: construir un negocio que funcionó. Tuvo una idea, asumió un riesgo enorme, trabajó años sin garantías, y ganó. Hoy tiene un patrimonio que la gran mayoría de los emprendedores nunca alcanzará. Lo felicito sinceramente.

Y precisamente por eso necesito ser directo con usted. El mayor riesgo para su patrimonio ya no es el mercado. Es usted mismo, y la tentación perfectamente humana de volver a batear para las gradas.

 

La trampa del sobreviviente

Cuando uno gana, la mente construye una historia. “Gané porque soy bueno, porque vi lo que otros no vieron, porque trabajé más duro.” Esa historia es reconfortante y probablemente contiene algo de verdad. Pero está incompleta de una forma peligrosa.

Usted ve su propia victoria con absoluta claridad. Lo que no ve es el cementerio. No ve a las decenas o cientos de personas que tuvieron una idea igual de buena, que trabajaron igual de duro, que asumieron el mismo riesgo, y que fracasaron por razones que nada tuvieron que ver con su talento: un competidor llegó antes, cambió una regulación, se movió una tasa de interés, se agotó el capital una semana antes del punto de equilibrio. Esos emprendedores no escriben libros ni dan conferencias. Desaparecieron del registro.

Los datos lo confirman en el episodio anterior de esta conversación: dos terceras partes de los negocios cierran antes de los diez años, y la competencia que los derriba es, por su naturaleza, impredecible. Su éxito fue real. Pero la parte que se debió a la suerte, al momento correcto, a la circunstancia irrepetible, es mucho mayor de lo que la mente quiere admitir. Y la suerte, por definición, no se puede convocar a voluntad dos veces.

 

¿El éxito se repite? La evidencia dice: poco

Esta no es una opinión motivacional invertida. Es una pregunta empírica, y ha sido estudiada con rigor.

El estudio más citado sobre el tema, de Gompers, Kovner, Lerner y Scharfstein, analizó a miles de emprendedores respaldados por capital de riesgo. Su hallazgo es matizado pero contundente. Sí existe cierta persistencia: un emprendedor que ya tuvo un éxito tiene mayor probabilidad de volver a triunfar que uno primerizo. Pero la magnitud es modesta. La tasa de éxito de un emprendedor probado en su siguiente proyecto ronda el treinta por ciento. Dicho de otro modo: alrededor de siete de cada diez emprendedores que ya ganaron una vez, fracasan en su siguiente intento.

Léalo de nuevo. Aun siendo un ganador comprobado, lo más probable, por un margen amplio, es que su próxima apuesta no funcione. Y los autores encontraron algo aún más revelador: buena parte de esa persistencia no se explicaba por una habilidad superior, sino por el talento para entrar en la industria correcta en el momento correcto. Es decir, por leer bien una ola que, tarde o temprano, también rompe.

 

La paradoja que casi nadie conoce

Hay un hallazgo en la literatura financiera que debería estar grabado en la pared de todo emprendedor exitoso. Moskowitz y Vissing-Jørgensen lo llamaron “la paradoja de la prima del capital privado.”

La intuición dice que invertir todo su capital en un solo negocio privado —arriesgado, ilíquido, imposible de diversificar— debería pagar un rendimiento mucho mayor que el mercado accionario, como compensación por todo ese riesgo extra. Los autores midieron los rendimientos reales de la inversión empresarial privada en su conjunto durante décadas. El resultado fue desconcertante: en promedio, el capital invertido en negocios privados no rindió más que un índice del mercado accionario.

Piense en lo que eso significa. Como grupo, los emprendedores asumieron un riesgo descomunal —concentrar su patrimonio en un solo activo frágil— y el mercado no les pagó una prima por hacerlo. Usted fue una de las excepciones afortunadas que sí ganó. La pregunta es si quiere volver a entrar a un juego donde, en promedio, el riesgo enorme no se ve recompensado.

 

Por qué concentrar fue inteligente, y dejar de concentrar también lo es

Cuando usted construía su negocio, tenía casi todo su patrimonio en un solo activo. Eso fue racional: era la única forma de crear esa riqueza, y usted tenía control e información que nadie más tenía.

