La “economía del año” 2025 y la pregunta que sí importa para su portafolio desde México
A finales de cada año reaparece una tentación: convertir un ranking macroeconómico en una brújula de inversión. La idea seduce porque parece objetiva: cinco indicadores, 36 países, una tabla final y un ganador. En 2025, el recuento fue particularmente atractivo porque el año pudo terminar mucho peor de lo que finalmente lo hizo. Tras la escalada arancelaria en Estados Unidos a inicios de abril, muchos inversionistas y analistas se prepararon para una recesión global marcada. Eso no ocurrió. El crecimiento mundial se sostuvo alrededor de 3%, el desempleo se mantuvo bajo en la mayoría de las economías y los mercados accionarios cerraron con ganancias “respetables”. La gran preocupación persistente fue otra: la inflación, que en gran parte del mundo desarrollado continuó por encima de las metas de los bancos centrales.
Ese contraste —actividad resistente y precios inquietos— explica la utilidad del ranking como su principal riesgo interpretativo. El ranking describe un desempeño agregado; el inversionista, en cambio, enfrenta un problema distinto: decidir una asignación de activos bajo incertidumbre, con precios que ya incorporan expectativas, y con riesgos (inflación, tipo de cambio, valuaciones) que no se resuelven por decreto.
El ranking es descriptivo; su portafolio es prospectivo
El ejercicio de The Economist ordena países usando inflación subyacente, “amplitud” de la inflación (qué tan extendidos están los aumentos de precios en la canasta), crecimiento, empleo y desempeño bursátil. Para 2025, el ganador fue Portugal. Cerca quedaron Irlanda (muy cerca del primer lugar) e Israel, y Colombia destacó por una combinación de crecimiento y mercado accionario fuerte. En la parte baja se ubicaron varias economías del norte de Europa (por ejemplo, Estonia, Finlandia y Eslovaquia). Estados Unidos quedó en la mitad: empleo sólido, pero no excepcional y una inflación relativamente alta que le restó puntos; incluso terminó detrás de Italia en el puntaje global.
Hasta ahí, el dato. El problema surge cuando se intenta dar el salto automático de “ganador macro” a “mejor apuesta de inversión”. Un ranking anual mezcla variables con dinámicas y horizontes distintos: el empleo reacciona con rezago; la inflación puede persistir; el PIB incluye mediciones con distorsiones; y el mercado accionario es una máquina de expectativas, no una encuesta de popularidad. Además, cualquier índice compuesto exige decisiones arbitrarias: pesos, normalizaciones y supuestos (por ejemplo, considerar “mejor” estar cerca de 2% de inflación). Eso puede ser razonable para comparar, pero es un error tratarlo como una receta de cartera.
La regla práctica para el inversionista mexicano es simple: el ranking resume el pasado; los activos se compran a precios que reflejan expectativas sobre el futuro. Si la información es pública y ampliamente discutida, es poco probable que sea una fuente persistente de ventaja.
Inflación: el impuesto silencioso que no perdona el ahorro
El ranking acierta en una idea central: hoy la inflación es la variable macro que más importa, porque erosiona retornos reales y obliga a los bancos centrales a elegir entre credibilidad y complacencia. Se usó inflación subyacente (excluye alimentos y energía) precisamente porque, para invertir, importa lo persistente y no lo meramente volátil.
The Economist muestra extremos ilustrativos. Turquía aparece como outlier por políticas que han permitido inflaciones muy superiores al resto. En Europa, Estonia se ubicó entre las peores por inflación subyacente elevada, reflejo de la resaca del choque energético previo. En el otro extremo, países con inflación subyacente “casi inexistente” (como Suecia) pueden sonar atractivos para consumidores cansados de aumentos de precios, pero para un banco central el riesgo cambia de nombre: deflación, caída de gasto y aumento del peso real de las deudas.
La “amplitud” de inflación refuerza el diagnóstico: no es lo mismo una inflación concentrada en pocos rubros que tenerla generalizada. Cuando una proporción alta de la canasta crece por encima de 2% anual, el problema es más difícil de revertir sin costo real.
¿Y qué tiene que ver esto con México? Mucho, por al menos tres razones:
- La inversión se vive en términos reales. Si su portafolio “gana” nominalmente, pero pierde contra la inflación —y además paga impuestos—, en realidad está retrocediendo.
