8 de agosto

Actualizado: hoy a las 11:00 am

The Story

El negocio detrás del clóset

Hoy en The Story: Reformation pasó de replantear ropa usada a convertirse en una marca de cientos de millones de dólares y llegar a Wall Street. Pero detrás de su éxito hay algo más que moda sostenible: una forma distinta de decidir qué producir, cuánto producir y cuándo hacerlo.

08 AGO 26

11 MIN DE LECTURA

Las tendencias cambian cada temporada, pero las grandes marcas saben cómo quedarse. Y Reformation es un gran ejemplo de esto. En 2009 era una empresa que replanteaba ropa usada y la vendía para darle una segunda vida, ahí estaba la semilla de la sustentabilidad que caracterizaría años después. Hoy, es una empresa que genera más de 500 millones de dólares en ingresos, supera el millón de clientes activas y, desde el mes pasado, cotiza en la Bolsa de Nueva York bajo el ticker REF. 

Su historia de éxito suele asociarse con la moda sostenible y, sí, ese es uno de los elementos que la convirtió en una gran marca. Pero detrás de su crecimiento hay algo mucho más interesante: un modelo de negocio que desafió la forma en la que tradicionalmente operaba la industria. Mientras la mayoría de las marcas diseñaban una colección completa, producían miles de prendas y después esperaban que el mercado las comprara, Reformation hacía lo contrario. Lanzaba pequeños lotes, medía qué productos realmente conectaban con sus clientas y solo entonces aumentaba la producción de las prendas con mayor demanda. En otras palabras, dejó que el mercado decidiera qué fabricar, en lugar de intentar adivinarlo. Quizá esa es la verdadera “reformación”: la de una marca de moda de nicho que encontró una nueva forma de construir valor y, con el tiempo, llegó a Wall Street.

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El origen de Reformation

Detrás de Reformation está Yael Aflalo, quien nació en Los Ángeles y ahí se consolidó como diseñadora, lo que le permitió entender la industria de la moda desde adentro. En 1998 fundó Ya-Ya, una marca de ropa femenina que llegó a venderse en importantes tiendas departamentales. Desde afuera parecía una historia de éxito; desde dentro, Yael veía un problema: colecciones diseñadas con meses de anticipación, producciones masivas y un inventario remanente después de cada temporada que terminaba vendiéndose a precios descontados.

Sin embargo, todo cambió durante un viaje a fábricas textiles en China. Además del impacto ambiental, lo que llamó su atención fue la ineficiencia del sistema. ¿Por qué producir sin saber si realmente existiría demanda? En lugar de intentar corregir ese modelo, decidió empezar desde cero.

Así nació Reformation en 2009, ¿y qué reformaba? Justamente el modelo basado en la producción excesiva y el desperdicio. La marca empezó reutilizando ropa vintage y telas sobrantes para hacer piezas únicas, apostando también por fibras naturales y una producción local en Los Ángeles, lo que reducía la necesidad de transportar prendas a largas distancias, uno de los principales costos ambientales de la industria. Desde entonces se empezaba a esbozar el icónico slogan “Killer clothes that don’t kill the environment”. Más rápido de lo que normalmente sucede en esta industria, se volvió una marca de moda femenina con una propuesta muy específica: diseñar ropa increíble, producir solo lo necesario, eliminar cualquier intermediario en la venta.

Ese modelo cambió por completo la forma de operar dentro de la industria de la moda. Mientras la mayoría apostaba por grandes producciones planeadas con meses de anticipación, Reformation se encargó de escuchar primero a sus clientes y producir después. En lugar de fabricar miles de piezas desde el inicio, lanzaba pequeñas producciones, medía cuáles prendas se vendían más rápido y utilizaba esa información para decidir qué volver a fabricar y qué dejar atrás.

Cada interacción de la marca con un cliente final (no importa si se trataba de una devolución, de una pieza comprada en diferentes colores o de la prenda que se deja en el probador) se convertía en información para decidir qué fabricar, en qué cantidad y en qué momento.

