30 de agosto
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Bessent se enfrenta a prueba diplomática en un G20 marcado por aranceles, Irán y mercado de bonos
Por David Lawder
ASHEVILLE, EEUU, 30 ago (Reuters) - El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, se enfrentará esta semana a una importante prueba de sus habilidades en materia de diplomacia económica cuando se reúna con los responsables financieros de las principales economías del G20.
En el encuentro presionará para que reduzcan los desequilibrios comerciales mundiales, impulsen el crecimiento y rompan los vínculos comerciales con Irán, al tiempo que intentará calmar las preocupaciones sobre el aumento de la deuda estadounidense y el rendimiento de los bonos.
Tras haber rechazado el proceso del Grupo de los 20 el año pasado en Sudáfrica, Bessent pretende reformarlo bajo el liderazgo de Washington para impulsar la visión del mundo de la Administración Trump en la ciudad de Asheville, en las montañas Blue Ridge, Carolina del Norte.
La reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales, que tendrá lugar el lunes y el martes, llega en un momento de gran incertidumbre sobre las próximas medidas arancelarias de la Administración Trump, su enquistada guerra comercial con su aliado Canadá y los elevados precios de la energía y las materias primas debido a la guerra con Irán.
El conflicto mantiene cerrado el estrecho de Ormuz, mermando el crecimiento de casi todas las economías del G20. Además, Bessent ha advertido de que los países se enfrentan a sanciones secundarias si siguen comprando crudo iraní o facilitando otras transacciones con Teherán.
El viernes impuso restricciones a un banco con sede en Egipto, miembro del G20, por sus vínculos con Irán a través de sus sucursales en Emiratos Árabes Unidos.
La combinación de estas presiones podría generar aún más discordia en un foro tan diverso como el del G20 —que incluye a China y Rusia— y que tiene grandes dificultades para ponerse de acuerdo sobre cualquier acción colectiva, al tiempo que ignora en gran medida tensiones geopolíticas como la guerra en Ucrania.
"El secretario Bessent querrá situar a Irán en el centro del debate y hablar de endurecer las sanciones contra Irán, mientras que muchos países presentes en la mesa del G20 querrán hablar de cualquier otro tema", afirmó Josh Lipsky, catedrático de economía internacional en el Atlantic Council. "Querrán hablar de aranceles".
Después de que la Corte Suprema anulara en febrero los amplios aranceles globales del presidente Donald Trump en virtud de una ley de emergencias nacionales, su administración ha estado restableciendo dichos gravámenes al amparo de diferentes fundamentos jurídicos.
Todos los países del G20 y la Unión Europea se encontraban entre las 60 economías afectadas en julio con aranceles estadounidenses del 10% o del 12,5% por una supuesta aplicación laxa de las prohibiciones de trabajo forzoso.
Dieciséis de los principales socios comerciales de Estados Unidos —más de la mitad de ellos miembros del G20— están a la espera de nuevos aranceles para contrarrestar el supuesto exceso de capacidad industrial en el marco de una investigación comercial independiente.
REDUCCIÓN DE LOS DESEQUILIBRIOS
Los aranceles son fundamentales en el esfuerzo de la Administración Trump por reducir los desequilibrios comerciales globales, que, según un alto funcionario del Tesoro, son el resultado de políticas económicas gubernamentales distorsionadoras "que impiden la competencia leal" y que serán uno de los principales asuntos de debate en Asheville.
Los responsables europeos están deseosos de debatir la creciente avalancha de exportaciones chinas que amenaza a sus industrias, incluida la del automóvil, según afirmó un responsable europeo que asistirá a las reuniones.
Ante una demanda interna crónicamente débil, China ha redoblado sus exportaciones de vehículos eléctricos, semiconductores y otros productos, y sus exportaciones totales aumentaron un 23,9% en julio con respecto al mismo mes del año anterior.
Ante los elevados aranceles estadounidenses y la prohibición total de los vehículos chinos, las exportaciones chinas han inundado Europa, provocando un creciente clamor en la UE a favor de restricciones más estrictas.
Sin embargo, China ha mostrado escaso interés por las reiteradas peticiones de que reduzca las subvenciones industriales y reequilibre su economía, alejándola de las exportaciones para orientarla hacia la demanda interna de consumo, mientras que el Fondo Monetario Internacional estima que el yuan está infravalorado en un 21%.
No obstante, los economistas señalan que Estados Unidos ha mostrado poco interés por la otra cara de la moneda: una reducción significativa de los déficits fiscales que ayudaría a frenar la demanda de importaciones.
La deuda pública total de Estados Unidos superó la barrera de los 40 billones de dólares el 19 de agosto, tras haberse duplicado desde 2017 durante los dos mandatos de Trump y la presidencia intermedia de Joe Biden, y los mercados se muestran cada vez más inquietos ante la futura trayectoria de la deuda estadounidense.
El rendimiento de los bonos a 30 años alcanzó este mes sus niveles más altos en 19 años, pero Bessent sorprendió a los mercados al anunciar que duplicaría las recompras programadas de notas a más largo plazo hasta los 4.000 millones de dólares por operación, lo que moderó brevemente los retornos.
La medida suscitó críticas por parte del antiguo mentor de Bessent en Wall Street, Stanley Druckenmiller, y ha suscitado inquietud entre los responsables de los bancos centrales ante la posibilidad de que el Tesoro adopte medidas más intervencionistas en un mercado masivo conocido por su emisión de deuda "regular y predecible".
Al ser preguntado sobre cómo abordaría Bessent las preocupaciones sobre el mercado de deuda con sus homólogos del G-20, un alto funcionario del Tesoro afirmó que el retorno de los papeles a largo plazo habían "subido por encima de lo que consideramos su valor razonable" y que el Tesoro se comprometió a reducirlos.
Las tácticas correctivas de Bessent en los mercados también se han extendido a las divisas del G20, con una intervención conjunta de Estados Unidos y Japón el 1 de agosto para apoyar al yen y las compras de pesos argentinos en octubre de 2025.
Los ministros del G20 que asistirán a la reunión "no se creerán las palabras tranquilizadoras", afirmó Mark Sobel, un antiguo funcionario del Tesoro que negoció comunicados del grupo tanto durante administraciones republicanas como demócratas.
"Además, sus economías se están viendo gravemente afectadas por la guerra de Trump contra Irán, que sus países no apoyan", señaló Sobel, actual presidente estadounidense del grupo de reflexión sobre política monetaria OMFIF. "Ninguna estrategia diplomática de Estados Unidos puede cambiar esas realidades".
El impulso de Washington en favor de un mayor crecimiento mundial —que, según el exfuncionario del Tesoro, se basa en la reducción de la regulación, el aumento de la producción energética y la innovación del sector privado— forma parte de un esfuerzo por devolver al G20 a sus raíces, tras haberse centrado en los últimos años en cuestiones promovidas por los países anfitriones.
Sudáfrica presionó a los países del G20 para que abordaran la crisis climática el año pasado, mientras que Brasil impulsó en 2024 propuestas para aumentar los impuestos a los más ricos.
El G20 se creó como un foro a nivel de líderes durante la crisis financiera mundial de 2008 con el fin de poner en marcha medidas para poner fin a la recesión más profunda desde los años 30.
Su última gran acción colectiva tuvo lugar durante la crisis del COVID-19 en 2020, cuando los países miembros acordaron inyectar otros 5 billones de dólares en la economía mundial para combatir la pérdida de puestos de trabajo e ingresos.
(Reporte adicional de Philip Blenkinsop en Bruselas y Leika Kihara en Tokio; editado en español por Carlos Serrano)