- Los bancos centrales con metas explícitas viven y mueren por credibilidad. Banco de México tiene un objetivo permanente de inflación de 3%, con un intervalo de variabilidad de ±1 punto porcentual. Confundir “estar debajo de 4%” con “haber cumplido la meta” es precisamente el tipo de autoengaño que termina pagando el ahorrador, no el comentarista.
- Los shocks (aranceles, energía, logística) pueden iniciar el fuego; la política y las expectativas lo mantienen o lo apagan. Un choque puede empujar precios; la persistencia suele depender de cómo se anclan expectativas y de qué tan consistente es el marco monetario. La lección histórica es austera: la inflación no se reduce con retórica ni con “fine tuning”; se reduce con un régimen que convenza a hogares y empresas de que la moneda conservará su poder adquisitivo.
Para el inversionista, la conclusión es operativa: en un mundo donde la inflación aún “no se rinde”, la pregunta correcta no es qué país ganó el ranking, sino que parte del portafolio está diseñada para proteger el poder adquisitivo si la desinflación se estanca o se reinvierte. La respuesta puede incluir duración, instrumentos ligados a inflación, diversificación de monedas, y —sobre todo— disciplina para no tomar decisiones reactivas.
Crecimiento y empleo: los números espectaculares también mienten
Portugal destaca en el ranking por un desempeño balanceado: crecimiento sólido, inflación relativamente baja y mercado accionario fuerte. Se mencionan factores como turismo dinámico y llegada de residentes extranjeros atraídos por ventajas fiscales. Es plausible. Pero incluso aquí conviene desconfiar de la narrativa única. En mercados y economías, cuando una historia ya es popular, suele estar parcialmente incorporada en precios y valuaciones.
El caso de Irlanda es aún más educativo. El crecimiento del PIB irlandés fue “espectacular” en un trimestre (más de 12% interanual), pero el propio análisis reconoce el problema: multinacionales que registran utilidades y activos intangibles distorsionan las cuentas nacionales. Por eso las autoridades estadísticas irlandesas producen métricas alternativas como la “Modified Total Domestic Demand”, que intenta reflejar mejor la demanda interna real eliminando distorsiones asociadas a la globalización corporativa.
Esta lección no es un tecnicismo irlandés: es una vacuna contra el literalismo estadístico. Usted no invierte en el PIB; invierte en flujos de caja, costos de capital, marcos regulatorios, productividad y primas de riesgo. El PIB puede ser grande y aun así ser una mala guía para retornos accionarios futuros si las valuaciones ya anticiparon el boom o si el crecimiento se concentra en rubros que no se traducen en utilidades domésticas.
Bolsa: el mercado no premia “al ganador”, premia la sorpresa
El ranking incluye rendimiento bursátil, y ahí es donde muchos lectores —sobre todo inversionistas— cometen el error clásico: suponer que “mejor economía” implica “mejor bolsa” y que “mejor bolsa” implica “mejor inversión futura”.
Primero, incluso el ejemplo estadounidense lo desmiente. En 2025, Estados Unidos no fue el líder bursátil del ranking; tuvo ganancias razonables, pero no extraordinarias, en parte porque una porción del éxito ya se había acumulado en años previos. Precios elevados hoy reflejan, en parte, éxitos pasados y expectativas. Comprar “porque subió” no es análisis; es persecución de tendencia sin entender el precio pagado.
Segundo, el caso de Dinamarca ilustra un riesgo que el inversionista mexicano conoce bien —aunque a veces lo olvida cuando mira índices—: concentración. Un país puede tener un índice accionario fuertemente dominado por una o dos emisoras. Si una de ellas sufre una caída pronunciada, el país “sale mal” en la foto anual, aunque otras compañías estén razonables. En 2025 se citó el desplome de Novo Nordisk (por la competencia y cambios de expectativas en el mercado de medicamentos para pérdida de peso) como un factor que castigó al mercado danés.
Tercero, Israel muestra el caso inverso: un mercado local con un rally muy fuerte (se mencionó, como ejemplo, el alza pronunciada de Bank Leumi). Eso suena a oportunidad… hasta que usted recuerda el punto más importante de finanzas: en mercados líquidos, la mayor parte de la información pública ya está incorporada en el precio. Si lo leyó usted, lo leyeron miles. Si miles lo leyeron, el precio ya se movió. La pregunta siempre es la misma: ¿qué cree usted que el mercado no ha visto?
