La tentación de las IPO: lo que realmente dice la evidencia
Todo mercado alcista construye su propia narrativa, y una de sus versiones favoritas es la oferta pública inicial. Una empresa se presenta ante el público envuelta en crecimiento, novedad y urgencia. El lenguaje comercial es siempre familiar: este es el futuro, esto es escaso, esta es la oportunidad que no debes dejar pasar. Para el inversionista, incluido al inversionista mexicano que hoy tiene mayor acceso a estos instrumentos, la pregunta relevante no es si la historia es atractiva. La pregunta es si la aritmética ha sido favorable después de que termina la celebración.
La evidencia no es favorable al entusiasmo. Estudios previos ya sugerían un desempeño débil en el largo plazo, pero Loughran y Ritter aportaron un análisis más amplio y riguroso en The New Issues Puzzle, al examinar 4,753 IPOs emitidas entre 1970 y 1990 y medir los rendimientos desde el primer precio de mercado disponible, es decir, el precio al que realmente puede acceder el inversionista.
El hallazgo central es contundente. Durante los cinco años posteriores a la emisión, el rendimiento anual promedio de las IPOs fue cercano a 5 %, frente a aproximadamente 12 % para empresas comparables que no emitieron acciones. El “wealth relative” a cinco años fue cercano a 0.70. En términos prácticos, un inversionista habría necesitado invertir cerca de 44 % más capital en IPOs para terminar con la misma riqueza que si hubiera invertido en empresas similares ya establecidas. No se trata de una diferencia marginal; es económicamente significativa y persistente.
Además, este bajo desempeño no se concentra únicamente en los primeros meses. La evidencia muestra que los rendimientos son relativamente normales inmediatamente después de la emisión, pero el rezago se vuelve evidente en los años posteriores. Esto sugiere que el problema no es solo el entusiasmo inicial, sino que los precios de salida incorporan expectativas demasiado optimistas sobre el crecimiento futuro.
Una objeción natural es que las empresas que salen a bolsa son distintas—más pequeñas, más riesgosas y con mayor crecimiento esperado—y que sus menores rendimientos reflejan simplemente factores de riesgo conocidos. Sin embargo, la evidencia no respalda completamente esta explicación. Incluso después de ajustar por tamaño y por la relación entre valor en libros y valor de mercado, el llamado “efecto de nuevas emisiones” sigue siendo negativo. Es decir, el bajo desempeño no es únicamente un premio por riesgo; hay algo específico en el hecho de emitir capital nuevo.
También es fundamental distinguir entre dos tipos de rendimiento. El primero es el famoso “pop” del primer día, que beneficia a quienes reciben acciones al precio de colocación. El segundo es el rendimiento en el mercado secundario, que es el relevante para la mayoría de los inversionistas. La evidencia de largo plazo se refiere a este segundo caso. Una ganancia inicial para unos cuantos no implica que la inversión sea atractiva para el público en general.
¿Por qué ocurre este patrón? Una explicación plausible es que las empresas eligen salir a bolsa cuando las condiciones de mercado son particularmente favorables para vender. Períodos de alto optimismo, crecimiento reciente sólido y valuaciones elevadas permiten colocar acciones a precios atractivos—desde la perspectiva del emisor. Los inversionistas, por su parte, tienden a extrapolar el desempeño reciente demasiado hacia el futuro. Cuando el desempeño operativo no cumple con esas expectativas, los precios se ajustan gradualmente.
Esta interpretación se refuerza con evidencia adicional. Las empresas que emiten capital suelen haber experimentado fuertes rendimientos antes de la emisión, pero posteriormente presentan un desempeño inferior. Además, este efecto es más marcado en períodos con alta actividad de emisiones, lo que sugiere que las olas de IPO coinciden con momentos de valuaciones más agresivas.
Para el inversionista, la implicación es directa pero frecuentemente ignorada. Una narrativa atractiva, un alto crecimiento o un desempeño reciente sólido no garantizan rendimientos atractivos. De hecho, pueden ser señales de lo contrario. La disciplina consiste en separar la calidad del negocio del precio que se paga por él.
Para los inversionistas mexicanos, que hoy tienen mayor acceso a mercados globales y a este tipo de instrumentos, esta lección es especialmente relevante. El acceso por sí solo no genera valor. Lo que importa es el rendimiento esperado dado el precio de entrada. Una IPO no es automáticamente una oportunidad; es una transacción en la que alguien ha decidido vender.
Reflexión final
La evidencia empírica es clara: en promedio, las IPOs no han ofrecido rendimientos superiores en el largo plazo para quienes compran a precios de mercado. Aunque existen casos exitosos, el resultado promedio refleja precios iniciales demasiado optimistas. Esto no implica que los mercados fallen en su conjunto, sino que las expectativas y los incentivos pueden generar desviaciones sistemáticas en ciertos momentos.
La respuesta racional no es evitar todas las IPOs, sino abordarlas con disciplina y contexto. Ninguna inversión individual—y menos una rodeada de entusiasmo—debe dominar una decisión patrimonial. La diversificación sigue siendo la herramienta más efectiva para gestionar el riesgo y mejorar los resultados en el largo plazo. Distribuir el capital entre distintas clases de activos, sectores y geografías reduce la dependencia de cualquier decisión puntual.
Igualmente importante es el papel del asesor financiero profesional. Interpretar evidencia, evaluar valuaciones y construir portafolios robustos requiere tanto conocimiento técnico como disciplina emocional. Un buen asesor no agrega valor por identificar la “siguiente gran IPO”, sino por ayudar a evitar errores sistemáticos, mantener una adecuada diversificación y alinear las decisiones con objetivos de largo plazo.
Al final, la inversión exitosa no depende de encontrar oportunidades llamativas, sino de aplicar principios sólidos de manera consistente. La diversificación y el acompañamiento profesional pueden no ser tan atractivos como una nueva emisión, pero son considerablemente más confiables para construir patrimonio de forma sostenida.
- Brav, Alon, y Paul A. Gompers. 1997. “Myth or Reality? The Long-Run Underperformance of Initial Public Offerings: Evidence from Venture and Nonventure Capital-Backed Companies.” Journal of Finance.
- Fama, Eugene F., y Kenneth R. French. 1992. “The Cross-Section of Expected Stock Returns.” Journal of Finance.
- Friedman, Milton. 1953. “The Methodology of Positive Economics.” En Essays in Positive Economics. University of Chicago Press.
- Gompers, Paul A., y Josh Lerner. 2003. “The Really Long-Run Performance of Initial Public Offerings: The Pre-Nasdaq Evidence.” Journal of Finance.
- Jain, Bharat A., y Omesh Kini. 1994. “The Post-Issue Operating Performance of IPO Firms.” Journal of Finance.
- Loughran, Tim, y Jay R. Ritter. 1995. “The New Issues Puzzle.” Journal of Finance.
- Ritter, Jay R. 1991. “The Long-Run Performance of Initial Public Offerings.” Journal of Finance.
- Ritter, Jay R., y Ivo Welch. 2002. “A Review of IPO Activity, Pricing, and Allocations.” Journal of Finance.