5 de octubre
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The Story
La reconstrucción alemana: de las ruinas a potencia económica
En mayo de 1945, Alemania era un país en ruinas. La Segunda Guerra Mundial había terminado en Europa y millones de vidas se habían perdido. Ciudades como Berlín, Frankfurt, Colonia y Dresden habían sufrido daños incalculables. La infraestructura estaba deteriorada, la producción industrial se encontraba muy por debajo de sus niveles anteriores a la guerra, y conseguir productos básicos se había convertido en un desafío de todos los días.
Incluso el dinero había dejado de funcionar correctamente. El Reichsmark aún era la moneda oficial, pero había perdido gran parte de su valor. Productos como café, mantequilla o cigarrillos podían resultar más útiles que tener billetes en el bolsillo. Era difícil imaginar que pocos unos años después esa misma economía se convertiría en una de las mayores potencias industriales del mundo.
Hoy en The Story te contamos la historia del Wirtschaftswunder, el llamado “milagro económico alemán”, y cómo una combinación de reformas, ayuda internacional, industria y millones de trabajadores transformó uno de los países más devastados de Europa para convertirlo en uno de los más prósperos y poderosos.
Un país dividido
Después de la guerra, Alemania quedó ocupada por las cuatro principales potencias aliadas: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética. Pero mientras comenzaba la reconstrucción, una nueva rivalidad estaba dividiendo al mundo. Estados Unidos y la Unión Soviética pasaron rápidamente de aliados contra Alemania a competidores por el futuro político y económico de Europa y el mundo. Alemania quedó literal y geográficamente en medio de esa disputa.
Las zonas occidentales controladas por Estados Unidos, Reino Unido y Francia terminarían formando la República Federal de Alemania, BRD, o mejor conocida como “Alemania Occidental” y la zona soviética se convertiría en la República Democrática Alemana, DDR, o “Alemania Oriental”. Y sería en Alemania Occidental donde comenzaría uno de los experimentos económicos más importantes de la posguerra. El problema era que antes de reconstruir fábricas, carreteras y ciudades había algo todavía más básico que arreglar: el dinero.
El día que cambió Alemania
El 20 de junio de 1948, las zonas occidentales realizaron una enorme reforma monetaria. El viejo Reichsmark fue sustituido por una nueva moneda: el Deutsche Mark. Pero cambiar los billetes no sería suficiente. Durante la guerra y los primeros años de la posguerra, algunos precios habían permanecido controlados. El resultado era una economía donde muchas veces había dinero suficiente, pero pocos productos disponibles para comprar.
Aquí apareció una de las figuras centrales de esta historia: Ludwig Erhard. Era el director de economía de Alemania Occidental y sostenía que hacían falta incentivos para producir, competir y vender.
Durante años, el gobierno había limitado cuánto podían cobrar las empresas por muchos de sus productos. El problema era que en muchos casos no valía la pena venderlos al precio permitido debido a la inflación y a la escasez. Por eso, productores y comerciantes preferían guardar mercancía o venderla mucho más cara en el mercado negro.
Con la reforma de 1948, Ludwig Erhard eliminó buena parte de esos controles y permitió que los precios volvieran a reflejar cuánto costaba cada producto en realidad. Al mismo tiempo, el nuevo Deutsche Mark devolvió valor al dinero que recibían las empresas.
El incentivo cambió: producir y vender legalmente volvió a ser rentable. En poco tiempo, mercancías que antes escaseaban comenzaron a regresar a las tiendas miesntras las fábricas aumentaban su producción. La economía alemana comenzaba a despertar.
La reforma de 1948 demostró por qué una moneda funcional va mucho más allá que los billetes que utilizamos para comprar cosas. Permite establecer precios, ahorrar, invertir y coordinar millones de decisiones económicas. Cuando las personas dejan de confiar en ella, buena parte de esos mecanismos comienzan a fallar.
¿El Plan Marshall salvó a Alemania?
Existe una explicación muy popular sobre el milagro alemán: Estados Unidos reconstruyó Alemania a través del Plan Marshall. Pero, ¿qué tan real es esto? Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tenía un enorme interés en evitar que las economías europeas permanecieran débiles. En 1948 comenzó el European Recovery Program o Plan Marshall, mediante el cual miles de millones de dólares fueron destinados a apoyar la recuperación de múltiples regiones europeas.
Alemania Occidental estuvo entre los países beneficiados. El programa ayudó a financiar importaciones, maquinaria, materias primas e inversiones necesarias para reconstruir la economía.
Pero el dinero estadounidense fue solamente una pieza del rompecabezas. Alemania todavía conservaba conocimiento industrial, trabajadores altamente capacitados y empresas con décadas de experiencia en ingeniería, química, maquinaria y automóviles. A eso se sumaron la reforma monetaria, la eliminación de numerosos controles, la reconstrucción europea y una demanda internacional cada vez mayor por productos industriales. Entonces ocurrió algo inesperado al otro lado del mundo.
