24 de agosto
Actualizado: Sábado a las 12:00 pm
Durante décadas, Coca-Cola y Pepsi intentaron que su bebida fuera la respuesta indiscutible a la pregunta: ¿cuál de las dos bebidas sabe mejor? En centros comerciales y supermercados de Estados Unidos, representantes de Pepsi colocaban dos vasos sin etiquetas frente a los consumidores y les pedían elegir su favorito. En muchas de aquellas pruebas, las personas escogían Pepsi. Parecía que la compañía finalmente había encontrado la forma de derrotar a su mayor rival.
Pero algo extraño ocurrió. Aunque Pepsi podía ganar una prueba de sabor, Coca-Cola seguía ganando la guerra de las marcas. Muchos consumidores que preferían Pepsi durante unos segundos continuaban comprando Coca-Cola frente al refrigerador. La diferencia no estaba únicamente dentro de la botella, sino en todo lo que las personas creían que aquella botella representaba, más allá del sabor.
Hoy en The Story te vamos a contar cómo Pepsi puso contra la pared a la marca de refrescos más poderosa del mundo, por qué Coca-Cola estuvo a punto de destruir uno de sus activos más valiosos y cómo una rivalidad que comenzó por el sabor terminó impulsando dos modelos de negocio completamente distintos.
La bebida que se convirtió en un símbolo
La historia comenzó en 1886, cuando el farmacéutico John Pemberton llevó un jarabe de su invención a Jacobs’ Pharmacy, en Atlanta. Allí fue mezclado con agua carbonatada y vendido por cinco centavos el vaso. El verdadero crecimiento llegó cuando Asa Candler adquirió la fórmula y comprendió que Coca-Cola no debía quedarse dentro de una fuente de sodas: tenía que convertirse en una marca reconocible en cualquier lugar.
La compañía distribuyó cupones para probar la bebida, llenó las ciudades de anuncios y colocó su nombre en calendarios, relojes y bandejas. Mientras otros fabricantes vendían bebidas, Coca-Cola comenzó a vender familiaridad. Su botella, su tipografía y su color se transformaron en símbolos capaces de atravesar fronteras y generaciones.
Pepsi apareció algunos años después, pero su historia inicial fue mucho más accidentada. La empresa atravesó problemas financieros y bancarrotas antes de encontrar una oportunidad durante la Gran Depresión. En una época en la que muchas familias cuidaban cada centavo, Pepsi comenzó a ofrecer una botella de doce onzas por el mismo precio que Coca-Cola cobraba por la de seis. Su propuesta era sencilla: comprar el doble por el mismo dinero.
La estrategia ayudó a Pepsi a sobrevivir, pero también definió su lugar en el mercado. Coca-Cola representaba tradición y liderazgo; Pepsi era la alternativa joven que ofrecía más valor y desafiaba al líder. En lugar de parecerse a su rival, construyó una identidad alrededor del cambio y de la idea de que cada generación podía elegir algo diferente.
Coca-Cola demuestra que una marca puede ser más difícil de replicar que un producto. Su valor está en más de un siglo de reconocimiento y distribución global.
El reto que puso a Coca-Cola contra la pared
En 1975, Pepsi convirtió esa identidad desafiante en una de las campañas más importantes de la publicidad. El Pepsi Challenge invitaba a los consumidores a probar dos vasos de cola sin conocer qué marca había en cada uno. La empresa aseguraba que, cuando las etiquetas desaparecían, más participantes preferían Pepsi. La campaña cuestionaba por qué Coca-Cola seguía siendo la líder cuando el sabor parecía favorecer a su competidor.
Pepsi es ligeramente más dulce y ese perfil podía destacar cuando una persona tomaba un pequeño sorbo. Sin embargo, ese matiz importaba menos que el mensaje. La compañía había encontrado una forma sencilla de convertir cada prueba en una escena donde el líder podía perder frente a millones de consumidores.
La campaña coincidió con un periodo en el que Pepsi ganaba terreno y Coca-Cola comenzaba a preocuparse por su posición. El Pepsi Challenge sugería que la preferencia por Coca-Cola era una costumbre construida por publicidad, no necesariamente una decisión basada en el producto en sí.
La respuesta de Coca-Cola fue realizar miles de pruebas de sabor y desarrollar una fórmula más dulce que superaba tanto a Pepsi como a la receta original. Los resultados parecían claros: si el consumidor prefería el nuevo sabor, cambiar la fórmula debía fortalecer al producto. El problema fue que Coca-Cola estaba midiendo lo que había dentro del vaso, pero no todo lo que existía alrededor de él.