El modelo se fortaleció todavía más en 2013, cuando Reformation lanzó su plataforma de e-commerce. Al vender directamente a sus clientas, la empresa podía conocer en tiempo real qué buscaban, qué compraban y qué terminaban descartando, convirtiendo cada interacción en una nueva fuente de información para diseñar las siguientes colecciones.

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Ese modelo terminó reflejándose en los resultados. En 2025, cerca del 80% de las ventas directas se realizaron a precio completo y el 70% de los ingresos del canal directo provinieron de clientes que ya habían comprado antes. Para una empresa de consumo, esa combinación es difícil de conseguir: vender sin depender de descuentos y, al mismo tiempo, lograr que las clientes vuelvan.

Los vestidos hicieron famosa a Reformation, pero ese no era el negocio

Durante años, Reformation se hizo conocida por sus vestidos. Bodas, citas, vacaciones y eventos especiales fueron las ocasiones que la convirtieron en una de las marcas favoritas de una nueva generación de consumidoras. Aunque desde el principio también vendía otras prendas, los vestidos fueron los que construyeron su reconocimiento de marca.

Esa imagen ayudó a construir una marca aspiracional, pero también terminó simplificando demasiado la historia de la empresa. Con el tiempo, Reformation entendió que el verdadero crecimiento no estaba en vender más vestidos, sino en convertirse en una marca presente en muchos más momentos de la vida de sus clientas. Jeans, zapatos, tops, pantalones y ropa para el trabajo o el fin de semana dejaron de ser categorías adicionales para convertirse en una estrategia mucho más ambiciosa: estar presente en prácticamente cualquier ocasión.

Ese cambio parece una decisión de producto, pero en realidad fue una decisión de negocio. Una marca que depende de una sola categoría vive de compras ocasionales. Una marca capaz de acompañar a sus clientes en distintos momentos del año tiene muchas más oportunidades de venderles una y otra vez. Cuanto mayor es la frecuencia de compra, mayor es el valor de cada cliente.

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En retail, una de las formas más eficientes de crecer no es conseguir más clientes, sino aumentar el gasto de los que ya tienes. Al expandirse de vestidos a categorías como denim, calzado y ropa para el día a día, Reformation pasó de competir por una compra ocasional a capturar una mayor parte del guardarropa de sus clientas. De hecho, desde 2021 las categorías distintas a vestidos ya han generado más de US$200 millones en ingresos.

Reformation no solo estaba construyendo una marca; estaba construyendo una identidad. Cada detalle estaba pensado para reforzarla. Sus tote bags dejaron de ser un simple empaque para convertirse en una forma de marketing orgánico que seguía recorriendo las calles mucho después de salir de la tienda. Sus boutiques apostaban por espacios minimalistas y una experiencia de compra distinta a la de la moda tradicional, mientras que la marca mantenía una comunicación cercana y un tono reconocible en todos sus canales. 

 

Entonces apareció Permira

Para 2019, Reformation ya había hecho lo más difícil: construir una marca que las personas querían volver a elegir. Había demostrado que podía vender a precio completo, generar clientes leales y crecer con un modelo distinto al de buena parte de la industria. Lo que todavía faltaba era encontrar al socio capaz de llevar esa fórmula a una escala mucho mayor.

Ese socio fue Permira, uno de los fondos de private equity más importantes del mundo, y no era la primera vez que apostaba por una marca de moda. Su estrategia consistía en identificar marcas con una identidad sólida, acelerar su crecimiento y, cuando alcanzaban una nueva escala, decidir la mejor forma de generar valor. Con Dr. Martens llevó a la empresa hasta su salida a bolsa en 2021; en Golden Goose respaldó su crecimiento durante varios años antes de que la compañía debutara en el mercado en 2024. También ha invertido en marcas como Valentino y Hugo Boss. Reformation era la siguiente empresa que encajaba en esa tesis.