Una guerra que impulsó las fábricas alemanas
En junio de 1950 comenzó la Guerra de Corea. Aunque el conflicto estaba a miles de kilómetros de Alemania, sus consecuencias llegaron rápidamente hasta las fábricas europeas. La guerra provocó un fuerte aumento en la demanda internacional de materias primas, maquinaria y productos industriales. Alemania Occidental estaba reconstruyendo precisamente la capacidad necesaria para producirlos.
Las fábricas aumentaron su producción. Las exportaciones crecieron. Las empresas comenzaron a contratar. Las empresas alemanas que habían sobrevivido a la guerra volvieron a expandirse y los productos fabricados en Alemania comenzaron nuevamente a recorrer el mundo.
El país que pocos años antes había estado cubierto de escombros, ahora recuperaba su identidad como potencia industrial.
La máquina alemana
Automóviles, químicos, maquinaria, productos eléctricos y bienes industriales se convirtieron en algunos de los motores de la nueva economía. Volkswagen representa una de las imágenes más reconocible de aquella transformación. El Beetle, diseñado antes de la guerra, encontró una segunda vida durante la reconstrucción. Su producción aumentó rápidamente y el automóvil comenzó a exportarse alrededor del mundo.
Mercedes-Benz volvió a expandirse. Siemens recuperó su producción. BASF y Bayer reconstruyeron sus operaciones. Bosch creció junto a la nueva industria automotriz.
Alemania no estaba solo reconstruyendo lo que había perdido. Estaba construyendo una economía altamente competitiva orientada hacia la manufactura y las exportaciones.
El crecimiento fue tan rápido que apareció un problema completamente diferente al que Alemania se había enfrentado al terminar la guerra. Comenzaban a faltar trabajadores.
Del desempleo a importar trabajadores
Durante los primeros años de la posguerra, encontrar trabajo había sido una preocupación para millones de personas. Una década después, el problema comenzaba a invertirse. Las fábricas necesitaban cada vez más trabajadores para mantener el ritmo de producción. En 1955, Alemania Occidental firmó un acuerdo con Italia para contratar trabajadores extranjeros.
Después llegarían acuerdos con España, Grecia, Turquía y otros países. Fueron conocidos como Gastarbeiter, o “trabajadores invitados”. En principio, muchos debían permanecer solamente algunos años, trabajar y posteriormente regresar a sus países. Pero cientos de miles terminaron construyendo sus vidas en Alemania. Para 1964, Alemania Occidental recibió a su trabajador invitado número 1,000,000.
Era una imagen difícil de imaginar apenas dos décadas antes: un país destruido y con millones de desplazados ahora necesitaba importar mano de obra para mantener funcionando sus fábricas.
El crecimiento económico puede transformar los problemas que enfrenta un país. Alemania pasó de preocuparse por generar suficientes empleos después de la guerra a preguntarse cómo conseguir suficientes trabajadores para cubrirlos.
Prosperidad para todos
Detrás de este nuevo modelo económico estaba una idea que Ludwig Erhard ayudó a popularizar: la economía social de mercado. El objetivo era combinar dos conceptos que muchas veces parecían contrarios. Por un lado, mercados competitivos, empresas privadas, propiedad privada y libertad para establecer precios. Por otro, un Estado capaz de establecer reglas y mantener una red de protección social.
Erhard resumiría posteriormente buena parte de aquella visión con una frase: “Wohlstand für Alle”. Prosperidad para todos.
El crecimiento comenzó a transformar la vida cotidiana. Millones de familias accedieron gradualmente a automóviles, electrodomésticos y otros bienes que pocos años antes parecían lujos imposibles. Alemania Occidental ya no estaba simplemente reconstruyéndose. Se estaba enriqueciendo.
El verdadero milagro alemán
No existió una sola razón detrás delWirtschaftswunder. El Plan Marshall ayudó. La reforma monetaria fue fundamental. La liberalización económica recuperó incentivos. La demanda internacional impulsó las fábricas. Alemania conservaba conocimiento industrial y capital humano. Millones de trabajadores participaron en la reconstrucción. El “milagro” fue realmente la coincidencia de todas estas fuerzas.
Pero quizá la transformación más impresionante ocurrió en la percepción del país. Durante las décadas siguientes, Made in Germany comenzaría a representar algo completamente diferente: ingeniería, industria, automóviles y maquinaria de calidad. Volkswagen, Mercedes-Benz, BMW, Siemens, BASF, Bayer y muchas otras empresas terminarían convirtiéndose en símbolos internacionales de aquella economía.
Alemania había perdido la guerra, gran parte de sus ciudades habían quedado destruidas y su antigua moneda prácticamente había dejado de funcionar. Sin embargo, menos de una generación después, Alemania Occidental se había convertido nuevamente en una de las economías más importantes del planeta.
El Wirtschaftswunder fue llamado un “milagro” porque la transformación parecía imposible. Pero detrás del milagro no hubo magia. Hubo reformas, inversión, fábricas, comercio y millones de personas reconstruyendo una economía prácticamente desde sus ruinas.
Y quizá esa sea la parte más importante de esta historia: Alemania fue más allá de solamente reconstruir lo que había perdido: construyó las bases del modelo económico que definiría al país e influenciaría al mundo durante las siguientes décadas.