9 de marzo
Actualizado: hoy a las 4:34 pm
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The Story
Mujeres que invierten
Es otra vez 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, un día que nos recuerda que las libertades femeninas no han aparecido de la nada. Se han construido paso a paso. Se han exigido y defendido. Desde permitir a las mujeres usar pantalones, andar en bicicleta, hasta ejercer puestos de liderazgo en empresas. Poder abrir una cuenta bancaria a nuestro nombre, firmar un contrato, administrar nuestro propio dinero, quizá, hoy parecen actos cotidianos, pero durante mucho tiempo no lo fueron. Y esa conversación sigue vigente: la autonomía.
La historia del 8 de marzo comenzó en fábricas textiles del siglo XIX, cuando trabajadoras salieron a exigir jornadas dignas y mejores salarios. Aquella lucha era laboral y económica, era una disputa por tener una opinión y derecho a decidir. Con los años, la conversación ha evolucionado, pero se mantiene la misma búsqueda: mujeres libres y empoderadas.
Hoy no podemos hablar de libertad real sin independencia financiera. En México, las mujeres pudieron votar por primera vez en 1955. En 1962 pudieron abrir cuentas bancarias sin autorización masculina. Y fue hasta 1974 cuando obtuvieron plena capacidad jurídica para firmar contratos y ejercer derechos patrimoniales en igualdad de condiciones. Es decir, hace apenas cinco décadas que el acceso financiero es formalmente equitativo. Pero acceso no significa autonomía plena.
Este es un The Story distinto. La historia del 8 de marzo y de las mujeres que abrieron el camino para que hoy puedas construir un patrimonio propio. Este texto es también un homenaje a todas: las que escriben, las que cuidan, las que maternan y trabajan, las que sostienen hogares, las que lideran equipos, las que viven en la ciudad y las que viven en el campo. Las que invierten tiempo, cariño, esfuerzo y, cada vez más, capital.
Contexto y relevancia del 8M
El 8 de marzo nació después de las huelgas masivas de trabajadoras del sector textil en Nueva York a principios del siglo XX, ahí, en una lucha no solamente obrera, sino sufragista y sindical. De mujeres que entendieron que la desigualdad económica era también desigualdad política. En 1975 la Organización de las Naciones Unidas declaró oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, reconociendo, así, décadas de movilización y cambios en distintos países.
La brecha persistente
El derecho al voto fue uno de los grandes parteaguas. En México, las mujeres pudieron votar en elecciones federales por primera vez en 1955, tras la reforma constitucional de 1953. Ese fue el momento en el que el Estado reconoció formalmente a las mujeres como ciudadanas con derechos y responsabilidades civiles.
El siguiente paso fue la autonomía económica. A nivel nacional, las mujeres pudieron abrir cuentas bancarias sin autorización de su padre o su esposo a partir de 1962. Sin embargo, fue hasta la reforma del Código Civil de 1974 cuando se les otorgó plena capacidad jurídica. Ese mismo año, se les abrió la puerta a productos financieros, como tarjetas de crédito, herramientas cruciales para alcanzar libertad financiera y la consolidación de patrimonio. Aunque ya han pasado más de 50 años desde esta revolución en cuanto al acceso, los rezagos siguen siendo visibles. Las mujeres reportan menos uso de productos financieros, y el porcentaje incluso es menor en mujeres en la periferia y el campo.
Las mujeres representan más de la mitad de la población mundial, pero tienen apenas alrededor del 32% de la riqueza global. El acceso llegó tarde y la acumulación, aún más lento. La brecha no está solo en el ingreso, sino en quién logra convertirlo en patrimonio a lo largo del tiempo.
Los roles de género han influido en la configuración de las familias y, por lo mismo, en la emancipación financiera. En México, según datos del INEGI, el 75% de las mujeres son las responsables de ejercer las labores de cuidado en casa, esto se traduce en que, aunque las mujeres representan más de la mitad de la población en edad productiva, según el IMCO, solo alrededor del 46% participa en el mercado laboral. Una cifra considerablemente menor a la de los hombres, y también inferior al promedio en países de la OCDE.
Aunque la oportunidad de trabajar y generar ingresos se abrió, los efectos de años de censura persisten: 25% de las mujeres no tiene ingresos propios, en comparación solo el 6% de los hombres enfrenta esta misma situación. Además, las que sí son parte del mercado laboral, muchas ejercen una doble jornada: la de su trabajo y la de los cuidados del hogar, esta segunda, no remunerada.
Hay otra variable que entra en juego: la de la brecha salarial. En promedio, las mujeres ganan 35% menos que los hombres en los mismos trabajos. A la par de lo que se conoce como Wealth Gap: las mujeres viven en promedio más años, por lo que necesitan más ahorro para su retiro; y las mujeres interrumpen su vida laboral para ejercer labores de cuidado, por lo que sus ahorros generalmente son de aportaciones menos recurrentes. Estos dos elementos impactan directamente la capacidad de ahorro y la acumulación de patrimonio a lo largo del tiempo.
