21 de julio
Actualizado: hoy a las 4:25 pm
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The Story
Las guerras destruyen… y también nos han dejado inventos que usamos todos los días
Cada mañana seguimos una rutina automática en la que rara vez nos detenemos a pensar de dónde vienen las herramientas que usamos. Despertamos y revisamos el celular conectado a Internet. Abrimos una app de mapas para evitar tráfico usando GPS. Calentamos el desayuno en el microondas. Tal vez cargamos un medicamento de emergencia en la mochila o usamos cinta adhesiva para arreglar algo en casa. Todo parece parte natural de la vida moderna.
Pero muchas de esas comodidades nacieron en escenarios completamente distintos: laboratorios militares, trincheras, hospitales improvisados y centros de investigación financiados durante guerras. La razón es simple. La guerra elimina el lujo del tiempo. Bajo presión extrema, los gobiernos movilizan recursos ilimitados, los científicos trabajan con urgencia y los problemas dejan de ser teóricos para convertirse en asuntos de supervivencia.
Hoy en The Story te platicamos sobre las tecnologías creadas durante conflictos bélicos que transformaron el mundo cotidiano sin siquiera notarlo. Estas son algunas de las más importantes.
El reloj de pulsera: cuando el tiempo se volvió una herramienta militar
Antes de la Primera Guerra Mundial, los hombres usaban relojes de bolsillo. Sacar el reloj, abrir la tapa y revisar la hora era parte del ritual cotidiano. Los relojes de pulsera existían, sí, pero eran vistos más como accesorios femeninos que como herramientas serias.
La guerra cambió eso. En las trincheras, la sincronización era crítica. La infantería, la artillería y las ofensivas debían coordinarse con precisión absoluta. Sacar un reloj del bolsillo bajo fuego enemigo no era práctico. Los soldados necesitaban consultar la hora en segundos y con las manos libres. Así nació el “trench watch”, el precursor moderno del reloj de pulsera masculino. Lo que comenzó como una solución táctica terminó convirtiéndose en un cambio cultural enorme. Después de la guerra, millones de soldados regresaron a casa acostumbrados a usar relojes en la muñeca. La sociedad civil simplemente siguió el hábito.
Para finales de los años veinte, los relojes de pulsera ya dominaban el mercado.
Entre las empresas públicas más importantes del mercado de relojes destacan Swatch Group (UHR), Richemont (CFR) y LVMH (MC) en lujo; Apple (AAPL) en smartwatches; y Citizen (7762.T), Seiko Epson (6724.T), Fossil (FOSL) y Movado (MOV) en relojería tradicional y de moda.
El EpiPen: una tecnología diseñada para sobrevivir ataques químicos
El EpiPen salva vidas todos los días. Pero su origen no está en hospitales civiles ni en laboratorios farmacéuticos tradicionales. Está en la Guerra de Vietnam. Durante el conflicto, el ejército estadounidense buscaba una forma rápida de tratar soldados expuestos a armas químicas. En combate, el tiempo lo era todo. No había espacio para procedimientos complejos ni para médicos especializados en cada emergencia.
La solución fue crear un inyector automático: un dispositivo pequeño, portátil y suficientemente simple como para que cualquier soldado pudiera usarlo bajo estrés extremo. Poco después, médicos civiles entendieron algo importante: si el dispositivo podía administrar antídotos militares, también podía administrar adrenalina. Eso significaba que personas con alergias severas podían tratar una reacción anafiláctica en segundos.
Entre las empresas que cotizan en bolsa y participan en el mercado de auto inyectores como el EpiPen destacan Pfizer (PFE), que comercializa el EpiPen en algunos mercados, Viatris (VTRS), heredera de Mylan y ampliamente asociada al producto, además de farmacéuticas como Sanofi (SNY) y Teva Pharmaceutical (TEVA), que desarrollan tratamientos y dispositivos similares para alergias y emergencias médicas.
La comida liofilizada: alimentar soldados, astronautas y excursionistas
La logística siempre ha sido uno de los mayores desafíos de cualquier ejército. Alimentar a miles de soldados lejos de casa requiere soluciones prácticas y duraderas. Durante años, los alimentos deshidratados fueron la respuesta. Pero había un problema: perdían sabor, textura y nutrientes. Los soldados los odiaban.
Entonces llegaron nuevos experimentos militares en conservación de alimentos. Científicos descubrieron que congelar la comida y eliminar lentamente su humedad conservaba mucho mejor su estructura original. Así nació la liofilización moderna. El resultado era ideal para operaciones militares: comida ligera, estable y fácil de transportar. Más adelante, la NASA adoptó la misma tecnología para misiones espaciales. Y después llegó al mercado masivo.
Entre las empresas que cotizan en bolsa y participan en el mercado de alimentos liofilizados destacan Nestlé (NESN), Unilever (ULVR) y Conagra Brands (CAG), que utilizan esta tecnología en diversas categorías de alimentos. También sobresalen compañías especializadas en nutrición y actividades al aire libre como Hormel Foods (HRL), propietaria de marcas orientadas a comidas de larga duración, y Calavo Growers (CVGW), que emplea procesos avanzados de conservación para algunos de sus productos.
El radar: ver lo invisible
En 1922, ingenieros navales estadounidenses detectaron accidentalmente que las ondas de radio podían identificar objetos en movimiento. Al principio parecía una curiosidad técnica. Después se convirtió en una revolución militar.