Aquí conviene tratar con pinzas la frase más peligrosa del recuento: la observación de que el “economy of the year” tiende a subir, en promedio, el año siguiente. Aun si el patrón fuese estadísticamente cierto en una muestra, no necesariamente es explotable. Puede ser un efecto de selección, una coincidencia histórica o un fenómeno que desaparece cuando se vuelve conocido. Y aunque persistiera, convertirlo en estrategia exige costos de implementación, control de riesgo y un mecanismo claro de por qué debería existir una prima “gratis”. En mercados competitivos, las primas “gratis” rara vez duran.
Qué sí puede hacer con el ranking si invierte desde México
El mejor uso del ranking no es apostar por el ganador; es utilizarlo como un checklist para disciplinar el proceso de inversión:
1) Vuelva a lo básico: objetivo real, horizonte y tolerancia al riesgo.
Si no tiene claro para qué es el dinero y cuándo lo necesitará, cualquier ranking se convierte en excusa para improvisar.
2) Separe macro (narrativa) de precio (valuación).
Que un país haya tenido un gran año no significa que sus activos estén baratos. Puede significar lo contrario.
3) Trate la inflación como variable central del portafolio.
La inflación afecta bonos, acciones, crédito y tipo de cambio. Diseñe su cartera pensando en escenarios: desinflación lenta, repunte, o estancamiento por choques.
4) Diversifique de manera deliberada (no decorativa).
Diversificación no es tener “muchos instrumentos”; es tener exposiciones distintas a riesgos distintos: regiones, sectores, estilos/factores, monedas y tipos de activo. Si una sola historia (un país, una emisora, un tema) domina su portafolio, no está diversificado.
5) Mantenga bajos costos y tenga un plan de rebalanceo.
En el mundo real, muchos inversionistas pierden más por fricción (comisiones, spreads, impuestos por rotación) y por conducta (comprar caro, vender barato) que por escoger “el país equivocado”.
Reflexión final
El ranking de “economía del año” 2025 es útil como termómetro: muestra que, pese a tensiones comerciales y una inflación aún incómoda, algunas economías lograron combinaciones mejores que otras. Pero los portafolios no se construyen con termómetros; se construye con procesos.
En términos prácticos, la mayoría de los inversionistas está mejor cuando diversifica de forma consistente con su horizonte y su perfil de riesgo: entre regiones, sectores, monedas y tipos de activo; y cuando evita convertir el “ganador del año” en la apuesta del año siguiente. La diversificación no elimina el riesgo, pero reduce la probabilidad de que un solo error de diagnóstico —o un evento concentrado en una empresa o un país— determine el futuro de su patrimonio.
Finalmente, si usted no cuenta con el tiempo, la experiencia o la infraestructura para sostener ese proceso (selección de instrumentos, control de costos, implicaciones fiscales, disciplina de rebalanceo y gestión de sesgos), apoyarse en un asesor financiero profesional puede aportar valor real. En inversión, la ventaja más común no es “adivinar el próximo ganador”, sino ejecutar con consistencia y gobernanza. Lo demás suele ser entretenimiento financiero.
- The Economist. (7 de diciembre de 2025). “Which economy did best in 2025? Our annual ranking returns.”
- OECD. (23 de septiembre de 2025). OECD Economic Outlook, Interim Report: September 2025.
- OECD. (2 de diciembre de 2025). OECD Economic Outlook, Volume 2025 Issue 2 (y comunicado “Global economy proves resilient but remains fragile”).
- Banco de México. (2019). Programa Monetario (documentos de política monetaria que reiteran el objetivo permanente de inflación de 3% y el intervalo de variabilidad de ±1 punto porcentual).
- Reuters. (15 de octubre de 2025). Nota sobre comentarios de Jonathan Heath (Banco de México) respecto a cautela en recortes de tasas ante preocupaciones de inflación.
- Central Statistics Office (Ireland). (s/f). “Total Domestic Demand and Modified Total Domestic Demand” (National Accounts Explained).
- Fama, E. F. (1970). “Efficient Capital Markets: A Review of Theory and Empirical Work.” The Journal of Finance, 25(2), 383–417.
- Friedman, M. (1968). “The Role of Monetary Policy.” The American Economic Review, 58(1), 1–17.
- Morningstar. (18 de septiembre de 2025). “Is Now a Good Time to Buy Danish Stocks?” (comentario sobre el impacto de Novo Nordisk en el desempeño del mercado danés).
- Reuters. (3 de abril de 2025). Nota sobre la reacción de mercados globales ante la implementación/anuncio de nuevos aranceles en Estados Unidos a inicios de abril de 2025.
- Congressional Research Service (CRS). (16 de septiembre de 2025). “Presidential 2025 Tariff Actions: Timeline and Status.”