¿Apalancarse para invertir en bolsa? Lo que dice la evidencia sobre cuándo, cuánto y para quién
El apalancamiento, es decir, invertir con dinero prestado, tiene mala reputación, y en buena parte la merece. Pero hay una literatura académica seria que pregunta algo distinto: si un apalancamiento modesto, temporal y sobre un portafolio diversificado puede ser, paradójicamente, una herramienta de diversificación. La respuesta es más matizada de lo que sugieren sus promotores y sus detractores.
La idea: diversificar también en el tiempo
La teoría clásica de la inversión a lo largo de la vida, formalizada a finales de los años sesenta, concluye algo sorprendente: la fracción del patrimonio total que debe estar en acciones no depende de la edad. El problema está en la palabra “total”. Para alguien de veinticinco años, la mayor parte de su riqueza no está en su cuenta de inversión, sino en el valor presente de sus ingresos futuros. Aunque invierta el cien por ciento de sus ahorros actuales en acciones, eso puede ser menos del diez por ciento de su riqueza de vida. La consecuencia es que la mayoría de las personas tienen casi nada en el mercado cuando son jóvenes y mucho cerca del retiro: su exposición accionaria queda concentrada en los últimos diez o quince años de vida laboral. Es una falta de diversificación, no entre activos, sino entre años.
Ayres y Nalebuff (2008, 2013) propusieron corregir esto con un apalancamiento máximo de dos a uno sobre un índice diversificado en los primeros años, reducido gradualmente hasta desaparecer antes del retiro. Con datos de Estados Unidos desde 1871, esta estrategia produjo en promedio un patrimonio al retiro cerca de noventa por ciento mayor que un fondo de ciclo de vida y alrededor de veinte por ciento mayor que invertir siempre el cien por ciento en acciones, con un patrimonio mínimo también superior. El resultado más revelador es otro: una estrategia apalancada calibrada al mismo rendimiento promedio que una asignación constante redujo la dispersión de resultados en más de veinte por ciento. Ese es el argumento de diversificación, y no depende del tamaño de la prima accionaria.
Lo que la evidencia no prueba
Conviene ser honestos sobre las limitaciones. Ciento treinta y siete años de datos contienen apenas tres ventanas independientes de cuarenta y cuatro años, y cuando los propios autores simulan carreras con retornos sorteados al azar, la ventaja deja de ser uniforme: para inversionistas con aversión al riesgo alta, la estrategia produce peores resultados, no mejores.
Segundo, sólo funciona si el rendimiento esperado de las acciones supera el costo de financiamiento, y las tasas que enfrenta un inversionista individual suelen ser bastante más altas que las institucionales que asumen los autores. Tercero, el capital humano: si tu ingreso ya está correlacionado con el mercado, porque trabajas en finanzas o dependes de tu propia empresa, ya estás apalancado sin saberlo, y lo óptimo puede ser tener menos acciones, no más (Benzoni y coautores, 2007).
Cuarto, la conducta. Cuando el regulador estadounidense limitó el apalancamiento a operadores minoristas de divisas, las pérdidas de los más apalancados cayeron alrededor de cuarenta por ciento (Heimer y Simsek, 2019). El apalancamiento mecánico sobre un índice y el apalancamiento en manos de quien opera activamente son animales muy distintos.
Por último, con datos de treinta y nueve países, Anarkulova, Cederburg y O’Doherty (2025) encuentran que un portafolio cien por ciento accionario y global, sin apalancamiento, ya supera ampliamente a los fondos de ciclo de vida. Esa muestra también recuerda que la experiencia estadounidense fue inusualmente favorable: cautela con estrategias calibradas sólo con datos de ese país.
Casa, negocio o mercado global: tres formas de apalancarse
La mayoría de las familias mexicanas ya están apalancadas, y de forma más agresiva de lo que aquí se discute: una hipoteca típica financia ocho o nueve pesos de cada diez del valor de una casa. Otras lo hacen con un negocio propio, con deuda o con casi todo su patrimonio en una sola empresa. Comparemos, en términos estrictamente financieros y dejando de lado que en la casa se vive y que el negocio da autonomía, qué ocurre al apalancar tres activos distintos.
Primera pregunta: ¿cuántos activos hay detrás? En la casa, uno, en una sola colonia. En el negocio, uno. En un índice global, miles de empresas en decenas de países. Esto importa porque el riesgo propio de un activo, el que no depende del mercado sino de esa casa o ese negocio, es enorme y no está compensado: cualquiera puede eliminarlo diversificando. Según INEGI, una tercera parte de los negocios en México muere en su primer año y sesenta y cinco por ciento antes de cumplir cinco. Moskowitz y Vissing-Jørgensen (2002) encontraron que el rendimiento promedio de los negocios propios en Estados Unidos no superó al del mercado accionario pese a esa concentración; Kartashova (2014) sí halla una prima entre 1999 y 2007, así que el resultado no es uniforme, pero en ningún caso compensa el riesgo asumido. En vivienda, Giacoletti (2021) documenta que una casa individual carga un riesgo propio de alrededor de doce por ciento anual a cinco años, invisible en los índices agregados.
