6 de junio

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The Story

La historia del Mundial de fútbol

Hoy, en The Story, no solo vamos a hablar de futbol… vamos a hablar del juego que hay más allá de la cancha. 

06 JUN 26

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Antes de que rodara el balón en Copa del Mundo de 1966, el torneo ya estaba al borde del desastre. La icónica Copa Jules Rimet fue robada en Londres… y no la encontró la policía, ni los detectives, ni un operativo internacional. La encontró un perro llamado Pickles. Sí, Pickles salvó no solo el trofeo, sino millones en pérdidas potenciales (pues solo había un trofeo original) y una crisis de reputación global para la FIFA. Tristemente, un Mundial después, cuando Brasil recibió la pieza original de forma permanente tras ganar su tercer Mundial en 1970, esta fue robada en Río de Janeiro en 1983 y nunca se recuperó, se cree que fue fundida.

El Mundial no solo ha sido un espectáculo deportivo, es una máquina de historias improbables, de dinero y de oportunidades que pocos ven… pero algunos capitalizan. Lo que empezó en 1930 con apenas 13 equipos, hoy es el evento más grande del planeta, capaz de mover economías enteras, disparar industrias y generar oportunidades de inversión. Hoy, en The Story, no solo vamos a hablar de futbol… vamos a hablar del juego que hay más allá de la cancha. 

La evolución del formato de la Copa del Mundo

En sus inicios, la Copa del Mundo fue un torneo reducido y variable. En Uruguay 1930 participaron solo 13 equipos y, hasta 1950, la cifra nunca superó los 16. Los formatos eran experimentales, por ejemplo, en 1950 el campeón se definió mediante una liguilla final en lugar de una final única, en ese Mundial fue el famosísimo maracanazo. A partir de 1954, la competencia se estabilizó en 16 selecciones, y ahí se establecieron los clásicos cuatro grupos de cuatro. Sin embargo, durante los años 70, se implementaron segundas fases de grupos para determinar a los finalistas, esto buscaba aumentar la cantidad de partidos entre las potencias del momento.

España 1982 se expandió y llevó el cupo a 24 equipos, lo que permitió una mayor apertura hacia países de África y Asia. Este formato introdujo la compleja clasificación de los “mejores terceros” para completar la fase de octavos de final, un sistema que se mantuvo vigente hasta la edición de 1994. Desde Francia 1998 hasta Qatar 2022, el Mundial vivió su etapa de mayor equilibrio con 32 selecciones. Este modelo de ocho grupos de cuatro equipos permitió una simetría perfecta en las llaves de eliminación, convirtiéndose en el estándar de oro.

Finalmente, el Mundial de 2026 marcará el salto a 48 equipos. Con 12 grupos de cuatro y la inclusión de una ronda de dieciseisavos de final, con esto, el torneo tendrá 104 partidos. Esta transformación prioriza la inclusión, convirtiendo la cita Mundialista en un evento masivo sin precedentes en la historia del deporte.

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Entre más países puedan participar en el Mundial, más empresas se benefician de los flujos que genera el Mundial, marcas de ropa, medios de comunicación, marcas de televisiones y hasta empresas de consumo en restaurantes y bares.

La evolución del Mundial

La historia de los ganadores del Mundial es un relato de solo pueden conjugar en primera persona unos pocos. Desde el primer título de Uruguay en 1930, el trofeo ha sido propiedad exclusiva de ocho naciones de Europa y Sudamérica. Brasil lidera la lista con cinco copas, seguido de cerca por la disciplina de Alemania e Italia con cuatro cada uno. Argentina, tras su coronación en Qatar 2022, se consolidó en el cuarto escalón con tres estrellas, dejando atrás a Francia y Uruguay (dos), y a Inglaterra y España (una). 

Esta hegemonía deportiva ha ido de la mano con un gran crecimiento financiero. Mientras que en los primeros torneos la FIFA apenas cubría gastos y los jugadores viajaban en barco, hoy el Mundial es una potencia económica.

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La inversión de Qatar 2022 (alrededor de $220 mil millones de dólares) fue tan inmensa que con ese dinero se podrían haber pagado los costes de organización de todos los mundiales anteriores combinados, desde 1930 hasta 2018, y aún sobraría presupuesto para financiar varios eventos de élite más.