Pepsi convirtió una prueba de sabor en una señal pública de vulnerabilidad para su competencia. Antes de ganar mercado, necesitaba cambiar la percepción del consumidor.
El día que Coca-Cola descubrió que no vendía sabor
El 23 de abril de 1985, Coca-Cola anunció el primer cambio en 99 años a la fórmula de su producto principal. La nueva versión, conocida después como New Coke, reemplazaría a la bebida original en Estados Unidos. La empresa esperaba neutralizar la ventaja de Pepsi. En términos de investigación de producto, la decisión parecía racional. En términos emocionales, se convirtió en una crisis.
Los consumidores comenzaron a llamar, enviar cartas y protestar. La línea telefónica de Coca-Cola pasó de recibir alrededor de 400 llamadas diarias antes del cambio a cerca de 1,500. Algunas personas almacenaron botellas de la fórmula anterior, mientras otras acusaban a la empresa de haber eliminado una parte de la cultura estadounidense. La estrategia se había concentrado en el sabor, pero no había medido lo que significaba perder el producto original.
Solo 79 días después, Coca-Cola anunció el regreso de la fórmula anterior bajo el nombre de Coca-Cola Classic. New Coke permaneció temporalmente en el mercado, pero nunca logró reemplazar al producto original. La empresa había cometido uno de los errores de marketing más famosos de la historia, aunque el resultado terminó reforzando el vínculo emocional con la marca.
Las pruebas a ciegas podían medir dulzura y preferencia inmediata, pero no recuerdos, identidad o pertenencia. Pepsi había ganado el desafío del sabor; Coca-Cola descubrió que competía en un terreno mucho más difícil de cuantificar.
New Coke mostró que las métricas de producto no siempre capturan el valor de una marca. Coca-Cola buscó mejorar el sabor, pero subestimó la relación emocional con la fórmula original.
Pepsi cambió el campo de batalla
Después de la guerra de los refrescos, ambas compañías siguieron caminos distintos. Coca-Cola se concentró en construir una plataforma global de bebidas y en operar mediante una red de embotelladores que produce y distribuye buena parte del producto terminado. Ese modelo permite enfocarse en marcas, concentrados, innovación y marketing, manteniendo márgenes superiores a los de un fabricante tradicional.
PepsiCo tomó otra ruta. La fusión con Frito-Lay en 1965 colocó bajo la misma compañía a Pepsi y marcas como Lay’s, Doritos y Cheetos. El portafolio creció con Gatorade, Quaker y otras categorías, hasta convertir a PepsiCo en una empresa donde las bebidas representan solo una parte del negocio.
La diversificación permitió a PepsiCo aprovechar su red de distribución para colocar bebidas y botanas en supermercados, restaurantes y tiendas de conveniencia. También redujo su dependencia de una categoría expuesta a cambios en los hábitos de consumo. Pepsi quizá nunca desplazó a Coca-Cola como la marca dominante de refresco cola, pero construyó una empresa más grande al competir por cada ocasión de consumo.
La diferencia se observa con claridad en sus cifras: PepsiCo genera mayores ingresos porque combina bebidas, alimentos, manufactura y distribución, pero Coca-Cola mantiene márgenes superiores gracias a un modelo más concentrado en marcas, franquicias de embotellado y concentrados. Una compañía vende más productos; la otra captura una mayor proporción de cada dólar vendido.
Coca-Cola priorizó marcas y mayores márgenes, mientras PepsiCo redujo su dependencia de los refrescos mediante alimentos y botanas.
La guerra comenzó con dos bebidas oscuras vendidas en botellas casi idénticas. Durante décadas, las compañías compitieron por sabor, precio, celebridades y espacios en supermercados. Pepsi logró poner al líder contra la pared y Coca-Cola estuvo cerca de sacrificar aquello que la hacía especial para responder.
Pero el verdadero resultado no puede encontrarse en una prueba a ciegas. Coca-Cola aprendió que una marca puede vivir en la memoria del consumidor y valer mucho más que la fórmula que contiene. Pepsi descubrió que no necesitaba ganar completamente la guerra de los refrescos si podía construir un negocio más amplio alrededor de cada bebida y cada botana.
Más de un siglo después, la rivalidad continúa, pero las compañías ya no están jugando exactamente el mismo juego. Coca-Cola vende bebidas respaldadas por uno de los símbolos comerciales más reconocidos del planeta. PepsiCo vende bebidas, alimentos y ocasiones de consumo. La pregunta dejó de ser cuál sabe mejor. Ahora es cuál de las dos estrategias puede seguir creando valor durante más tiempo.