El radar permitió detectar barcos y aviones enemigos a distancia, incluso en condiciones climáticas adversas. Durante la Segunda Guerra Mundial, esta tecnología cambió completamente la estrategia naval y aérea. Muchas batallas decisivas fueron posibles gracias a sistemas de detección temprana.
Pero, como ocurre con muchas tecnologías militares, el radar eventualmente encontró usos civiles. Hoy está presente en pronósticos meteorológicos, control aéreo, medición de velocidad en carreteras, puertas automáticas y hasta transmisiones deportivas. Vivimos rodeados de una tecnología creada para anticipar ataques enemigos.
El microondas: un accidente nacido del radar. Después de la Segunda Guerra Mundial, un ingeniero llamado Percy Spencer trabajaba con magnetrones, componentes esenciales para sistemas de radar. Durante una prueba, notó que una barra de chocolate en su bolsillo se había derretido.
La mayoría habría ignorado el incidente. Spencer no. Comenzó a experimentar con otros alimentos y descubrió que las microondas podían cocinar comida mucho más rápido que un horno convencional. El primer horno de microondas comercial era enorme, costoso y poco práctico. Pero con el tiempo, la tecnología se miniaturizó y se volvió accesible. Hoy es difícil imaginar una cocina moderna sin uno.
Duct tape: una solución simple que terminó sirviendo para casi cualquier cosa
Durante la Segunda Guerra Mundial, una trabajadora llamada Vesta Stoudt detectó un problema aparentemente menor: las cajas de municiones eran difíciles de abrir rápidamente. Su propuesta fue usar una cinta resistente al agua y mucho más durable que los sellos tradicionales. El ejército aprobó la idea y pronto los soldados comenzaron a usar la cinta para prácticamente cualquier cosa: reparar equipo, sellar objetos e incluso improvisar curaciones.
La versatilidad se encargó del resto. Después de la guerra, la cinta llegó al mercado civil y terminó convirtiéndose en uno de los productos más útiles y universales del siglo XX.
La penicilina: la guerra que aceleró la medicina moderna
Aunque Alexander Fleming descubrió la penicilina antes de la Segunda Guerra Mundial, el verdadero reto era producirla masivamente. Ahí entró el ejército. Las infecciones mataban soldados incluso después de sobrevivir heridas de combate. Para solucionar esto el gobierno estadounidense movilizó recursos gigantescos para industrializar la producción de antibióticos.
La escala cambió todo. Por primera vez, millones de personas tuvieron acceso a tratamientos efectivos contra infecciones bacterianas. Lo que empezó como una necesidad militar terminó revolucionando la medicina moderna y aumentando la esperanza de vida global.
El GPS: una tecnología militar que reorganizó el planeta
Pocas tecnologías han transformado tanto la vida moderna como el GPS. Su origen está en plena Guerra Fría, cuando el ejército estadounidense necesitaba una forma más precisa de navegación global. Los mapas tradicionales ya no eran suficientes para un mundo en el que submarinos, aviones y misiles dependían de ubicaciones exactas.
La solución fue construir una red de satélites capaces de calcular posiciones con increíble precisión. Inicialmente, el sistema era exclusivo para uso militar, pero en los años ochenta comenzó a abrirse al uso civil. El impacto fue gigantesco. El GPS no solo cambió cómo nos movemos. Cambió industrias enteras: transporte, logística, aviación, comercio electrónico y movilidad urbana.
Entre las empresas que más se benefician del GPS destacan Alphabet (GOOGL), a través de Google Maps; Uber (UBER) y DoorDash (DASH), que dependen de la geolocalización para coordinar servicios; Garmin (GRMN), especializada en dispositivos de navegación; Tesla (TSLA), que integra GPS en sus sistemas de conducción y navegación; y Amazon (AMZN), que utiliza esta tecnología para optimizar sus operaciones logísticas y entregas de última milla.
Internet: la innovación militar que redefinió la humanidad
La más importante de todas quizá sea internet. En 1969, el Departamento de Defensa de Estados Unidos creó ARPANET, una red diseñada para conectar universidades, agencias gubernamentales y centros de investigación. La lógica era militar: construir un sistema descentralizado que siguiera funcionando incluso si parte de la infraestructura era destruida durante un ataque. Era una solución pensada para la Guerra Fría.
Décadas después, aquella red experimental evolucionó hasta convertirse en internet. Más tarde, Tim Berners-Lee desarrolló la World Wide Web, haciendo posible navegar documentos y páginas como lo hacemos hoy. Internet redefinió la comunicación, la educación, el trabajo, el entretenimiento, el comercio y las relaciones humanas. Pocas innovaciones han alterado tanto el comportamiento de la civilización moderna. Si mencionáramos las empresas que se han beneficiado del Internet, nombraríamos prácticamente a todas las que existen.
La paradoja incómoda de la innovación
La guerra deja pérdidas imposibles de justificar. Destruye vidas, ciudades y generaciones enteras. Pero también revela algo profundo sobre la innovación humana: cuando la supervivencia está en juego, el progreso se acelera.
La presión elimina burocracias. La urgencia acelera decisiones. Los recursos fluyen sin límites. Y problemas aparentemente imposibles encuentran soluciones en tiempo récord. Eso no significa que debamos de romantizar los conflictos. Significa que, a pesar de todo, aunque sin dejar de reconocerlo, existe una realidad histórica: muchas de las herramientas que hoy definen nuestra vida nacieron intentando resolver problemas extremos.
Quizá la mayor ironía de la humanidad es esa. Incluso, si no es que aún más, en sus momentos más oscuros, sigue encontrando maneras de inventar el futuro.