 

Crecer sin perder la esencia

La llegada de Permira marcó una nueva etapa para Reformation. Ya no se trataba de construir una gran marca, sino de demostrar que podía escalar. Con el respaldo del fondo, la empresa abrió nuevas tiendas, fortaleció su infraestructura tecnológica, expandió su presencia internacional y continuó desarrollando categorías como jeans, knitwear, zapatos y accesorios.

Ese crecimiento también fue geográfico. Lo que comenzó en Los Ángeles llegó a ciudades como Nueva York, Londres, Toronto y París. Sin embargo, crecer también implicó nuevos retos. Conforme la demanda aumentó, algunos consumidores comenzaron a cuestionar si la marca podría mantener la misma filosofía de producción local que la había caracterizado en sus primeros años o si, para seguir expandiéndose, tendría que apoyarse cada vez más en una cadena de suministro global.

Aun con ese debate, Reformation mantuvo el canal directo como el corazón del negocio, utilizando la información de sus clientas para seguir refinando su oferta mientras escalaba la operación.

Los resultados no tardaron en reflejar esa expansión. Hoy, Reformation acumula 21 trimestres consecutivos de crecimiento de doble dígito, una señal de que el reto ya no era demostrar que el modelo funcionaba, sino que podía crecer sin perder su esencia.

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No todas las ventas generan el mismo valor. Cuando una marca vende a través de distribuidores o tiendas departamentales, comparte parte de sus ingresos y pierde acceso directo a la información de sus clientes. En cambio, al vender principalmente a través de sus propios canales, Reformation conserva mayores márgenes, controla la experiencia de compra y obtiene información que puede convertir en una ventaja competitiva.

El examen de Wall Street

Durante diecisiete años, Reformation respondió únicamente ante sus clientes. Tuvo tiempo para experimentar, abrir nuevas categorías, perfeccionar su modelo operativo y crecer sin la presión de reportar resultados cada trimestre. Pero toda empresa que decide salir a bolsa enfrenta el mismo reto: convencer a Wall Street de cuánto vale realmente su negocio.

Ese momento llegó en julio de 2026. Reformation debutó en la Bolsa de Nueva York bajo el ticker REF, después de fijar el precio de su oferta en 15 dólares por acción y colocar poco más de 14 millones de acciones, con lo que levantó alrededor de 211 millones de dólares. La operación valuó a la compañía en aproximadamente 886 millones de dólares, por debajo de los 1,000 millones que buscaba inicialmente. 

Lejos de ser una mala señal, el debut mostró cómo funciona el mercado. Aunque Reformation salió a bolsa con una valuación cercana a 886 millones de dólares, por debajo de los 1,000 millones que buscaba inicialmente, las acciones subieron alrededor de 7% en su primer día de cotización. Más que cuestionar la calidad del negocio, el mercado reconoció su potencial de crecimiento mientras fijaba un precio acorde con las expectativas de los inversionistas.

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Aunque Reformation ya supera los US$500 millones en ingresos anuales, estima haber alcanzado apenas alrededor del 1% de penetración de su mercado objetivo en Estados Unidos. Para los inversionistas, ese dato sugiere que gran parte del potencial de crecimiento de la empresa todavía está por delante.

La verdadera reformación

Hace diecisiete años, Yael Aflalo solo estaba intentando resolver un problema: dejar de fabricar ropa que nadie quería comprar. Para lograrlo, construyó un modelo que aprendía de sus clientas, producía con mayor precisión, vendía directamente y utilizaba esa información para mejorar cada nueva colección. Lo que empezó como una forma de reducir desperdicios terminó convirtiéndose en una ventaja competitiva difícil de replicar.

Esa ventaja le permitió vender a precio completo, expandirse mucho más allá de los vestidos, atraer a uno de los fondos de private equity más importantes del mundo y, finalmente, llegar a Wall Street con una valuación cercana a 900 millones de dólares.

Quizá esa sea la verdadera historia de Reformation. No demuestra que la moda sostenible vende más. Demuestra que, cuando una empresa encuentra una mejor forma de operar, esa ventaja puede terminar siendo mucho más valiosa que el producto que vende.

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