La desigualdad también es visible en los espacios de decisión. La participación femenina en consejos de administración y direcciones generales sigue siendo limitada. Esto significa que gran parte de las decisiones sobre inversión, capital y estrategia empresarial continúan tomándose sin paridad.
Mujeres que mueven el dinero del mundo
Hoy, algunas de las instituciones financieras y empresas más poderosas del mundo están encabezadas por mujeres. El parteaguas fue en 1967, cuando Muriel Siebert compró un asiento en la Bolsa de Nueva York: era la única mujer entre 1,365 hombres. Décadas después, Adena Friedman se convirtió en la primera CEO de Nasdaq, y Janet Yellen pasó a la historia como la primera mujer en presidir la Reserva Federal de Estados Unidos y, posteriormente, en ocupar la Secretaría del Tesoro, la institución financiera más influyente del mundo.
En el sector privado, el cambio también es contundente. Abigail Johnson dirige Fidelity Investments, una de las gestoras de activos más grandes del mundo, con más de 4 billones de dólares bajo administración. Mary Barra lidera General Motors mientras la empresa se encuentra en plena transición hacia los autos eléctricos, uno de los retos más complejos del siglo. Ana Botín preside Banco Santander, el banco más grande de la zona euro por capitalización bursátil. Safra Catz es la cabeza Oracle, Julie Sweet de Accenture y Carol Tomé de UPS. Estas no son empresas menores: son referentes del S&P 500 y del mercado global, y sus decisiones impactan cadenas de suministro, empleos y portafolios de inversión en todo el mundo. Lo que comparten ellas no es solo un puesto directivo, sino haber navegado estructuras diseñadas sin ellas en mente, y haberlas transformado desde adentro.
En el mercado mexicano, el avance también existe, aunque el camino sigue siendo desigual. María Ariza dirige la Bolsa Institucional de Valores (BIVA), compitiendo de frente con la BMV en un sector históricamente cerrado. Blanca Treviño fundó y encabeza Softtek, la empresa de tecnología mexicana con mayor presencia internacional. Tania Ortiz lideró IEnova en un momento de alta complejidad regulatoria para el sector energético. Guadalupe Phillips preside ICA y Vanessa Serrano dirige TMM, ambas empresas cotizadas en la Bolsa Mexicana de Valores.
Evidencia reciente —documentada por McKinsey, el Peterson Institute y el Banco Mundial— muestra que las empresas con mayor diversidad de género en posiciones de liderazgo tienden a tener mejor desempeño financiero, menor volatilidad en resultados y mayor capacidad de innovación.
Invertir con perspectiva de género
Esto abre una pregunta relevante para cualquier persona que esté construyendo un portafolio: ¿estás considerando el liderazgo femenino como una variable al momento de elegir dónde poner tu dinero?
Algunos fondos de inversión ya lo hacen de forma explícita. Los llamados fondos con perspectiva de género o gender-lens investing buscan empresas que no solo tengan mujeres en posiciones de decisión, sino que también promuevan equidad salarial y acceso a capital para mujeres. En México, este tipo de inversión todavía es poco significativo, pero su crecimiento a nivel global, especialmente en ETFs, abre la puerta a incorporarlo en cualquier estrategia de largo plazo.
Para invertir con perspectiva de género desde GBM, puedes acceder al SHE ETF (SSGA Gender Diversity Index) o al WOMN ETF (BNY Mellon Women’s Opportunity), ambos disponibles en la sección de ETFs internacionales de GBM. Solo búscalos por su ticker, analiza el precio en dólares y opera desde la app como cualquier acción.
Conocer a las mujeres que lideran las empresas en las que podrías invertir es parte de entender a fondo en qué y en quién estás poniendo tu confianza (y tu dinero).
Conmemorar el pasado, proyectar a futuro
Conmemorar el 8M desde esta perspectiva implica reconocer que la libertad femenina no se satisface con el acceso a productos o el reconocimiento formal de derechos. La autonomía plena requiere condiciones que permitan generar ingresos, administrar recursos y acumular patrimonio en igualdad de circunstancias. El 8M es memoria y, también, proyección.
La historia de las mujeres que marcharon por jornadas laborales más justas y salarios dignos encuentra hoy una continuidad en aquellas que participan activamente en los mercados financieros y toman decisiones libres sobre sus finanzas. La libertad conquistada en el ámbito político debe traducirse en libertad económica sostenible. El Día Internacional de la Mujer nos invita no solo a recordar avances históricos, sino a evaluar las brechas persistentes y a considerar que la construcción de autonomía financiera es parte integral del proceso emancipador.
Necesitamos más mujeres invirtiendo, más mujeres dirigiendo capital, más referentes femeninos en el sistema financiero. El 8M es ese movimiento: mujeres que impulsan el cambio, que abren camino, que elevan a otras y que imaginan —y construyen— un mundo más justo y próspero.