4 de noviembre

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Japón: 34 años para recuperar tu inversión

Hoy en The Story exploramos cómo Japón pasó del auge financiero a una burbuja cuyo colapso marcó a toda una generación, por qué el Nikkei tardó 34 años en recuperar su máximo y qué nos enseña esa espera sobre el riesgo de invertir.

31 OCT 26

6 MIN DE LECTURA

Imagina invertir en uno de los mercados más exitosos del mundo. Las empresas están creciendo, los precios de las propiedades no dejan de subir y la bolsa rompe récord tras récord. Todo parece indicar que estás invirtiendo en la próxima gran potencia económica mundial. 

Entonces compras. Y el mercado colapsa. No recupera su máximo al año siguiente. Ni cinco años después. Ni diez. Tienes que esperar 34 años. 

Eso fue lo que ocurrió con el Nikkei 225 después de alcanzar su máximo histórico en 1989. Japón pasó de protagonizar uno de los mayores booms financieros del siglo XX a décadas de bajo crecimiento, deflación y mercados deprimidos. Para entender cómo una inversión pudo tardar más de tres décadas en volver al mismo nivel, primero hay que entender cómo Japón creó una de las mayores burbujas financieras de la historia.

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Cuando todo subía 

Durante los años 80, Japón parecía imparable. Toyota y Honda conquistaban el mercado automotriz. Sony y Panasonic llevaban la electrónica japonesa alrededor del mundo. Los bancos japoneses estaban entre los más grandes del mundo y el país se había convertido en una potencia industrial y financiera. 

Ese éxito comenzó a reflejarse en el precio de prácticamente todo. Subían las acciones. Subían las propiedades. Y mientras más subían, más fácil parecía ganar dinero. Los bancos prestaban utilizando propiedades como garantía. Como los terrenos aumentaban de valor, sus propietarios podían conseguir más crédito. Ese dinero podía utilizarse para comprar nuevos activos, cuyos precios también seguían aumentando. 

Se creó un círculo aparentemente perfecto: 

Subían las propiedades → aumentaba el crédito → se compraban más activos → volvían a subir los precios. 

El problema era sencillo. Ese círculo solo funcionaba mientras los precios siguieran subiendo. 

El 29 de diciembre de 1989, el Nikkei 225 cerró en aproximadamente 38,915 puntos. Era el máximo histórico. Y sería también el número que perseguiría al mercado japonés durante las siguientes tres décadas. 

El Banco de Japón había comenzado a subir las tasas de interés para intentar frenar el exceso de crédito y la especulación. Entonces la dinámica comenzó a invertirse. Las acciones cayeron, las propiedades cayeron, pero las deudas permanecieron. 

 

Cuando la deuda vale más que tu propiedad 

Imagina comprar una propiedad por ¥100 millones utilizando deuda. Después explota la burbuja y esa propiedad ahora vale ¥60 millones. Tu patrimonio acaba de desplomarse. Pero hay un problema todavía mayor: el banco no reduce tu deuda solo porque tu casa ahora vale menos. Esta misma lógica afectó a empresas, inversionistas y bancos en todo Japón.  

Durante el boom, las propiedades habían servido como garantía para enormes cantidades de crédito. Cuando sus precios comenzaron a caer, muchos préstamos quedaron respaldados por activos que ya no valían lo suficiente. Los bancos acumularon préstamos problemáticos. Las empresas comenzaron a reducir inversiones para pagar sus deudas y el mismo mecanismo que había acelerado el boom comenzó a profundizar la caída. Japón estaba descubriendo que una burbuja puede explotar rápidamente. Reparar el daño puede tomar décadas. 

 

Las décadas perdidas 

Después del colapso, las empresas japonesas cambiaron de comportamiento. En lugar de endeudarse para crecer, muchas comenzaron a pagar deuda y acumular efectivo. La inversión perdió fuerza y el crecimiento económico se desaceleró. 

Y Japón terminó enfrentándose a otro problema: la deflación. Cuando los precios prácticamente no suben —o incluso bajan— las empresas tienen menos margen para aumentar ingresos y salarios, mientras consumidores y empresas pueden volverse más cautelosos al gastar. 

Japón intentó reactivar la economía con tasas de interés cada vez más bajas y, eventualmente, políticas monetarias extraordinarias. Pero el boom de los años 80 no regresó. 

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Una caída de 50% requiere una subida de 100% simplemente para regresar al punto inicial. Japón muestra otra dimensión del riesgo que muchas veces olvidamos: no importa solamente cuánto puede caer una inversión. También importa cuánto tiempo puede tardar en recuperarse.

34 años después 

En febrero de 2024 finalmente ocurrió: el Nikkei superó el máximo establecido en 1989. Habían pasado aproximadamente 34 años. Alguien que hubiera tenido 30 años cuando el mercado alcanzó aquel récord tendría alrededor de 64 cuando el índice finalmente lo superó. 

Hay una precisión importante: esto compara el nivel nominal del Nikkei 225, sin incorporar dividendos, inflación o tipo de cambio. Por lo tanto, no significa que todos los inversionistas japoneses necesitaran exactamente 34 años para recuperar su dinero. 

Pero como símbolo de la magnitud de aquella burbuja, pocos números son tan poderosos. Y todavía queda una última ironía. 

 

De una burbuja inmobiliaria a millones de casas vacías 

En los años 80, el terreno era uno de los activos más deseados de Japón. Décadas después, el país enfrenta un problema completamente diferente: hoy tiene demasiadas viviendas y cada vez menos personas para ocuparlas en algunas regiones. 

En 2023 había alrededor de 9 millones de viviendas vacías en Japón, equivalentes al 13.8% del total. Son las llamadas akiya. El envejecimiento de la población, la caída demográfica y la migración hacia las grandes ciudades han dejado propiedades abandonadas en distintas partes del país. 

Esto no significa que todo el mercado inmobiliario japonés sea barato o esté en crisis. Tokio y otras zonas urbanas tienen dinámicas muy diferentes. Pero crea una paradoja extraordinaria. El país que alguna vez vivió una burbuja alimentada por la idea de que el terreno siempre sería más valioso, hoy tiene millones de viviendas sin habitantes. 

 

El precio del tiempo 

La burbuja japonesa explotó hace más de tres décadas, pero sus consecuencias transformaron una generación completa. Japón pasó de ser el mercado que parecía destinado a dominar el mundo a convertirse en el ejemplo clásico de lo que puede ocurrir cuando crédito, expectativas y precios de activos crecen mucho más rápido que la economía que los sostiene. 

El Nikkei finalmente recuperó su récord. Pero necesitó 34 años. Y con esto nos enseña que en los mercados existe un riesgo que no siempre aparece en una gráfica de rendimiento: puedes recuperar tu dinero. La pregunta es cuánto de tu vida tendrás que esperar para hacerlo.

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