Segunda pregunta: ¿qué caída borra su capital? Con una hipoteca a ocho a uno, una baja de doce por ciento en el precio de la casa. Con dos a uno sobre un índice global, una caída de cincuenta por ciento del mercado mundial entero. Tercera pregunta: ¿puede salirse mañana? El índice, sí, a un precio conocido. La casa y el negocio, no.
Hay que ser justos con la hipoteca en dos puntos: el banco no le exige vender cuando la casa baja de precio, y la tasa es fija a veinte años. Dicho simple: la hipoteca es un buen crédito sobre un activo mal diversificado; el margen es un crédito más frágil sobre un activo mucho mejor diversificado. Y no es que el mercado global rinda más: a nivel agregado, la vivienda ha rendido de forma comparable a las acciones (Jordà y coautores, 2019). Es que ofrece menos maneras de perderlo todo. Tampoco garantiza nada: Anarkulova y coautores (2022) estiman cerca de doce por ciento de probabilidad de perder frente a la inflación a treinta años sin apalancamiento; con dos a uno, esa cola es más gruesa.
¿Para quién y cuándo?
El perfil que podría considerar un apalancamiento moderado es específico: alguien joven, cuya riqueza de vida está mayoritariamente en el futuro; con ingreso estable y poco correlacionado con el mercado; con capacidad de seguir ahorrando tras una caída fuerte, porque en 1929 un inversionista apalancado dos a uno perdió más de cincuenta por ciento en un solo mes; con financiamiento barato; con la disciplina de reducir el apalancamiento según un calendario fijado de antemano, no según su intuición; y siempre sobre un índice amplio, nunca sobre acciones individuales, sin exceder dos a uno.
No encaja quien está cerca del retiro, quien tiene ingresos ligados al mercado o aversión al riesgo alta, quien pagaría tasas de crédito de consumo, y sobre todo quien vería en el apalancamiento una forma de “recuperar” pérdidas o de concentrarse en una idea.
Una herramienta, no una estrategia
El apalancamiento no es una estrategia; es una herramienta. La estrategia sigue siendo la diversificación, entre activos y a lo largo del tiempo. Y porque la decisión depende de su edad, su capital humano, su tolerancia real al riesgo y su capacidad de mantener el rumbo cuando el mercado cae, se toma mejor acompañado. El valor de un asesor profesional no está en predecir el mercado, sino en ayudar a determinar con honestidad si tu perfil justifica esta herramienta y, si lo justifica, en diseñar el calendario de desapalancamiento y sostenerlo el día en que más difícil resulte.
- Anarkulova, A., Cederburg, S. y O’Doherty, M. S. (2022). Stocks for the Long Run? Evidence from a Broad Sample of Developed Markets. Journal of Financial Economics, 143(1), 409–433.
- Anarkulova, A., Cederburg, S. y O’Doherty, M. S. (2025). Beyond the Status Quo: A Critical Assessment of Lifecycle Investment Advice. Working Paper, SSRN.
- Ayres, I. y Nalebuff, B. J. (2008). Life-Cycle Investing and Leverage: Buying Stock on Margin Can Reduce Retirement Risk. NBER Working Paper No. 14094.
- Ayres, I. y Nalebuff, B. J. (2013). Diversification Across Time. Journal of Portfolio Management, 39(2), 73–86.
- Benzoni, L., Collin-Dufresne, P. y Goldstein, R. S. (2007). Portfolio Choice over the Life-Cycle when the Stock and Labor Markets Are Cointegrated. Journal of Finance, 62(5), 2123–2167.
- Fama, E. F. y French, K. R. (2002). The Equity Premium. Journal of Finance, 57(2), 637–659.
- Giacoletti, M. (2021). Idiosyncratic Risk in Housing Markets. Review of Financial Studies, 34(8), 3695–3741.
- Heimer, R. y Simsek, A. (2019). Should Retail Investors’ Leverage Be Limited? Journal of Financial Economics, 132(3), 1–21.
- INEGI (2015). Esperanza de vida de los negocios en México. Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
- Jordà, Ò., Knoll, K., Kuvshinov, D., Schularick, M. y Taylor, A. M. (2019). The Rate of Return on Everything, 1870–2015. Quarterly Journal of Economics, 134(3), 1225–1298.
- Kartashova, K. (2014). Private Equity Premium Puzzle Revisited. American Economic Review, 104(10), 3297–3334.
- Merton, R. C. (1969). Lifetime Portfolio Selection under Uncertainty: The Continuous-Time Case. Review of Economics and Statistics, 51(3), 247–257.
- Moskowitz, T. J. y Vissing-Jørgensen, A. (2002). The Returns to Entrepreneurial Investment: A Private Equity Premium Puzzle? American Economic Review, 92(4), 745–778.
- Samuelson, P. A. (1969). Lifetime Portfolio Selection by Dynamic Stochastic Programming. Review of Economics and Statistics, 51(3), 239–246.