14 de junio
Actualizado: hoy a las 2:00 pm
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The Story
Los lentes nunca fueron solo lentes
Los lentes tienen una larguísima historia. Para corregir la vista, se tienen registros de uso desde la Antigua Grecia y Roma, cristales pulidos en dos aros que permitían que la luz entre correctamente al ojo. Después vino la revolución científica y las matemáticas y, con eso, la nueva era de los lentes: la que no solo permite ver mejor, sino también verse mejor mientras cuidamos a las retinas de los rayos UV. De ahí, se mezcló la salud, el diseño y la moda para dar vida a un accesorio como ningún otro.
Hoy usamos lentes para leer, trabajar, manejar, hacer deporte o protegernos del sol. Están en nuestra cara (casi) todos los días. Forman parte de cómo vemos el mundo, pero también de cómo el mundo nos ve a nosotros. Y detrás de esa industria milenaria existe una empresa que entendió algo antes que nadie: los lentes no eran solo un producto, eran un sistema completo que se podía controlar.
Hoy, en The Story de GBM, exploramos cómo Luxottica pasó de ser un fabricante más dentro de una industria dispersa a convertirse en el actor que domina gran parte del mercado global de lentes. Más allá de sus marcas y su escala, lo verdaderamente interesante es cómo logró integrar diseño, manufactura, distribución y retail para redefinir la manera en la que consumimos este producto.
Una industria que no siempre se vio así
Por mucho tiempo, los lentes no tenían nada de especial. No eran moda, no eran identidad, no eran una forma de expresarte, eran algo que necesitabas para ver mejor. La industria creció bajo esa lógica fragmentada, con fabricantes, marcas, distribuidores y tiendas operando de forma independiente. Cada uno hacía su parte y capturaba su margen, pero nadie tenía control sobre todo el proceso.
Ese modelo funcionaba porque nadie cuestionaba la estructura. Sin embargo, también tenía una limitación: cuando nadie controla todo, nadie captura todo el valor. Nadie define la experiencia completa del consumidor. Y en industrias donde el producto es tan cercano al usuario, algo que usas todos los días, que forma parte de tu cara, eso importa más de lo que parece.
Leonardo Del Vecchio no empezó con una gran visión de marca ni con una idea sofisticada de negocio, empezó trabajando. Creció en un orfanato en Italia y a los 14 años ya estaba en una fábrica de metal, haciendo trabajos técnicos en los que la precisión era indispensable. Fue ahí donde tuvo su primer contacto con los lentes, no como producto terminado, sino como una pequeña pieza dentro de un sistema mucho más grande. Esa experiencia le dio a entender algo: ser proveedor significa no decidir. No decides el producto, no decides el precio, no decides al cliente. Dependiendo de dónde estés en la cadena, también depende cuánto valor capturas. Y Del Vecchio no quería depender.
Luxottica surgió en 1961 justo de esa incomodidad. Como una empresa que vende lentes, sí, pero también que busca controlar más partes del proceso, tanto para capitalizarlas como para cuidar los estándares. Empezó únicamente en la fabricación de componentes y moldes para la industria óptica. Para 1971, ya tenía una producción propia con una colección de lentes de sol y, en esa misma década, se dedicó a la integración vertical, que consistía en sumar diversas empresas de diseño, producción, distribución y venta, con el fin de reducir a los intermediarios y a construir algo que, en ese momento, nadie más estaba intentando.
Del producto al sistema
El cambio no fue inmediato, pero sí consistente. Primero dejó de hacer componentes y empezó a fabricar lentes completos, después invirtió en diseño. Pero el punto de inflexión llegó cuando Luxottica entendió que los lentes no tenían que ser solo funcionales, podían ser aspiracionales. El acuerdo con Armani en los años 80 cambió por completo la industria, los lentes dejaron únicamente de ser utilitarios y se convirtieron en una extensión de identidad. A partir de ahí, el valor ya no estaba solo en ver mejor, sino en cómo te veías.
Sin embargo, el verdadero movimiento estratégico no estuvo en las marcas, sino en el control del canal. Luxottica comenzó a integrar distribución y, después, retail. La adquisición de cadenas como Sunglass Hut y LensCrafters le permitió controlar no solo qué se producía, sino también qué se mostraba y cómo se vendía. Así, dejaron de competir solo en un eslabón de toda la cadena y empezaron abarcar (y, sobre todo, diseñar) el sistema entero.
EssilorLuxottica genera más de €26,491 millones de euros en ingresos anuales, con crecimiento de doble dígito y márgenes operativos cercanos al 16%. Este nivel de rentabilidad es resultado de su integración vertical, que le permite capturar valor en cada etapa del proceso.
La ilusión de elección
Desde la perspectiva del consumidor, la experiencia no parece distinta: entras a una tienda, te pruebas lentes, te miras en el espejo y comparas opciones. Pero esa aparente variedad es, en muchos casos, una construcción estratégica. Las marcas que ves responden a diferentes segmentos, estilos y propósitos, pero muchas operan dentro del mismo grupo.
Esto transforma la naturaleza de la decisión, el consumidor piensa que está eligiendo entre marcas distintas, pero la realidad es que todo viene de una misma fábrica y, quizás, de un mismo diseñador. Las grandes ópticas consolidaron un portafolio que les permitía cubrir todas las preferencias: desde los lentes de lujo hasta los que usan los ciclistas de montaña. Cada marca cumple una función específica y permite capturar distintos niveles de disposición a pagar sin perder participación. El resultado es un sistema en el que la variedad sigue existiendo, pero dentro de límites definidos.
EssilorLuxottica es aproximadamente tres veces más grande que su competidor más cercano, lo que le permite dominar múltiples segmentos al mismo tiempo y reducir la presión competitiva directa.
El verdadero negocio detrás de los lentes
Los lentes se volvieron una pieza identitaria y, aún así, son un producto extraño en cuanto a su consumo, pues no se compran seguido, pero sí se usan diario. Esto ha impactado en el modelo de negocio, principalmente porque el precio no es el único factor al considerar al momento de la compra, sino la percepción. Se pueden comparar, quizás, a cualquier otro accesorio de lujo.
Hoy, EssilorLuxottica es una empresa que combina salud visual con moda. Por un lado, responde a una necesidad, por el otro, construye valor a través de marca y diseño. Este equilibrio le permite operar con una estabilidad poco común en empresas de consumo y, al mismo tiempo, sostener márgenes elevados.
La combinación entre el negocio de visión y el de consumo crea un modelo híbrido que genera ingresos más estables y permite mantener pricing power incluso en ciclos económicos complejos.
Controlar el presente, ver el futuro
La lógica de integración no se detiene en el presente. En los últimos años, EssilorLuxottica ha vendido más de 7 millones de lentes inteligentes en alianza con Meta. Estos productos incorporan tecnología en un objeto cotidiano, transformando un accesorio en una plataforma.
Esta transición refleja una extensión natural del modelo. Si la empresa ya controla el producto, la marca, la distribución y el punto de venta, el siguiente paso es controlar la interfaz. Es decir, no solo cómo ves, sino cómo interactúas con el mundo.
La entrada a smart glasses posiciona a EssilorLuxottica como una plataforma tecnológica, aumentando el switching cost del usuario y abriendo nuevas fuentes de monetización.
La próxima vez que estés frente al espejo, probándote unos lentes y pensando en cuál “se te ve mejor”, quizá la pregunta no sea cuál te gusta más, sino si realmente estás eligiendo.