Pero ese argumento se invierte por completo una vez que ya ganó. Mantener su fortuna concentrada —ya sea en su empresa, en su industria, o en una nueva gran apuesta— ya no le paga por el riesgo que corre. Los mercados recompensan el riesgo que no se puede evitar, el del sistema económico completo. No recompensan el riesgo de poner todos los huevos en una sola canasta, porque ese riesgo usted puede eliminarlo gratis, simplemente diversificando. Cargar con un riesgo que el mercado no paga es, financieramente, regalar dinero.

 

La asimetría que lo cambia todo

Existe una razón aún más profunda, y tiene que ver con usted como ser humano, no como una hoja de cálculo.

Cuando usted no tenía nada, arriesgarlo todo tenía sentido: la diferencia entre cero y un poco era enorme, y la diferencia entre cero y perder seguía siendo cero. Hoy su situación es la opuesta. Ya tiene lo suficiente para vivir bien el resto de su vida. El siguiente millón le cambiaría la vida mucho menos de lo que perder lo que ya tiene se la destruiría. Esa asimetría es la regla más antigua y sabia de las finanzas: cuando ya ganó el juego, deje de jugar como si no tuviera nada que perder.

Los estudios del comportamiento humano documentan que, tras una gran ganancia, la gente tiende a arriesgar con más audacia, como si jugara “con el dinero de la casa.” Es una ilusión costosa. Ese dinero ya es suyo, y perderlo dolería exactamente igual que perder cualquier otro.

 

La conclusión

El movimiento más inteligente que puede hacer un emprendedor que acaba de ganar rara vez es buscar el siguiente home run. Es convertir esa victoria concentrada y frágil en un patrimonio diversificado y duradero: distribuirlo en un índice global de acciones que le entrega, a costo casi nulo, miles de empresas en docenas de países, y que históricamente ha entregado un rendimiento real cercano al seis o siete por ciento anual —es decir, por encima de la inflación, ya descontada— sin pedirle que adivine nada ni que vuelva a apostarlo todo.

Esto no significa que nunca deba volver a emprender. Si lo hace, que sea con una porción de su capital que pueda perder sin alterar su vida, no con la totalidad de lo que tanto le costó construir.

Y aquí, más que en ningún otro momento, vale la pena un asesor financiero profesional. No porque usted no sea capaz —ya demostró que lo es—, sino porque la persona menos objetiva sobre su propio éxito es siempre uno mismo. Un buen asesor lo ayudará a separar la suerte del talento, a estructurar la transición de un patrimonio concentrado a uno diversificado de forma eficiente, y a protegerlo del enemigo más peligroso que enfrenta ahora: la confianza que le dio haber ganado.

Ganó el juego. Lo más valiente que puede hacer ahora no es volver a arriesgarlo todo. Es tener la disciplina de conservarlo.

  • Bernoulli, D. (1738). “Exposition of a New Theory on the Measurement of Risk.” Traducción en Econometrica, 22(1), 1954.
  • Bessembinder, H. (2018). “Do Stocks Outperform Treasury Bills?” Journal of Financial Economics, 129(3), 440–457.
  • Fama, E. F., & French, K. R. (1992). “The Cross-Section of Expected Stock Returns.” Journal of Finance, 47(2), 427–465.
  • Gompers, P., Kovner, A., Lerner, J., & Scharfstein, D. (2010). “Performance Persistence in Entrepreneurship.” Journal of Financial Economics, 96(1), 18–32.
  • Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow. Farrar, Straus and Giroux.
  • Moskowitz, T. J., & Vissing-Jørgensen, A. (2002). “The Returns to Entrepreneurial Investment: A Private Equity Premium Puzzle.” American Economic Review, 92(4), 745–778.
  • Sowell, T. (2014). Basic Economics: A Common Sense Guide to the Economy (5th ed.). Basic Books.
  • Thaler, R. H., & Johnson, E. J. (1990). “Gambling with the House Money and Trying to Break Even.” Management Science, 36(6), 643–660.

Autor

Julio Cacho

Autor

Julio Cacho

Miembro de la Facultad de Economía en Rice University, especialista en inversiones cuantitativas y gestión de riesgos con más de 20 años de experiencia. Ha publicado diversos artículos en revistas académicas. Actuario y Economista (ITAM) con Doctorado en Economía y Finanzas por Princeton University.
Quiero asesoría
Tu conversación con GBM Advisory