El Mundial 2026, por su parte, promete romper todos los moldes previos con ingresos proyectados de casi 11 mil millones de dólares. Lo que comenzó como un modesto torneo de 13 invitados en el Río de la Plata se ha transformado en la mayor maquinaria de generación de capital del deporte. Esto demuestra que el futbol no solo mueve pasiones, sino que es capaz de mover el PIB de regiones enteras durante un mes de competencia. El ingreso esperado para este Mundial supone un crecimiento del 56% respecto a Qatar 2022, consolidando una tendencia al alza que ya se había manifestado en ediciones anteriores, pero que ahora alcanza niveles de facturación similares a los de las mayores industrias del entretenimiento global.

El motor de este crecimiento radica en la venta de derechos de transmisión, que alcanzarán los $4.2 mil millones de dólares, sumados a patrocinios que superarán los $2.8 mil millones. El aumento en la cantidad de partidos, que pasa de 64 a 104, multiplica las ventanas de exposición publicitaria y genera una oferta de contenido masiva que atrae a los mercados más lucrativos del planeta.

La elección de Estados Unidos, México y Canadá como sedes es estratégica, pues otorga acceso directo a la infraestructura comercial norteamericana. Este entorno garantiza un flujo masivo de ingresos por boletería y hospitalidad, además de potenciar el turismo y el empleo en las ciudades anfitrionas debido a la escala monumental del evento. En última instancia, la expansión a 48 selecciones podría considerarse una maniobra económica para maximizar la monetización. Al combinar una mayor audiencia global con la potencia del mercado publicitario estadounidense, la FIFA transforma el torneo en una maquinaria de ingresos diseñada para romper todos los récords históricos de la organización.

 

El negocio de las estampas

El ascenso de Panini comenzó en 1961 en Módena, pero el verdadero cambio de paradigma ocurrió en 1970, al obtener los derechos exclusivos de la FIFA para el Mundial de México 70. Con esta alianza y la obtención de la licencia, Panini estandarizó el formato de las estampas y el álbum a nivel internacional, asegurándose de que la experiencia de coleccionar fuera idéntica en Roma, Ciudad de México o Río de Janeiro, cimentando la primera piedra de su maquinaria de exportación.

La clave del crecimiento exponencial fue la innovación técnica liderada por Umberto Panini, quien diseñó la máquina “Fifimatic”. Antes de esto, el llenado de sobres era manual y propenso a errores; la Fifimatic automatizó el proceso, permitiendo mezclar estampas de forma aleatoria y empaquetarlas a una velocidad industrial. Esta capacidad de producción masiva fue vital para satisfacer la demanda global que generaba la televisión a color en los años 70 y 80. 

Financieramente, el Mundial funciona para Panini como un “año de cosecha” que subsidia el resto de sus operaciones. El modelo de negocio se basa en la psicología del coleccionismo y la escasez controlada: la necesidad de completar el álbum impulsa ventas recurrentes que no dependen de la utilidad del producto, sino del impulso emocional del fanático. Cada cuatro años, la empresa experimenta picos de ingresos que alcanzan cientos de millones de euros, apalancándose en la nostalgia de los adultos y la novedad para los niños, lo que garantiza una renovación generacional constante de su base de clientes.

En la era moderna, Panini ha perfeccionado esta máquina de crecimiento integrando la escasez digital y el mercado secundario. Aunque el papel sigue siendo el rey, la empresa ha utilizado los últimos mundiales para expandir su presencia en mercados emergentes y consolidar ediciones especiales de lujo (como la serie Prizm) que elevan el valor de marca. El álbum del Mundial es un juego y, a la vez, una herramienta de marketing global que permite a Panini mantener contratos de exclusividad con ligas como la Premier League o la NBA, asegurando su relevancia mucho más allá del torneo de la FIFA.

 

El Mundial: un ecosistema comercial

La Copa del Mundo ha dejado de ser un torneo de futbol para convertirse en una plataforma ventas robusta. Lo que comenzó con una travesía en barco y un trofeo escondido en un jardín, hoy es una maquinaria financiera que inyecta miles de millones de dólares a industrias que van desde el sector tecnológico y de medios, hasta el consumo masivo y el coleccionismo.

La verdadera lección detrás de la cancha es que el Mundial ofrece una ventana única para entender el crecimiento exponencial y la diversificación. Ya sea a través del fenómeno logístico de Panini o del impacto en el PIB de las naciones sede, el torneo nos enseña que las oportunidades de inversión están presentes allí donde la pasión se encuentra con la escala global. Al final del día, mientras los jugadores persiguen la gloria, los mercados persiguen la innovación y el flujo de capital, recordándonos que, en el juego del dinero, la clave del éxito está en saber anticipar el siguiente movimiento del balón.

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